Matilde Baroni
Roxette dio este lunes a la noche un recital inolvidable en el Salón Metropolitano de Rosario, en el marco del Neverending Tour. La visita a la ciudad no parece casual. En los últimos años se produjo un retorno a la música de los 80’s. La moda se remite así misma a un tiempo pasado y se devuelve intempestivamente a un público heterogéneo que la hace propia. En estos días la idea del retorno de modas pasadas acompaña al consumo estético de masas no sólo en la indumentaria, en artículos de diseño sino también en la música.
En estos dos últimos años se produjo un culto a la música de los 80’s. Se generó consciente o inconscientemente un pedido unánime de las diferentes generaciones a retornar a aquellas melodías que llenan a sus contempladores de nostalgia y melancolía.
El recital de Roxette fue prueba de ello. Al sonar los acordes de “Dressed for success”, los recuerdos se manifestaron entreverados unos tras otros. Roxette sintetizó tiempo pasado y presente. Las dos imágenes se cruzaban. La voz de Marie Fredriksson, parecía no haber sufrido el paso de los años, al igual que la de Per Gessle, con algunas arrugas pero con una energía inconmensurable. Ella, estuvo ubicada en un lugar del escenario durante todo el show, invariable, debido al proceso de recuperación tras una grave enfermedad. No obstante los dos demostraron que siguen siendo una dupla energizante.
El encantamiento de la música de los ochenta y noventa reaparece con toda su espiritualidad. Roxette, conmocionó al público rosarino con sus temas pasando por: “Sleeping in my car”, “The big love”, “She´s got nothing on (but the radio)”, “It must have been love”, “Spending my time” y la infaltable “Listen to your heart”.
Los integrantes de la banda, del mismo modo que los dos líderes, tuvieron tiempo para lucirse. El increíble Christopher Lundquist, guitarrista del grupo, interpretó la canción de Soda Stereo "De música ligera” y homenajeó a Gustavo Cerati, mientras el público cantó todo el tema a capella. Quien hizo una especie de acting fue el tecladista, Clarence Öfwerman, cuando habló de “la máquina azul sueca” (que los acompaña desde el comienzo de la banda) y jugó con el instrumento haciendo reír al público. Por su parte, Helena Josefsson acompañó y fue el soporte vocal de Marie. Mientras que Pelle Alsing se hizo cargo de la batería, Magnus Börjeson del bajo.
Retornar a aquello que nos hizo alguna vez felices. Retomar y recordar aquellas melodías y sonidos tan propios de esa época, volver a esos colores y maneras de vestirse. Ya no hay tiempo lineal, hay tiempo cíclico, inmanente.
En estos últimos años se produjo una vuelta a ese espacio, a ese cassette lleno de polvo, olvidado, que tanto manipulamos hace tiempo atrás. “¡Todo vuelve y retorna eternamente, cosa a la que nadie escapa!”, dijo un filósofo amigo. Es el eterno retorno de Roxette lo que produjo que el tiempo sea intempestivo y que las marcas de las sonoridades, que quedaron de aquellos años, afloren en el cuerpo de cada individuo.


