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¿Hay dietas peligrosas durante el embarazo?

Si bien la embarazada debe llevar una alimentación saludable y controlada, no debe hacer cambios muy bruscos en la cantidad de ingesta. Limitar el consumo de calorías con el propósito de perder peso puede ser perjudicial para el bebé

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El embarazo es una etapa de grandes cambios físicos y emocionales. Muchas mujeres se sienten muy presionadas con el tema del peso y se someten a dietas innecesarias y mal controladas que pueden llegar a traer consecuencias en el desarrollo de su bebé. Al limitar calorías también se limitan la cantidad de nutrientes. 

Mariela Duboé, licenciada en Nutrición, explica que durante el embarazo no es recomendable bajar de peso, las dietas deben hacerse previo o posterior al embarazo: “Hay pacientes que quedan embarazadas durante un tratamiento de descenso de peso. Lo que se hace es, en el primer trimestre, evitar que siga bajando de peso, se detiene y se mantiene. Aunque el paciente tenga una obesidad importante, no es recomendable que durante el embarazo adelgace, sí que no aumente”.  

Duboé explica que no se debe pretender el aumento de peso durante los primeros tres meses: “La expectativa del aumento de peso en el embarazo se determina con el peso inicial. Si la paciente inicia el embarazo con un peso saludable, tiene una cierta cantidad de kilos para aumentar. Pero si la paciente comienza con sobrepeso u obesidad, se pretende el aumento de menos kilos porque ya hay un depósito de grasa extra que luego se va a ocupar de proveer energía a la lactancia.

Ese aumento de grasa necesario ya lo tiene hecho, lo que va a aumentar tiene que ver con el peso del bebé, la placenta, el líquido”. Y resalta la importancia de la programación y planificación: “Es muy importante prevenir antes de empezar un embarazo porque la obesidad trae complicaciones tanto en el momento del parto como al desarrollo del bebé.

Comenzar un embarazo con obesidad o aumentar de peso mucho más de lo esperado durante la gestación genera complicaciones tanto para la mujer como para el bebé. Tales como la Diabetes gestacional, la preeclamsia e hipertensión arterial, y mayor probabilidad de trabajo de parto y parto prolongado o cesárea. En cuanto al bebé tendrá mayor probabilidad de nacer con un peso alto y diabetes”.

Lo importante en la embarazada es que si bien debe llevar una alimentación saludable, no debe hacer cambios muy bruscos en la cantidad de ingesta: “Suele pasar que la paciente tenía un sobrepeso, queda embarazada y luego se empieza a cuidar y empieza a bajar de peso. Si desciende de peso manteniendo una alimentación completa, no hay problema, ahora es fundamental que, en algún momento del embarazo, el peso suba. El (un) bebé va a pesar al nacer aproximadamente 3 kilos, más lo que pesa la placenta, el líquido amniótico y el líquido extra que se acumula en el cuerpo. La paciente debe aumentar un mínimo de 6 o 7 kilos a  (de) su peso inicial”.

La edad es otro factor importante a tener en cuenta: “Si la embarazada es una adolescente, se va a pretender que aumente más de peso que una mamá en edad adulta. La adolescente está terminando su propio proceso de crecimiento, además del desarrollo del bebé, por eso necesita energía extra”.

Un bebé que tiene escasez de alimento o exceso de alimento por parte de la mamá durante el embarazo es igual de problemático, explica la nutricionista: “Un bebé con más de 4 kg al nacer tiene un riesgo aumentado de presentar obesidad durante la niñez extendiéndose a la adultez, con sus patologías asociadas como, por ejemplo, la diabetes tipo 2, la hipertensión y las dislipemias. El bajo peso al nacer se asocia  también con futuros adultos con sobrepeso”.

La importancia de la prevención: el ácido fólico

La nutricionista resalta la importancia de planificar el embarazo y realizarse los controles nutricionales que determinan si hay carencia de nutrientes: “Es importante que la embarazada haga una consulta con un nutricionista al inicio del embarazo y hacer una consulta por cada trimestre que son los grandes cambios del embarazo. En primera instancia se hace una evaluación nutricional, se registra el primer peso para saber cuánto es conveniente aumentar y luego se hacen las recomendaciones de los alimentos que faltan o sobran”.

