Una investigación realizada a partir de datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) aportó nueva evidencia sobre la relación entre la alimentación y el crecimiento infantil. El trabajo analizó los hábitos alimentarios de 5.286 niños argentinos de entre 2 y 12 años y encontró diferencias en la ingesta de determinados nutrientes entre quienes presentaban baja talla y quienes no.

El estudio, denominado “Nutrientes y baja talla en niños/as entre 2 y 12 años en Argentina: modelización dietaria de la ingesta de calcio y consumo de yogur”, fue realizado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Nutrición (CEPEA), con la participación de profesionales de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil).

Según los resultados, los niños con baja talla presentaban ingestas más bajas de energía, proteínas y zinc. Entre los menores de 5 años también se registraron menores consumos de calcio y magnesio. Sin embargo, cuando los investigadores contemplaron las diferencias en el consumo total de calorías, el calcio fue el único nutriente que mantuvo una asociación significativa con la baja talla en ese grupo de edad.

Uno de los datos destacados surgió al analizar el consumo de calcio. Así, se vio entre los menores de 5 años, un incremento de 100 miligramos diarios de calcio se asoció, según la modelización estadística, con una prevalencia de baja talla 6,7% menor. Esta relación no resultó estadísticamente significativa entre los chicos de 5 a 12 años.

El director de CEPEA y autor principal del trabajo, Sergio Britos, señaló que los resultados ponen el foco en la importancia de asegurar una ingesta adecuada de calcio durante los primeros años de vida, una etapa caracterizada por un intenso crecimiento. Al mismo tiempo, remarcó una que, al tratarse de un estudio transversal, los datos muestran asociaciones, pero no permiten afirmar que consumir más calcio sea por sí mismo la causa de una mayor talla.

Los investigadores también analizaron el vínculo entre el consumo de lácteos y la baja talla. Entre los menores de 5 años que nunca o casi nunca consumían lácteos, la prevalencia de baja talla fue del 11,6%, frente al 6,6% registrado entre quienes los consumían diariamente. Sin embargo, la comparación entre todas las frecuencias de consumo no alcanzó significación estadística, por lo que los autores plantearon la necesidad de continuar investigando esta relación.

El trabajo incluyó además una simulación estadística para estimar qué podría ocurrir si los niños que consumían menos de una porción diaria de yogur alcanzaran los 120 gramos por día. En la muestra, el 77,9% de los chicos consumía menos de esa cantidad. La proyección estimó que, entre los menores de 5 años, completar esa porción se asociaría con una reducción relativa del 9,2% en la prevalencia de baja talla. Los especialistas aclararon que se trata de un escenario hipotético y no de una intervención realizada sobre los participantes.

Más allá del calcio, los especialistas remarcaron que el crecimiento infantil no depende de un único alimento o nutriente. La estatura tiene un componente genético, pero también intervienen las condiciones de salud, la alimentación y el ambiente a lo largo de la infancia y la adolescencia. Por eso, una alimentación adecuada debe aportar proteínas, grasas saludables, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y energía en cantidades suficientes y dentro de una dieta variada.

En este sentido, desde PROFENI señalaron que el calcio es solo una pieza dentro de un proceso nutricional más amplio. Carnes, pescados, huevos, legumbres y lácteos, junto con frutas, verduras y cereales, permiten incorporar diferentes nutrientes necesarios para el crecimiento. El yogur, en particular, puede aportar calcio y proteínas y formar parte de desayunos, meriendas, colaciones o distintas preparaciones.

Los especialistas también hicieron hincapié en que no se trata de aumentar indiscriminadamente las porciones ni de intentar corregir una alteración del crecimiento incorporando un único alimento. Cuando un niño presenta cambios o alteraciones en su curva de crecimiento, la recomendación es evaluar las posibles causas con profesionales de la salud y analizar su alimentación dentro del contexto general de su desarrollo.

Fuente: Agencia NA.