Hoy, esta generación vive la era digital no como una “promesa futurista” hecha realidad, sino como algo del pasado que se renueva día a día. Para ellos, las computadoras, el celular o Internet son tan cotidianos como la televisión o la radio lo fueron para generaciones más antiguas. Esa cotidianidad está dejando de ser subestimada para ser analizada, sobre todo en sus consecuencias, y allí es donde la educación aparece como una de las más afectadas.

"La tecnología actual cambia la forma de enseñar y la forma de aprender. Hay chicos sumamente inteligentes que en la escuela no andan bien, tienen una forma de aprender distinta. Los docentes son de otra generación y no terminan de entenderlos", señala Raúl Tonelli, analista de sistemas y profesor de redes de computadoras de la Universidad Tecnológica Nacional.

¿En qué son diferentes los nativos digitales? En la forma de interactuar y recibir respuestas. La velocidad para obtener información o comunicación los hace pensar de manera diferente. El desafío docente entonces es conocer no sólo lo que los chicos usan, sino también el porqué.

Los nativos digitales están acostumbrados a intervenir en el proceso de aquello que los entretiene o les gusta. Chatean, hacen videos que suben a Youtube, arman álbumes de fotos digitales, descargan música o películas, escriben blogs, etc. No son consumidores pasivos, por eso su atención es distinta a la de los mayores.

"Hay chicos que tienen 400 ó 500 veces más información de la que teníamos nosotros a la edad de ellos. El desafío no es que ellos adquieran información, sino que aprendan a manejarla y esto los profesores no lo están haciendo. En la casa las carencias se satisfacen porque se les compra tecnología y listo, y así se soluciona temporalmente la brecha generacional; en la escuela eso no pasa. En la escuela deberían aprender el uso de la tecnología como herramienta", expresa Tonelli.

El teléfono celular principalmente se volvió una herramienta de identidad que superó las previsiones comerciales y culturales. En las escuelas aún está el debate respecto al uso del teléfono en las aulas y no existe una legislación nacional que contemple el cambio que generó.

A modo de ejemplo, Raúl Tonelli cuenta una anécdota que retrata la actitud de los docentes frente a lo desconocido: "Una profesora de inglés propuso hacer un intercambio de cartas con otras escuela a modo de práctica. Yo le sugerí que lo hiciera vía mensaje de texto, pero me dijo que era ridículo y no lo hizo porque no termina de entender la importancia de la herramienta. Los chicos se hubieran enganchado más así en vez de usar un medio casi obsoleto. Hacer una carta de la que tendrán respuesta en dos semanas no les interesa a los chicos si con el celular tienen respuesta inmediata. Es una generación que necesita otro tipo de respuesta, no puede esperar".

Ese funcionamiento también preocupa a los padres además de a los docentes. "Desde principios del siglo XX hay una revolución tecnológica muy acelerada que influye de generación en generación. Indudablemente produce una distancia, pero no creo que modifique los códigos comunicacionales fundamentales", dice Graciela Cousinet, socióloga, quien tiene más esperanza que certeza de que los códigos ancestrales, como la interacción cara a cara, seguirá siendo más valorada que cualquier otra forma de comunicación.

"Cuando los chicos acuden al laboratorio de informática tienen una conducta totalmente distinta a cuando están en el aula. Tienen más ganas de aprender, bajan el nivel de agresión verbal y física. Sienten que tiene un referente allí", destaca Jorge Manén, docente y asesor informático.

La figura del guía es la clave, según Raúl Tonelli, que hará la diferencia: "Todo esto cambiará quizá cuando algunos de estos chicos se transformen en docentes de la generación que viene y estén frente a iguales. Eso sí, siempre y cuando no haya un nuevo cambio en esa generación".

Fuente: Los Andes de Mendoza.