Se está viendo una película en el sofá y, de repente, una pierna o un brazo “se duerme”. Al moverlo, aparece ese hormigueo incómodo, como pequeños pinchazos o corrientes. Lejos de ser algo misterioso, este fenómeno tiene nombre. Se llama parestesia y ocurre cuando un nervio que estuvo comprimido vuelve a activarse.

El adormecimiento puede sentirse como entumecimiento, pérdida de sensibilidad o cosquilleo. Según explican expertos, la causa más frecuente es la compresión o irritación de un nervio, generalmente por mantener una postura durante demasiado tiempo. Esto altera la forma en que las señales llegan al cerebro.

Cuando, por ejemplo, se cruzan las piernas durante un período prolongado, se comprimen tanto los nervios como los vasos sanguíneos de la zona. Esto reduce el aporte de oxígeno y hace que el nervio funcione peor. Como consecuencia, la información que recibe el cerebro se distorsiona, generando sensaciones extrañas como hormigueo o falta de sensibilidad.

En realidad, la extremidad no está “dormida”: son los nervios los que dejan de transmitir correctamente la información. Al cambiar de posición, se libera la presión y el nervio se reactiva de forma abrupta, enviando múltiples señales simultáneas (de tacto, temperatura y presión) que el cerebro no logra interpretar con claridad.

Esa “confusión” es lo que se percibe como pinchazos o cosquilleo. A medida que el nervio se estabiliza y recupera su funcionamiento normal, la sensación desaparece y la sensibilidad vuelve por completo. En la mayoría de los casos, todo ocurre en pocos minutos.

Sin embargo, si la compresión se mantiene durante mucho tiempo, puede haber consecuencias más serias. Un ejemplo es la llamada “parálisis del sábado noche”, que ocurre cuando una persona permanece en una mala postura durante horas (a veces bajo los efectos del alcohol o sedantes) y se afecta el nervio radial, provocando debilidad o dificultad para mover la mano durante días.

Además, permanecer inmóvil por largos períodos, como en viajes extensos, puede afectar la circulación sanguínea. En situaciones extremas, esto podría derivar en la formación de coágulos y una posible trombosis venosa, una condición que requiere atención médica.

Para prevenir estas molestias, los especialistas recomiendan cambiar de postura cada media hora, evitar apoyar peso excesivo sobre las articulaciones y realizar pequeños movimientos o estiramientos. También es clave mantener buenos hábitos posturales, tanto al dormir como al estar sentado.

Por último, hay señales de alarma a las que conviene prestar atención:

-Si el adormecimiento no desaparece tras cambiar de posición.

-Si hay pérdida de fuerza, cambios de color en la piel (como palidez o tono azulado), o si el hormigueo persiste durante horas o días.

En esos casos, es importante consultar a un médico, ya que podría tratarse de una afección más compleja, como una compresión nerviosa crónica, problemas circulatorios o enfermedades metabólicas.

Fuente: EFE.