Cada perro que va a la plaza, con collar y correa. Palita y bolsita disponibles en los espacios públicos para que cada dueño recoja lo que hace su mascota. Un registro de animales, y también un cementerio. Una guardería municipal para canes. Estas disposiciones, que parecieran responder a una ciudad en donde conviven en forma ideal perros y personas, están incluidas en una ordenanza (la número 7242) vigente en la ciudad, aprobada en el Concejo en 2002, que nunca fue llevada a la práctica.

 

“Son de esas cosas que se escriben con buena intención pero son imp racticables”, se excusó el intendente Miguel Lifschitz, en declaraciones al programa De tarde en tarde de Radio 2, quien no desconoció la existencia de la norma, aprobada en un Concejo con mayoría socialista, pero relativizó sus alcances.  “Creo que este y otros temas tienen que ver con la cultura ciudadana. No se puede tener un inspector en cada esquina para controlar el tema basura, perros, tránsito. Hay que priorizar algunas cosas y en otras tiene que primar la responsabilidad individual y social de los ciudadanos”, apostó.

 

Por su parte, el director del Imusa, José Luis Priotta, admitió: “Somos el organismo de aplicación pero no tenemos personal”. Además, el funcionario se quedó de que nunca se consulta al organismo en ningún proyecto vinculado a los animales, entre ellos la ordenanza aprobada hace cuatro años y el proyecto que tiene en carpeta el concejal del ARI Carlos Comi. " Nosotros no tenemos poder de policía, para eso se necesita gente y  no la tenemos", explicó. Para Priotta, la solución va a llegar "cuando le metan la mano a la gente en el bolsillo, que es cuando va a reaccionar".