Es muy conocido que a mayor edad, más chance de tener problemas de obstrucción de las arterias, que se puede manifestar a nivel coronario – angina de pecho, infarto o muerte súbita -, a nivel cerebral – ataque cerebral -, en las piernas – dolor en las pantorrillas al caminar – o a nivel peneano – con impotencia sexual-. De hecho, la enfermedad aterosclerótica es la que más daño causa en la salud poblacional a nivel mundial y Argentina no es la excepción.
Un enfoque muy utilizado es el de predecir el riesgo en base a tablas de factores de riesgo coronario y -según el resultado- decidir las estrategias de prevención más convenientes. El problema que se plantea actualmente, es que muchas de las personas catalogadas de bajo riesgo tienen problemas circulatorios ulteriormente. De allí que surjan esfuerzos para detectar personalizadamente el riesgo vascular.
El uso de técnicas no invasivas es una posibilidad simple, económica y sin efectos indeseables ni radiación. Hay tres estudios sencillos que ayudan a determinar la edad de las arterias:
1. Estudio del grosor de la arteria carótida y detección de placas: aplicando el transductor de un ecógrafo sobre el cuello, en 15 minutos, puede establecerse el espesor de las capas internas de la carótida común (espesor íntima-media). El engrosamiento de dicha capa es un marcador definitivo y precoz de enfermedad arterial. En base a tablas existentes se puede establecer la normalidad o anormalidad de dicho espesor. Por ello, si una persona de 55 años tiene el espesor correspondiente a 65 años, podemos saber que algo “no anda bien” en el paciente y que su riesgo vascular está aumentado.
Cuando hay acúmulos localizados (principalmente de colesterol) en las capas internas de la carótida, se habla de una “placa”, que se correlaciona con aumento del riesgo coronario y con más edad arterial. Hay técnicas, a su vez, que permiten establecer el contenido de grasa superficial de dichas placas, permitiendo saber cuáles con más friables o peligrosas para desprender partículas al cerebro.
2. La capacidad de dilatación de las arterias, medida por el ecógrafo, es otra técnica novedosa, no invasiva, que permite determinar cuánto se dilatan las arterias luego de ocluir -3 minutos- la circulación en el brazo, con un manguito común de un tensiómetro. Ello permite detectar la llamada “disfunción endotelial “, que es –sencillamente- el mal funcionamiento de la superficie interna de las arterias. Éste suele asociarse al hábito de fumar, al colesterol, a la hipertensión, a la diabetes, a la obesidad o a una alimentación inconveniente.
3. La velocidad de onda de pulso es un marcador muy preciso de la “dureza” de las paredes arteriales. Mediante la suave aplicación de dos campanas de registro en la ingle y en el cuello, se verifica la velocidad a la que transcurre la onda de presión por la pared de la aorta, principal arteria del cuerpo (tiene entre 2 y 3 cm de diámetro). En un joven de 20 años la misma es de sólo 5 metros por segundo, llegando a 12 o más metros por segundo a los 80 años. Y es mayor en fumadores, hipertensos, diabéticos o personas con colesterol. También midiendo este parámetro obtenemos una noción cierta y no invasiva del grado de rigidez de las arterias. A más velocidad, más rigidez y mayor riesgo vascular.
En base a lo antedicho puede decirse que hay estrategias modernas y personalizadas para determinar la “edad arterial” de cualquier ser humano. El número de documento puede mentir: hay personas con pocos años de edad y arterias muy enfermas y viceversa.
Hace más de 100 años decía Sydenhan: “Todo hombre tiene la edad de sus arterias”. Creo que es hora de aplicarlo cotidianamente en las estrategias de prevención cardiovascular.
Dr. Diego Nannini
Cardiólogo - Mat. 10236
Magíster en Mecánica Vascular e Hipertensión Arterial
Un enfoque muy utilizado es el de predecir el riesgo en base a tablas de factores de riesgo coronario y -según el resultado- decidir las estrategias de prevención más convenientes. El problema que se plantea actualmente, es que muchas de las personas catalogadas de bajo riesgo tienen problemas circulatorios ulteriormente. De allí que surjan esfuerzos para detectar personalizadamente el riesgo vascular.
El uso de técnicas no invasivas es una posibilidad simple, económica y sin efectos indeseables ni radiación. Hay tres estudios sencillos que ayudan a determinar la edad de las arterias:
1. Estudio del grosor de la arteria carótida y detección de placas: aplicando el transductor de un ecógrafo sobre el cuello, en 15 minutos, puede establecerse el espesor de las capas internas de la carótida común (espesor íntima-media). El engrosamiento de dicha capa es un marcador definitivo y precoz de enfermedad arterial. En base a tablas existentes se puede establecer la normalidad o anormalidad de dicho espesor. Por ello, si una persona de 55 años tiene el espesor correspondiente a 65 años, podemos saber que algo “no anda bien” en el paciente y que su riesgo vascular está aumentado.
Cuando hay acúmulos localizados (principalmente de colesterol) en las capas internas de la carótida, se habla de una “placa”, que se correlaciona con aumento del riesgo coronario y con más edad arterial. Hay técnicas, a su vez, que permiten establecer el contenido de grasa superficial de dichas placas, permitiendo saber cuáles con más friables o peligrosas para desprender partículas al cerebro.
2. La capacidad de dilatación de las arterias, medida por el ecógrafo, es otra técnica novedosa, no invasiva, que permite determinar cuánto se dilatan las arterias luego de ocluir -3 minutos- la circulación en el brazo, con un manguito común de un tensiómetro. Ello permite detectar la llamada “disfunción endotelial “, que es –sencillamente- el mal funcionamiento de la superficie interna de las arterias. Éste suele asociarse al hábito de fumar, al colesterol, a la hipertensión, a la diabetes, a la obesidad o a una alimentación inconveniente.
3. La velocidad de onda de pulso es un marcador muy preciso de la “dureza” de las paredes arteriales. Mediante la suave aplicación de dos campanas de registro en la ingle y en el cuello, se verifica la velocidad a la que transcurre la onda de presión por la pared de la aorta, principal arteria del cuerpo (tiene entre 2 y 3 cm de diámetro). En un joven de 20 años la misma es de sólo 5 metros por segundo, llegando a 12 o más metros por segundo a los 80 años. Y es mayor en fumadores, hipertensos, diabéticos o personas con colesterol. También midiendo este parámetro obtenemos una noción cierta y no invasiva del grado de rigidez de las arterias. A más velocidad, más rigidez y mayor riesgo vascular.
En base a lo antedicho puede decirse que hay estrategias modernas y personalizadas para determinar la “edad arterial” de cualquier ser humano. El número de documento puede mentir: hay personas con pocos años de edad y arterias muy enfermas y viceversa.
Hace más de 100 años decía Sydenhan: “Todo hombre tiene la edad de sus arterias”. Creo que es hora de aplicarlo cotidianamente en las estrategias de prevención cardiovascular.
Dr. Diego Nannini
Cardiólogo - Mat. 10236
Magíster en Mecánica Vascular e Hipertensión Arterial


