Fernanda Blasco

Hace veintitrés años, Gordon Gekko, protagonista de Wall Street, dejó marcada a fuego una frase entre sus seguidores. "La avaricia es buena", decía el protagonista del film, un ícono de aquella época que inspiró a muchos en convertirse en brokers. En la secuela, ambientada en la más reciente crisis del sistema financiero mundial, Gekko analiza y profundiza su mantra: no sabe si la avaricia es tan buena, pero definitivamente ahora "es legal".

Oliver Stone y Michael Douglas vuelven a asociarse en Wall Street 2, una película ambiciosa en la que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Mucha agua ha pasado bajo el puente en estas dos décadas. La película original mostraba cómo ejecutivos despiadados compraban empresas para destruirlas y hacerse ricos. Ahora, en este nuevo Wall Street, las grandes corporaciones tienen un socio de peso: el gobierno, que apaña arriesgados juegos económicos. 

El punto de partida del film es la salida de Gekko de la cárcel. El mundo cambió mucho en ese tiempo, y parece que el hombre también. Lejos del ambiente que lo llevó tras las rejas, el protagonista se mueve ahora con la soltura y dignidad de un ex presidente que ha pasado por debacles y aprendido de sus errores, siempre dispuesto a aconsejar a las nuevas generaciones.

De hecho, Gekko escribe un libro en el que pronostica la caída del sistema económico mundial y evalúa que "Wall Street ha ido demasiado lejos". Acusa, además, que "la especulación es la madre de todos los males". Y propone otra frase que promete escribirse en la historia: "El dinero es una prostituta que nunca duerme y que es celosa, si no le prestás toda tu atención te abandona".

En este marco, Gekko intenta reestablecer la relación con su hija, quien está de novia con un exitoso broker, un joven ambicioso pero con ideales. Este joven será despedido de su trabajo y verá como la crisis hace que su mentor se suicide. Entonces buscará a Gekko para tramar su venganza: a cambio le ofrece oficiar de mediador para que vuelva a contactarse con su hija.

Junto a Doulgas, quien demuestra que el talento que le dio un Oscar sigue intacto pese a los años, aparecen Shia LoBoeuf, Josh Brolin y Carey Mulligan. Entre las perlitas: cameos de Oliver Stone y Charlie Sheen, además Susan Saradon en un rol secundario.

No hay que invertir en la bolsa para disfrutar la película, pero sin duda quienes sean fanáticos del primer film o sepan más sobre finanzas disfrutarán de guiños y detalles que al espectador común se le pasarán por alto. De todos modos, el film se comprende más allá de la complejidad de la subtrama económica: después de todo, temas como amor, poder y dinero son universales, sin importar que muy pocos sepan qué es el Nasdaq o el Dow Jones.

Más allá de que lo entretenido que sea este "thriller económico" (si no existe la categoría, debería crearse) algunos espectadores probablemente critiquen el planteo de Stone por considerarlo demasiado "blando". Es que el film ofrece una mirada que podría calificarse como "misericordiosa" respecto de los altos ejecutivos sin escrúpulos, incluso cuando se exhibe material más que necesario para ejecutarlos en la horca o quemarlos en la hoguera.

Para conocer en qué salas y horarios se exhiben esta y otras películas visitá la cartelera de Rosario3.com.