Aunque a la primera impresión Espiria parece sólo un bar raro pero con onda, es eso y mucho más. Una vez que se recorren sus pisos se descubre cierta magia escondida en una antigua casona señorial de Montevideo 2124. El lugar se concentra biblioteca de clásicos y no tan clásicos; galería de arte; mercado de diseño y una escuela para los sentidos. Este viernes abre oficialmente sus puertas.

Daniel Brasesco, Alejandro Curmona, Mario Federico Galuppo y Maximiliano Landrein son los cuatro rosarinos que apostaron juntos a lograr un mismo objetivo: "Mostrar que el camino del autoconocimiento puede ser también una experiencia de placer; es decir, demostrar que lo espiritual no es para nada aburrido”.

Consultado por Rosario3.com, Brasesco explicó que la propuesta de Montevideo al 2100 “se mueve en tres ejes”: "es un espacio alternativo para el encuentro con amigos, una herramienta para reconectarse con uno mismo y una plataforma para artistas emergentes”.

¿Cómo lo consiguen? “Con buena comida en la mesa y con una variada oferta de talleres que va desde origami hasta teatro, pasando por constelaciones familiares”, contestó el joven de 28 años. Meditación, tai chi chuan, mandala, literatura, poesía, pintura y fotografía son otras de las tantas propuestas que se pueden tomar en cualquiera de los tres pisos superiores de la casona, reconvertidos en una "escuela para el espíritu".

“Queremos prestar una alternativa para que los nuevos artistas puedan darse a conocer por fuera del circuito de los museos”, señaló y apuntó que todo en este centro cultural/espiritual está a la venta: desde las teteras hasta las sillas. “La idea es que quienes vienen acá puedan enamorarse del mueble de algún diseñador a partir de su uso, y en última instancia llevarse algo de Espiria a su casa”, señaló.

En cuanto al nombre, Brasesco explicó que los cuatro impulsores del proyecto lo querían resumir en una única palabra y por eso entre todos inventaron: Espiria. Vocablo que no existe pero ellos le pusieron historia a ese nombre eledigo. "La leyenda de una república que existió en una época remota donde la gente vivía en comunión a pesar de sus diferencias de raza o creencia”, concuyó.

“En Rosario estaba faltando un lugar así”, concluyó.