Desde el martes 10 de julio y a lo largo de cuatro encuentros, el realizador rosarino Gustavo Galuppo ofrecerá “coordenadas que sirvan como herramientas” para acercarse a la obra del cineasta ruso Alexander Sokurov.

Durante los dos primeros, se abordarán sus singulares ensayos documentales, y en los dos últimos, sus ficciones.

Los encuentros se desarrollarán los martes 10 y 17, y los miércoles 11 y 18 de julio, siempre a las 19, en Videoteca, Entre Ríos 1772.

El curso es abierto y no se requieren conocimientos previos. Informes e inscripción en [email protected]

Sueños y elegías, los documentales

Gran parte de la obra de Sokurov se encuentra consagrada a formas en extremo singulares. La mirada documental, retomada en su cine, se transforma por la intimidad casi religiosa de una expresión lírica que escapa a toda clasificación.

Documentales oníricos, reflexiones elegíacas, ensayos poéticos; todo intento de clasificación resulta inoperante para encuadrar la profunda singularidad de estas obras.

Hablándonos en voz baja, casi como si nos susurrara al oido, Sokurov nos sumerge lentamente en una experiencia inusual, íntima y letárgica, capaz de construir un mundo en estado de duermevela, suspendido en un movimiento que discurre en la imprecisión que separa al sueño de la vigilia.

Plegarias y misterios (las ficciones)

Las ficciones de Sokurov se plantean como formas de restituir el misterio de la imagen. Y el misterio de la imagen no es sino, para el realizador ruso, aquello señalado desde el límite evidente de la construcción pictórica.

Ese límite hacia al que se dirige, hacia el que apunta como forma de restituir el misterio de lo insoslayable, desmantela la narración en la forma ritual de una plegaria. Filmar entonces como quien pinta, narrar como quien sueña, decir como quien ora, crear como quien promete.

El arte es aquello que nos ayuda a sobrellevar la muerte, aquello que nos auxilia para pasar la noche y llegar al alba, ha dicho en algún lado Sokurov, y en el profundo romanticismo de sus ficciones se juega esa promesa, entre la amargura y la celebración, entre lo bello y lo sublime, y entre la tragedia humana y la indiferencia de la naturaleza.