Es indudable que si quienes ejercen la Justicia de Familia hubieran leido al gran psicólogo Humanista Erich Fromm, ya hubieran corregido o sacado del vocabulario judicial el término de "tenencia", de los hijos de padres separados.
Los hijos no se tienen, al igual que los amigos, las esposas o los esposos, o los pacientes. Se es padre, madre, esposa, esposa amigo o amiga. Se tienen las cosas materiales las cuales, cuando se da algo, disminuyen la cantidad de lo que se tiene.
Los sentimientos en tanto, cuando más se dan, más se agrandan. Dice Fromm que el amor maternal debe dar leche y miel; la leche para el crecimiento del cuerpo y la miel para el posterior vuelo espiritual del hijo. Los niños bajo ningún punto de vista deben ser usados como material de cambio o de chantaje por el padre o madre que logra la "tenencia" como trofeos de guerra. Quién se queda con el hijo, hasta llega a ejercer el acto llamado " inculcación maliciosa", deformando sus pensamientos y sentimientos, hasta lograr que se haga una barrera entre los afectos que antes existían en la totalidad de ambas familias.
De esta manera solo se logra cortar una de las patas que sostienen lo que debería ser el sustento de un crecimiento armónico del niño, con los afectos de ambos padres. Se separan ellos por diferentes causas, pero de los niños, no. La Sociedad está acostumbrada a hablar, en referencia a la pareja humana, como algo integrado por dos medias naranjas (en la jerga popular se hable de “mi media naranja”), y ello constituye un tremendo error que se mantiene en el tiempo, ya que la verdadera integración, lo constituye el acompasamiento de dos naranjas enteras que se integren, sin perder la individualidad, ya que la misma castrada, da nacimiento a frustraciones y resentimientos que se van sumando, y generando broncas que se reprimen.
De esta manera ninguna de las partes que integran la pareja humana, se verán amputadas por la unión de de sus partes y el deseo será solo, de una integración de ese todo, sin desvalorizar a ninguna de los integrantes. Los nutrientes para los hijos deben ser no solo materiales sino afectivos. Una sola pregunta me hago: ¿Que pasaría si cuando se realiza el divorcio entre los padres " Sus Señorías" los llamaran a ambos y les dijeran? Señores; ustedes se separan entre ustedes y no de los niños y aquel que interfiera para que el otro padre (el no-conviviente), no pueda ver a sus hijos y ayudarlos con sus afectos, será quien reciba la sanción de la Justicia.
Alimentos y afectos no se deben separar para los hijos. Y esta separación se hace extensiva muchas veces a los abuelos y demás familiares que pierden esa " guerra" que se da por vivir dándole mas valor al verbo " tener" que al verbo "ser ". No cabe duda que existen causas patológicas que hacen perniciosa la relación, pero son excepcionales y en ellas deben tenerse presente las actuaciones de expertos psicólogos no comprometidos con las partes. Y veríamos así que hay mas malicia en las malas praxis inventadas y denunciadas, que las que ocurren en realidad.
De esta manera los hijos estarán agradecidos en el futuro, por haber evitado un conflicto creado con ansias de poder y por propio egoísmo, ajenos a sus voluntades de crecer con ambos progenitores y sus familias. Las frustraciones y venganzas han nacido muchas veces, por el propio fracaso en sus vidas de relación. Es una manera sencilla la de observar que existen soluciones al conflicto, que muchas veces son maduras y otras que son totalmente inmaduras.
También pensarían los padres si recapacitaran, que no deben ser parte de ese tironeo por los hijos, dándole material a la industria de los juicios, ya que ello demuestra inequívocamente, que los hijos nacidos solo se “tienen”, pero que los progenitores no han llegado a conformar algo superior, que es el de SER padres.


