Debido a que la enfermedad de Parkinson no solo afecta al movimiento, sino también al sueño, motivación, digestión o pensamiento; un nuevo estudio propone que esta diversidad de síntomas puede explicarse mejor si la enfermedad se entiende como un trastorno de una red cerebral que integra cuerpo y mente. La investigación, proveniente de la Universidad de Pekín (China), fue publicada en Nature.

La red de acción somato-cognitiva (SCAN, en inglés), es un conjunto de regiones cerebrales que conecta la planificación de la acción, el movimiento de todo el cuerpo, el estado corporal y funciones cognitivas y autonómicas. Según el estudio, esta red aparece alterada en forma específica en personas con Parkinson, lo cual podría convertirse en una diana terapéutica clave.

El circuito SCAN apoya la planificación de las acciones y la coordinación del movimiento de todo el cuerpo, por lo que transforma esos planes en actos motores y recibe información sobre cómo se han ejecutado”, indicaron desde el estudio. Y añadieron: “Además, esta red controla funciones autonómicas, por lo que puede estar relacionada con síntomas complejos de la patología como el estreñimiento, la hipotensión postural o los problemas de vejiga”.

El estudio 

Tras analizar datos cerebrales de 863 personas con Parkinson sometidas a distintos tratamientos ya utilizados en la práctica clínica, como la estimulación cerebral profunda, la medicación dopaminérgica, la estimulación magnética transcraneal o el ultrasonido focalizado; se observó que las regiones cerebrales clásicamente implicadas en la enfermedad se conectan más intensamente con esta red que con áreas motoras específicas de manos, pies o boca.

Esta hiperconectividad de la red aparece en el Parkinson, no así en otros trastornos del movimiento como el temblor esencial. En este aspecto, se refuerza su papel específico en la enfermedad. Asimismo, los tratamientos eficaces reducen esa conectividad anómala y la acercan a los niveles observados en personas sanas.

“El Parkinson causa una amplia gama de síntomas que afectan al movimiento, la digestión, el sueño, la cognición y la motivación, y estos efectos complejos no se explican completamente con el modelo clásico de los circuitos motores”, comentaron. Y subrayaron: “Dada la estrecha relación de esta red con funciones cognitivas y autonómicas, muchos de los síntomas motores y no motores podrían estar relacionados con ella”.

Uno de los resultados más destacados es que dirigir las terapias hacia esta red, en lugar de hacia regiones motoras concretas, puede aumentar notablemente su eficacia. En el caso de la estimulación magnética transcraneal, el estudio muestra que actuar sobre este circuito duplica el beneficio clínico respecto a otras dianas tradicionales.

Asimismo, la investigación sugiere que distintos tratamientos, a pesar de ser muy diferentes entre sí, comparten un mismo mecanismo de acción: “Un hallazgo clave es que todas las terapias eficaces existentes para el Parkinson, incluida la medicación y la estimulación cerebral profunda, comparten un mecanismo común: reducen esta conectividad anormalmente elevada entre la red y regiones profundas del cerebro, normalizando el circuito”.

Orientar futuras terapias cerebrales

Los autores concluyen que los cambios en esta red podrían ser claves en la fisiopatología de esta enfermedad y ayudar a orientar futuras terapias cerebrales. A largo plazo, medir su conectividad podría tener aplicaciones clínicas. En este aspecto, consideran que este enfoque permitiría personalizar tratamientos o seguir la respuesta de los pacientes, aunque todavía se requiere confirmación en la práctica clínica.

El estudio redefine así el Parkinson como una enfermedad que no afecta a partes aisladas del cuerpo, sino a un sistema cerebral distribuido que integra acción, cuerpo y mente, y abre la puerta a tratamientos más eficaces y mejor dirigidos en el futuro.

Fuente: SINC.