Una reciente investigación sobre los riesgos del vapeo arrojó evidencia de que los cigarrillos electrónicos pueden alojar rápidamente metales tóxicos en lo profundo de los pulmones, donde pueden dañar los tejidos. Los datos sugieren que incluso una exposición breve puede aumentar el riesgo de problemas pulmonares crónicos, cáncer, enfermedades cardiovasculares y otras afecciones.

El estudio, publicado en abril de este año en Analytical and Bioanalytical Chemistry, es el primero en utilizar un método especializado para descomponer el vapor de los cigarrillos electrónicos, separar sus componentes y medir con precisión los metales tóxicos. Los investigadores detectaron por primera vez evidencia química de que ciertos compuestos metálicos (organometálicos), fácilmente absorbibles por los pulmones, se encuentran en los aerosoles de los cigarrillos electrónicos.

Estos hallazgos surgieron en el marco de la implementación de un nuevo marco regulatorio en Argentina para los productos de nicotina, que incluye vapeadores, dispositivos de tabaco calentado y bolsitas de nicotina.

“En conjunto, estos hallazgos proporcionan nuevas pruebas de que el vapeo introduce elementos tóxicos en los pulmones, altera la homeostasis del hierro (equilibrio normal) y supone riesgos para la salud pulmonar y sistémica”, escribieron los autores del trabajo científico.

En este caso, los investigadores analizaron líquidos electrónicos, aerosoles y tejido pulmonar de ratones expuestos al vapor de nicotina dos veces al día durante 30 minutos a lo largo de cuatro días. Eligieron una cepa de ratón de laboratorio que reacciona fuertemente al humo del cigarrillo, desarrollando inflamación pulmonar y alteraciones en las vías respiratorias similares a las de los fumadores humanos.

Considerando esto, los autores del estudio advirtieron que sus pruebas no midieron las consecuencias a largo plazo de la enfermedad en humanos. Y aclararon que los patrones de exposición también pueden variar según el dispositivo, el líquido y el comportamiento del usuario.

Una puerta de entrada a los cigarrillos
 

Al igual que otras investigaciones, esta publicación expone los riesgos de una práctica promocionada por las compañías tabacaleras, que promueven el vapeo como una alternativa segura al tabaco tradicional.

Los hallazgos registrados hasta la fecha demuestran que los niños, adolescentes y adultos jóvenes que vapean tienen aproximadamente tres veces más probabilidades de empezar a fumar cigarrillos convencionales que quienes no los usan. Una revisión publicada el año pasado en Carcinogenesis concluyó que los cigarrillos electrónicos con nicotina son probablemente cancerígenos y pueden aumentar el riesgo de cáncer oral y de pulmón.

A su vez, estudios más recientes muestran que los sabores dulces, mentolados y frutales, que también son ampliamente promocionados, pueden aumentar el consumo de nicotina y el riesgo de adicción.

 Utilizar vapeadores incrementa las probabilidades de comenzar a fumar cigarrillos convencionales.
Utilizar vapeadores incrementa las probabilidades de comenzar a fumar cigarrillos convencionales.

En otro estudio de la Universidad Johns Hopkins, los investigadores descubrieron que el níquel, el cromo y el plomo estaban presentes en diversos tipos de dispositivos, con partículas de metales tóxicos detectadas en todas las muestras.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 100 millones de personas– incluyendo al menos 15 millones de niños– usan cigarrillos electrónicos.

Más allá de la nicotina
 

Para funcionar, los cigarrillos electrónicos calientan un líquido que se convierte en un aerosol que es inhalado por los usuarios. Se trata de mezclas químicamente complejas que no solo están compuestas por nicotina, que ya de por sí es dañina y altamente adictiva.

Entre estas sustancias se incluyen metales tóxicos, contaminantes atmosféricos, aromatizantes y compuestos cancerígenos provenientes del hardware del dispositivo o de los ingredientes del líquido. Las altas temperaturas en el elemento calefactor (la resistencia del dispositivo), combinadas con los químicos del líquido, también pueden generar nuevos compuestos que contienen metales, según los investigadores.

La inhalación de metales tóxicos y otros contaminantes puede causar inflamación, alterar el desarrollo pulmonar e inmunitario y provocar problemas respiratorios y enfermedades a largo plazo. Algunos metales, como el zinc y el cobre, son esenciales en pequeñas cantidades, pero dañinos en niveles elevados.

“Queda por determinar si estos metales detectados en los pulmones permanecen confinados al sistema respiratorio o si entran en la circulación para acumularse en órganos distantes, lo cual requiere mayor investigación”, escribieron los investigadores. “Esta posibilidad de redistribución amplía las posibles implicaciones para la salud del vapeo más allá de las lesiones pulmonares locales”, añadieron.

Reducción de los niveles de hierro
 

Al mismo tiempo, la exposición al vapeo redujo significativamente los niveles de hierro en los pulmones hasta un punto que los investigadores consideraron preocupante. El hierro es esencial para el transporte de oxígeno, la función inmunitaria y la producción de energía celular, por lo que su deficiencia se ha relacionado con enfermedades pulmonares graves como la enfermedad obstructiva crónica (epoc), la fibrosis quística y el síndrome de dificultad respiratoria aguda.

Los investigadores sugieren que esta disminución podría reflejar un cambio sutil o una redistribución del hierro en el organismo, o que bien podría deberse a cambios en el metabolismo del hierro, en lugar de una simple pérdida.

En conjunto, la combinación de niveles bajos de hierro, acumulación localizada de plomo y aumentos en otros metales y metaloides (como níquel, cobre, estaño y arsénico) resulta “especialmente preocupante”, afirmaron los investigadores.

“Estos riesgos se ven agravados por la alta prevalencia del uso de cigarrillos electrónicos en adolescentes, quienes pueden ser más vulnerables a los efectos tóxicos durante periodos críticos del desarrollo”, concluyeron.