El psiquiatra Eduardo Rodríguez Echandia, uno de los mayores especialistas en el tema del país, afirma que todas las personas son, en mayor o en menor medida, vulnerables al estrés y que el organismo necesita someterse a él en ocasiones para su mejor funcionamiento.
El estrés es una reacción del organismo “para adaptarse ante estímulos que son nocivos o de mucha intensidad. Por ejemplo, un sonido no es nocivo, pero si pasa de cierta intensidad produce estrés y se lo llama estrés sonoro. Estamos sometidos en forma permanente a diversos tipos de estrés”, destacó este investigador con más de 40 años de carrera en la medicina.
Rodríguez Echandia, que continúa investigando el tema desde su cátedra de la UNCuyo, advierte que “acelera la frecuencia cardiaca, produce cambios en la presión arterial y también cambios hormonales. Pero lo importante es que todos esos cambios producidos por el estrés pueden ser beneficiosos. Se dice que un cierto grado de estrés es bueno para la salud. La falta absoluta de estrés, en cambio, no es beneficiosa”.
“Hace falta que el organismo responda a los estímulos con los cambios correspondientes. Por eso, los estímulos de baja intensidad, es decir, que no son fóbicos, favorecen una buena salud, un buen funcionamiento del organismo y mantienen en buenas condiciones el funcionamiento del cerebro”, explica el experto.
En los seres humanos la respuesta al estrés es más individual. Hay personas que son muy susceptibles al estrés y otras que no. Y la mayoría está en un nivel intermedio. “Entonces, a grosso modo, podemos dividir en tres categorías las respuestas al estrés: muy sensibles, una respuesta normal, y una respuesta mínima o nula en los que son más resistentes”, señala el profesor de la UNCuyo.
Todos somos susceptibles al estrés y tenemos cierto nivel de estrés. “Un bebé, si tiene hambre, está estresado. Cuando llora, le dan todo lo que quiere, pero el llanto es un estrés físico, tiene que respirar de otra manera, le sale mucha saliva, lágrimas, son respuestas a un estrés físico o emocional”, afirma.
Al referirse a la vinculación entre estrés y depresión, “el individuo estresado no está deprimido. Pero mantenerse estresado un largo tiempo con frecuencia conduce a la depresión. Y la depresión pasa a ser un nuevo estrés; es un círculo”. Pero sólo cuando se trata de reacciones depresivas ligadas a situaciones estresantes muy significativas para la personalidad; no hablamos de las depresiones endógenas, que son genéticas.
El doctor Rodríguez Echandia puntualizó que también hay un estrés que “puede confundirse con la depresión, por ejemplo, si alguien corre 42 kilómetros, en realidad lo que tiene es cansancio físico, agotamiento. Se le han terminado muchos de los neurotransmisores, los ha gastado en la carrera, y los tiene que recuperar durmiendo 24 horas seguidas. Pero si un individuo sufre una pérdida grande, espiritual o psicológica, si se queda viudo bruscamente, o se muere un hijo, eso puede llevar a una situación depresiva de larga duración. El cerebro vivió todo eso como un estrés, no sabe qué es lo que uno quiere o siente, sólo larga señales”.
Fuente: Universidad Nacional de Cuyo
El estrés es una reacción del organismo “para adaptarse ante estímulos que son nocivos o de mucha intensidad. Por ejemplo, un sonido no es nocivo, pero si pasa de cierta intensidad produce estrés y se lo llama estrés sonoro. Estamos sometidos en forma permanente a diversos tipos de estrés”, destacó este investigador con más de 40 años de carrera en la medicina.
Rodríguez Echandia, que continúa investigando el tema desde su cátedra de la UNCuyo, advierte que “acelera la frecuencia cardiaca, produce cambios en la presión arterial y también cambios hormonales. Pero lo importante es que todos esos cambios producidos por el estrés pueden ser beneficiosos. Se dice que un cierto grado de estrés es bueno para la salud. La falta absoluta de estrés, en cambio, no es beneficiosa”.
“Hace falta que el organismo responda a los estímulos con los cambios correspondientes. Por eso, los estímulos de baja intensidad, es decir, que no son fóbicos, favorecen una buena salud, un buen funcionamiento del organismo y mantienen en buenas condiciones el funcionamiento del cerebro”, explica el experto.
En los seres humanos la respuesta al estrés es más individual. Hay personas que son muy susceptibles al estrés y otras que no. Y la mayoría está en un nivel intermedio. “Entonces, a grosso modo, podemos dividir en tres categorías las respuestas al estrés: muy sensibles, una respuesta normal, y una respuesta mínima o nula en los que son más resistentes”, señala el profesor de la UNCuyo.
Todos somos susceptibles al estrés y tenemos cierto nivel de estrés. “Un bebé, si tiene hambre, está estresado. Cuando llora, le dan todo lo que quiere, pero el llanto es un estrés físico, tiene que respirar de otra manera, le sale mucha saliva, lágrimas, son respuestas a un estrés físico o emocional”, afirma.
Al referirse a la vinculación entre estrés y depresión, “el individuo estresado no está deprimido. Pero mantenerse estresado un largo tiempo con frecuencia conduce a la depresión. Y la depresión pasa a ser un nuevo estrés; es un círculo”. Pero sólo cuando se trata de reacciones depresivas ligadas a situaciones estresantes muy significativas para la personalidad; no hablamos de las depresiones endógenas, que son genéticas.
El doctor Rodríguez Echandia puntualizó que también hay un estrés que “puede confundirse con la depresión, por ejemplo, si alguien corre 42 kilómetros, en realidad lo que tiene es cansancio físico, agotamiento. Se le han terminado muchos de los neurotransmisores, los ha gastado en la carrera, y los tiene que recuperar durmiendo 24 horas seguidas. Pero si un individuo sufre una pérdida grande, espiritual o psicológica, si se queda viudo bruscamente, o se muere un hijo, eso puede llevar a una situación depresiva de larga duración. El cerebro vivió todo eso como un estrés, no sabe qué es lo que uno quiere o siente, sólo larga señales”.
Fuente: Universidad Nacional de Cuyo