Durante la planificación del embarazo los nutrientes necesarios pueden ser incorporados a través de los alimentos o a través de los suplementos. Generalmente se programa con suplementos, como el caso del ácido fólico que, según Duboe, es de suma importancia ya que es fundamental en la prevención de malformaciones congénitas: “El cierre del tubo neural del bebé ocurre al final de la tercera semana de gestación. Es decir, que la mamá recién se está enterando del positivo  y el bebé embrión ya completó este proceso. Si el ácido fólico no está presente en la cantidad que se necesita durante esa etapa, no se cierra ese tubo. Si se empieza a tomar luego de enterarse del embarazo, quizás es tarde. El suplemento se da por prevención porque la paciente suele tener alguna carencia. Los anticonceptivos, el tabaquismo y el consumo de alcohol bajan los niveles del ácido fólicoentoncesantes de quedar embarazada, va a necesitar el suplemento”.

Alimentación durante el embarazo

Cuando la mujer queda embarazada, su alimentación no varía mucho respecto a las otras personas, pero sí hay algunas cuestiones a tener en cuenta, como explica Duboé: 

-    Se debe controlar la cantidad de pescado de mar que se consume, no más de dos veces por semana por su alto contenido de mercurio. Si bien la población en general también debería hacerlo, en la embarazada el cuidado debe ser mayor por el riesgo de intoxicación del bebé. El mercurio se deposita en el tejido y tarda bastante en eliminarse. 

-    Debe haber una ingesta adecuada de frutas y verduras para poder incorporar las vitaminas y minerales que necesita.

-    Carnes y lácteos descremados: Se aumenta la ingesta para un correcto aporte de hierro, calcio y vitaminas.

-    Incorporación de calcio: Puede ser de origen vegetal o de origen animal. Si la paciente tiene una alimentación variada, se busca el calcio en la leche, el yogur y el queso. Pero si la embarazada es vegana se busca incorporar el calcio a través de los alimentos vegetales. 

-    Edulcorantes: Si bien en bajas dosis no son dañinos, hay que tener precaución. En el bebé que se está formando, al ser tan chiquito, cualquier dosis puede ser peligrosa. Hay algunos edulcorantes como la estevia o la sucralosa, que están más indicados en el caso que la embarazada tenga que usarlos. 

-    Cero alcohol: Si bien, si se toma una pequeña cantidad no va a ser significativo para todo el desarrollo del bebé, las principales afecciones están dadas en mamás que son alcohólicas, ante la duda y el potencial riesgo, no se recomienda. Al igual que el fumar. En el caso de las personas que tienen alguna adicción al alcohol o cigarrillo se les deja un margen de aceptación porque el estrés que les genera dejarlos por completo, puede ser más contraproducente. Nunca se indica, pero a veces se permite. 

-    La actividad física no está contraindicada a menos que sea un embarazo de riesgo. Si el embarazo transcurre normal, la actividad física debe ser en continuidad con los hábitos previos. No es recomendable que al quedar embarazada, por ejemplo, la mamá comience clases de spinning si no lo practicaba regularmente. Si ya se venía haciendo ese tipo de actividad, puede mantenerse pero nunca aumentarse. Lo contrario también es contraproducente. Si la madre hacía mucha actividad y luego queda sedentaria, no es bueno. 

-    Veganos: Si el paciente lleva bien adelante su alimentación, no hay complicaciones, pero hay que controlar la vitamina B12 que suele estar en carencia en los veganos y se suele suplementar con alimentos fortificados o suplementos que se consiguen en farmacias.

-    Las carnes y huevos deben estar siempre bien cocidos y las frutas y verduras bien lavadas, controlar la caducidad de los alimentos refrigerados y evitar los productos artesanales de procedencia dudosa (embutidos, conservas caseras) para evitar microorganismos patógenos.

-   Lactancia: Si la mamá no se alimenta bien en la lactancia, al igual que en el embarazo, puede tener carencias de nutrientes. Formar la leche tiene un gasto de energía alto, también de líquido. Por eso las madres tienen mucha sed en ese período. Si se acompaña con una alimentación normal, la madre desciende de peso, si se alimenta de más, va a mantener ese exceso de peso que le quedó del embarazo. 

Lic. Mariela Duboé. Matrícula 687

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