Virginia Giacosa/Lisandro Machain 

 

Sólo en un mes más de 15 mil personas visitaron el nuevo Museo de Ciencias Naturales Ángel Gallardo. De ese número se deduce que los fines d e semana se acercan unas tres mil personas a visitarlo y según Sebastián Bosch, coordinador del museo, “el pico de mayor cantidad de visitantes se produce los domingos entre las 10 y las 13.30” , cuando arriban al lugar unas 250 familias.

Reluciente después de atravesar una tragedia. Sacudiéndose el polvo del pasado y mirando al futuro. Nuevo, moderno, totalmente otro. Como el Ave Fénix, el Museo de Ciencias Naturales Ángel Gallardo renació de las cenizas y hace un mes volvió a abrir sus puertas en el edificio de la Plaza Cívica, de San Lorenzo entre Moreno y Dorrego, con una propuesta interactiva.

Con el objetivo de acercar y construir conocimiento sobre la trascendencia de la vida y la evolución, la primera exposición temática se llama El museo echa a volar. “La muestra intenta reconstruir un relato a través de los ejemplares”, explicó Sebastián Bosch. Entre las piezas se destacan 11 aves taxidermizadas, un pato sirirí pampa, una lechuza de campanario, un pato maicero y un flamenco.

“Las aves están ubicadas en las distintas posiciones de vuelo dentro de cubos de acrílico. También hay paneles con información acerca de las características de estos animales”, señaló Bosch.

Tras el incendio que en julio de 2001 arrasó con el 80 por ciento del patrimonio del museo, la propuesta se modificó y hoy cuenta con una impronta mucho más moderna. Las muestras estarán instaladas por unos meses y al mejor estilo de los museos del mundo serán renovables.

En este sentido, según el museólogo, “la iniciativa del Ángel Gallardo apunta más a una cuestión dinámica y ágil que estática”.

 

Bosch contó que “las muestras irán rotando y además hay muchos espacios de interacción, como el de Jugando con la Ciencia , que estará destinado a los chicos”. Ahí, está previsto realizar talleres de narrativa, y diversos juegos relacionados con el vuelo de los pájaros.

Pero después del incendio no sólo el contenido del Museo se aggiornó a los tiempos que corren. También el edificio es totalmente diferente a la antigua planta alta de la Facultad de Derecho donde estuvo emplazado históricamente.

La luz se opone a las sombras que habitaban la vieja construcción donde hasta el 2001 funcionó el Ángel Gallardo. Las paredes de colores contrarrestan el gris de la casona anterior. El aire y la ventilación alejan la humedad y hacen pensar que el guano de los murciélagos –que habitaban en el techo del viejo museo– impregnado a las plumas de los animales en exposición, ya no será la característico que anuncie la presencia del museo. “Será un lugar habitable y por lo tanto visitable”, concluyó Bosch.

Y el deseo de Bosch no sólo se cumplió sino que superó todas las expectativas. Es que en un mes el museo recibió la visita de 15.450 personas. “Por fines de semana se reciben habitualmente tres mil personas y durante la semana se cuentan entre 150 visitantes que lo hacen en forma particular y 120 que realizan el circuito de la mano de una escuela”, contó Bosch.

Pero el museo que abrió el 6 de julio pasado, un día antes del receso de invierno, también tuvo su pico de público en las dos semanas de vacaciones. “En esos días batimos récord y se contaron dos mil personas durante ese período”, concluyó el coordinador del nuevo museo.

Volar, volar

 

Sorprende una estructura de madera realizada por el artista Mauro Musante ubicada en la entrada del Museo de Ciencias Naturales. Se trata de la Máquina de Volar, una reproducción a escala real de la maquinaria de Leonardo Da Vinci, que los usuarios pueden utilizar. El dispositivo hace las veces de pájaro gigante. Uno se sienta en el habitáculo de madera, apoya los pies en un pedal que se mueve hacia atrás y adelante y produce que la cola de la gran ave se eleve y baje con cada movimiento. Mientras tanto, las manos se toman de dos agarraderas que están de cada lado y permiten que en cada agitación las alas –ubicadas en los lados– flameen. La sensación de subir a la Máquina de Volar es sin duda la de estar en el aire. La brisa de las alas golpea en la cara y uno parece que remonta vuelo. El efecto seguro es de la técnica Pylates. Porque duelen los brazos y las piernas tiran de hacer tanta fuerza.

De dónde venimos

 

Aunque las especies naturales que sobrevivieron a las llamas todavía forman parte de la muestra. En el nuevo museo están organizados en forma evolutiva: parte de los invertebrados, sigue con los peces, anfibios, reptiles, aves y finaliza en los mamíferos. También hay un espiral evolutivo en madera, donde se explica desde la creación del universo a través de la teoría del Big Bang hasta la actualidad. Aunque hay paneles informativos acerca del tema, lo novedoso es que cuando se recorre el espiral un sistema de sonido permite que una voz del más allá relate la evolución del hombre y el universo.

Antes y después

 

En el siguiente entrepiso (el nivel 3) está en exhibición una muestra de la historia del museo, que parte de sus orígenes, incluye la pérdida que ocasionó el incendio y refleja también la nueva etapa. Hay una vitrina con objetos quemados, entre los que figura no sólo un animal taxidermizado, sino también una pinza del taller de mantenimiento y libros de la biblioteca que fueron arruinados con la catástrofe.