Cuando personas de distintas generaciones crean arte juntas, sus cerebros pueden mostrar una mayor sincronización. Esa actividad cerebral compartida podría ayudar a comprender mejor cómo se construyen los vínculos sociales y qué factores intervienen en la sensación de soledad. Así lo señala una investigación publicada en PLOS Biology, que analizó por primera vez cómo evoluciona la actividad cerebral durante la formación de relaciones entre personas jóvenes y mayores.
Para realizar el estudio, los investigadores reunieron a 31 parejas intergeneracionales, integradas por adultos mayores de 70 años y jóvenes de entre 18 y 35, además de 30 parejas de adultos jóvenes. Durante seis sesiones, los participantes utilizaron un programa de dibujo que les permitía crear por separado o trabajar juntos sin hablar. Al mismo tiempo, se registraron sus niveles de soledad y cercanía social y se midió su actividad cerebral mediante espectroscopia funcional de infrarrojo cercano.
Los resultados mostraron que la actividad cerebral de las parejas estaba más sincronizada cuando dibujaban juntas que cuando realizaban la actividad por separado. Sin embargo, los investigadores advirtieron que una mayor sincronía no necesariamente significa una mayor conexión entre las personas, ya que su relación con el vínculo social parece depender del momento y del contexto de la interacción.
En las parejas formadas por personas de distintas generaciones, la sincronía entre determinadas regiones cerebrales mientras dibujaban por separado pudo predecir los niveles de soledad. En cambio, cuando trabajaban juntas, la sincronía en una de esas regiones se relacionó con una mayor sensación de cercanía social. También se encontraron asociaciones entre la sincronía cerebral y la conexión social en las parejas de jóvenes.
Otro hallazgo fue que esta sincronización no permaneció estable a lo largo de las seis sesiones. Mientras que aumentó progresivamente entre las parejas de jóvenes, disminuyó entre las parejas intergeneracionales. Para los investigadores, esto refuerza la idea de que la conexión entre cerebros es un fenómeno dinámico que puede modificarse a medida que se desarrolla una relación.
El trabajo propone así una nueva manera de estudiar cómo se construyen los vínculos entre personas de diferentes edades. El registro simultáneo de la actividad cerebral de dos individuos podría permitir analizar las relaciones sociales durante períodos más prolongados y acercar la investigación científica a la complejidad de las interacciones de la vida cotidiana.
Los autores reconocen algunas limitaciones, como el reducido número de sesiones y la ausencia de un grupo compuesto por parejas de adultos mayores de la misma generación. Aun así, los resultados sugieren que la actividad cerebral compartida puede ser una pieza relevante para comprender cómo se forman los vínculos entre personas de distintas edades y cómo estos procesos pueden relacionarse con la soledad.
Fuente: SINC.



