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Tengo vértigo, ¿qué me pasa?

Los trastornos del equilibrio son una causa frecuente de consulta. Se calcula que un 7% de la población sufrirá algún episodio. En la mayoría de casos, es fácilmente reversible con tratamiento

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De repente, un día todo comenzó a moverse bajo sus pies, a su alrededor giraba el mundo. La vista levemente borrosa. Se calcula que un 7% de la población va a sufrir un episodio de vértigo a lo largo de su vida, en la mayoría de los casos fácilmente reversible con tratamiento y sin mayores consecuencias, aunque quien lo ha sufrido, no lo olvida.

El vértigo es cuando la persona percibe que ella, él, o el entorno se mueve en forma rotatoria: “se me da vuelta todo”, “siento que estoy girando” o “se me viene el techo encima”, suelen ser frases de pacientes. En líneas generales, se presenta de manera abrupta, súbita y obliga a quien lo padece a estar en reposo. Se acompañan de síntomas y signos vagos como náuseas, vómitos, sudoración profusa, palidez y ganas de defecar. Suelen desencadenarse con cambios de posición corporales o de la cabeza con respecto al cuerpo, tales como acostarse, levantarse o girarse en la cama, agacharse, o mirar hacia arriba.

Otros síntomas que no se deben  llamar vértigo, pero que a veces acompañan al vértigo o se confunden con el son:

El vértigo a la altura. Digamos que es un mareo fisiológico, no es una enfermedad como tal, y lo padece un porcentaje importante de la población, alrededor de un 10%. Se presenta como un conjunto de sensaciones subjetivas, de mareo, inestabilidad, pérdida de equilibrio y miedo a caer desde la altura. Ocurre en situaciones en que la distancia entre el sujeto y el objeto fijo (el suelo) es tan grande que no hay referencia para el sistema visual y vestibular (fallan en el cálculo de esa distancia) que se crea una incongruencia sensorial y uno necesita tocar el suelo, agacharse o sentarse para añadir referencias sensoriales y la situación cede, aunque pueden desencadenarse reacciones fóbicas, lo que se denomina acrofobia con crisis de ansiedad y angustia, convirtiéndose en un mareo patológico.

El mareo. Tampoco es un vértigo, pero a veces lo acompaña. Los síntomas que definen el mareo son malestar abdominal y general, las náuseas, bostezos, sudoración fría, palidez, y que puede terminar con un cuadro de vómitos. El más conocido es lo que llamamos cinetosis, que es lo que lo ocurre a algunas personas al viajar en coche, barco, avión, y en entornos de realidad virtual. Es debido a una incongruencia de estímulos visuales, vestibulares y sensoriales.

El desequilibrio tampoco hay que confundirlo con el vértigo. Es una sensación de desplazamiento hacia los lados o hacia un solo lado, también acompaña a veces al vértigo, su origen es multifactorial por afectación de uno o varios de los sistemas del equilibrio.

La inestabilidad es una sensación de flotar, de caminar por un suelo blando, inestable, también acompaña a veces a la crisis de vértigo o queda residualmente después de una crisis durante un tiempo.

El vértigo es generalmente causado por cuadros benignos, producidos por un compromiso en la estructura y funcionamiento del oído interno. También hay cuadros menos frecuentes y más severos que afectan estructuras del sistema nervioso central.

Ante estos síntomas, se sugiere consultar al médico especialista, o a una guardia médica si el paciente se encuentra con un cuadro agudo, ya que allí sabrán evaluar y derivar, para que el especialista realice el diagnóstico definitivo e indique el tratamiento correspondiente.

La especialidad encargada de actuar en este tipo de problemas es la Neuro-Otología, que estudia el funcionamiento normal y los trastornos del sistema del equilibrio.

Existen patologías que afectan el equilibrio, las más frecuentes son Vértigo posicional paroxístico benigno, Migraña asociada al vértigo, Neuronitis vestibular, enfermedad de Meniere, Trastornos del ánimo, Neuropatías, enfermedades extrapiramidales, enfermedades cerebro-vasculares, entre otras.

Algunas pautas de prevención frente a los vértigos:

- Evitar cambiar bruscamente la posición del cuerpo o de la cabeza.

- Tomar abundante líquido, reducir la ingesta de alcohol y tener una alimentación variada.

- Realizar actividad física regular.

- Revisar periódicamente el funcionamiento de audífonos y anteojos.

- Consultar a su médico sobre la medicación que toma periódicamente.

Fuente: www.grupogamma.com - www.elmundo.es - www.lavanguardia.com/

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