El dolor de cabeza es una de las molestias más habituales en la población, pero no todos los episodios son iguales. En muchos casos, detrás de cefaleas recurrentes puede haber migraña, una enfermedad neurológica crónica que afecta a millones de personas y que, sin embargo, suele pasar desapercibida o confundirse con un malestar ocasional.

Una de las razones de este subdiagnóstico es la tendencia a naturalizar el dolor o a tratarlo únicamente con analgésicos sin consultar con un especialista. Según explican expertos en neurología, el diagnóstico de migraña se basa principalmente en la historia clínica y en características específicas del dolor y de los síntomas asociados.

Para orientar a quienes tienen dudas, existen herramientas de autoevaluación que no reemplazan la consulta médica, pero pueden ayudar a identificar señales de alerta. Cinco preguntas que pueden alertar sobre migraña:

-¿Tuviste al menos 4 o 5 episodios de dolor de cabeza en los últimos tres meses?

-¿El dolor dura entre 4 y 72 horas si no tomás medicación?

-¿El dolor es pulsátil o late, y suele afectar un lado de la cabeza?

-Durante el episodio, ¿tenés náuseas o molestias con la luz y el ruido?

-¿El dolor te hace cancelar planes o faltar a compromisos laborales o educativos para acostarte y frenar todo?

Estos criterios, utilizados en clasificaciones internacionales y cuestionarios validados, permiten detectar patrones típicos de migraña. Incluso una respuesta afirmativa puede ser motivo suficiente para consultar con un profesional, idealmente un neurólogo, para una evaluación más precisa.

El impacto en la vida diaria es otro indicador fundamental. Cuando el dolor obliga a cancelar planes, faltar al trabajo o aislarse en un ambiente oscuro, puede estar generando un nivel de discapacidad que requiere tratamiento específico, tanto para aliviar las crisis como para prevenir nuevos episodios.

La migraña no solo implica dolor. Durante los ataques pueden aparecer náuseas, vómitos, hipersensibilidad a estímulos como la luz o el sonido, dificultad para realizar actividad física y necesidad de reposo. En algunos casos, incluso, se presentan síntomas previos conocidos como aura, que incluyen alteraciones visuales o sensoriales.

Aunque es una enfermedad frecuente, muchas personas no consultan o se automedican. Los especialistas advierten que un diagnóstico adecuado permite acceder a tratamientos personalizados (que incluyen cambios en el estilo de vida, hábitos de sueño y medicación específica) y mejorar significativamente la calidad de vida.

Fuente: Agencia NA.