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Un estudio reveló toxicidad en cubos mágicos

La Red Global IPEN y la ONG checa Arnika analizaron ejemplares de este tradicional juguete y detectaron contaminantes que pueden dañar el sistema nervioso y reducir la capacidad intelectual. En Rosario, el relevamiento estuvo a cargo del Taller Ecologista

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Un estudio reciente, realizado a escala mundial por la Red Global IPEN y la ONG checa Arnika, detectó que uno de los juguetes más vendidos en el mundo –el cubo mágico– posee contaminantes tóxicos que pueden dañar el sistema nervioso y reducir la capacidad intelectual. En Argentina, el relevamiento estuvo a cargo de la ONG Taller Ecologista, desde donde advirtieron sobre los riesgos y la necesidad de un abordaje serio y responsable desde los Estados.

La investigación de productos de 26 países, incluyendo Argentina, detectó que el 90% de las muestras contenían OctaBDE o DecaBDE, y que casi la mitad de ellos (43%) contenía HBCD. Estas tres sustancias tóxicas son usadas en las cubiertas protectoras de los productos electrónicos, y de no ser retiradas, cuando el plástico se recicla se incorporan a los nuevos productos.

Paradójicamente, dichos contaminantes químicos pueden dañar al sistema nervioso y reducir la capacidad intelectual y fueron encontrados en los cubos tipo rubik, un rompecabezas diseñado para ejercitar la mente, que está entre los juegos más vendidos del mundo.

“Se seleccionaron tres muestras para ser analizadas en laboratorio. El análisis encontró que una muestra contenía OctaBDE y DecaBDE y otra muestra contenía HBCD en elevadas concentraciones. Estos químicos son persistentes y se conocen por dañar el sistema reproductivo y el funcionamiento del sistema hormonal, afectando negativamente la inteligencia, la atención, el aprendizaje y la memoria”, señaló Cecilia Bianco, coordinadora del área Tóxicos de Taller Ecologista.

A través del reciente relevamiento se encontró que el reciclado de plásticos con productos químicos “retardantes de llama”, provenientes de los residuos electrónicos (RAEE), derivan en la contaminación de los juguetes, elaborados con plásticos reciclados.

El estudio fue llevado adelante por la red global por la Eliminación de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN, por su sigla en inglés) y la organización ambiental checa, Arnika.

En Argentina, el relevamiento estuvo a cargo de la ONG socioambiental Taller Ecologista, la cual envió 7 juguetes tipo cubo de rubik para su análisis a la República Checa. “Las sustancias químicas tóxicas de los residuos electrónicos no deberían estar presentes en los juguetes para niños/as. Este problema necesita ser abordado de manera urgente y responsable a nivel nacional e internacional”, agregó Bianco.

El estudio, se da a conocer públicamente pocos días antes de la “Conferencia de las Partes del Convenio de Estocolmo”, instancia donde se decidirá si se continúa permitiendo el reciclado de materiales conteniendo OctaBDE; y posiblemente se otorgue una “nueva excepción” para el reciclado con DecaBDE. El comité de expertos del Convenio ya advirtió en torno de esta riesgosa práctica.

El Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes es un Tratado Multilateral Ambiental que busca proteger la salud humana y el medio ambiente frente a los contaminantes orgánicos persistentes. Argentina está entre los países latinoamericanos signatarios del Convenio, y por tanto, del cumplimiento de los acuerdos establecidos en este marco internacional.

Buscando frenos reales para las sustancias tóxicas

“Reciclar materiales que contienen sustancias químicas tóxicas contamina a los nuevos productos, continúa la exposición y socava la credibilidad en el reciclado. Los gobiernos deberían terminar con este perjudicial vacío legal”, advierte Joe DiGangi, referente de IPEN.

Otra decisión fundamental de la Conferencia del Convenio de Estocolmo a realizarse del 24 de abril al 5 de mayo en Ginebra, Suiza, será establecer límites a los residuos peligrosos. Dichos límites de protección harían que los desechos estuvieran sujetos a las obligaciones de destrucción del tratado, no permitiendo su reciclado. Sorprendentemente, algunos niveles de sustancias químicas tóxicas en productos para niños/as, en este estudio, también excedieron los límites propuestos para residuos peligrosos.

"Necesitamos límites de residuos peligrosos de protección. Normas débiles significan productos tóxicos y reciclaje sucio, que a menudo se lleva a cabo en países de bajos y medianos ingresos y que dispersa venenos desde los sitios de reciclaje a nuestros hogares y a nuestros cuerpos", analizó Jitka Strakova, de la organización checa Arnika.

“La aplicación de límites estrictos a los residuos peligrosos es también fundamental para los retardantes de llama debido a su presencia en los RAEE. En muchos países, las directivas del Convenio de Estocolmo será la única herramienta global regulatoria que puede ser usada para prevenir la importación y exportación de estos residuos contaminados, en muchos casos desde países con legislación más estricta a otros con legislaciones o controles más débiles”, subrayó la coordinadora del área Tóxicos de Taller Ecologista.

 

 

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