En el cielo nocturno, Marte, el próximo destino de la expansión humana más allá de la Tierra, es apenas un tenue punto anaranjado cuando se encuentra visible. Incluso observado a través de un telescopio potente, se asemeja más a una lámpara de vapor de sodio típica del alumbrado público, que a la imagen vívida del planeta árido y rojizo que conocemos por las imágenes de las sondas y rovers marcianos.

La luna, en cambio, brilla fiel casi todas las noches, cercana e imposible de ignorar. Para nosotros es mucho más que una roca gris en el cielo. Diosa, augurio, metáfora, y testigo de romances y traiciones, acompaña a la humanidad desde sus orígenes, inspirando mitos y leyendas y marcando cosechas y rituales. Mucho antes de que la ciencia midiera su distancia exacta o la fotografiara en alta resolución, la Luna ya guiaba a los navegantes y encendía la imaginación de poetas y enamorados.

La misión lunar Artemis I en la plataforma de lanzamiento, antes del despegue en noviembre de 2022 
La misión lunar Artemis I en la plataforma de lanzamiento, antes del despegue en noviembre de 2022 

Hoy, esa misma Luna que iluminó las noches de tantas generaciones ya no es un enigma lejano, sino que desde hace algunas décadas es un mundo tangible a solo tres días de viaje, y uno en el que pronto volveremos a dejar huellas. No se trata de revivir un pasado reciente de gloria y proezas, sino de un destino que, más que nunca, tiene una relevancia científica y estratégica central. Muy pronto, allí se probarán tecnologías y se empujarán los límites humanos necesarios para sostener una presencia más allá de la órbita terrestre. Y será también el primer lugar donde la humanidad se dispondrá a regresar no solo para plantar una bandera, sino para aprender a quedarse.

La tripulación de Artemis II durante una prueba de cuenta regresiva el pasado 20 de diciembre 
La tripulación de Artemis II durante una prueba de cuenta regresiva el pasado 20 de diciembre 

El hito más destacado y esperado del año es sin lugar a dudas Artemis II, el primer vuelo tripulado del nuevo programa lunar de la NASA, y el primero, en más de 50 años, que llevará a seres humanos alrededor de la Luna. Con lanzamiento previsto inicialmente para el viernes 6 de febrero, cuatro astronautas viajarán a bordo del cohete Space Launch System (SLS) y la nave Orion para poner a prueba todos los sistemas críticos en condiciones reales de operación en el espacio profundo. A diferencia de Artemis I, que fue un vuelo no tripulado, esta misión debe demostrar que la cápsula puede mantener con vida a cuatro personas durante diez días.

El módulo lunar Blue Moon, de Blue Origin, diseñado para misiones de alunizaje y logística
El módulo lunar Blue Moon, de Blue Origin, diseñado para misiones de alunizaje y logística

Además, antes de salir hacia la órbita lunar, la tripulación realizará maniobras con la etapa superior del cohete para simular futuros acoplamientos al Gateway, una pequeña estación espacial que orbitará la Luna de forma permanente, y desde donde los astronautas descenderán a la superficie en futuras etapas del programa. Luego, la nave seguirá una trayectoria en forma de ocho, pasando a unos 10,000 kilómetros de la cara oculta de la Luna, más lejos de lo que cualquier ser humano haya llegado antes, para luego aprovechar la gravedad lunar y terrestre para regresar a la Tierra de forma natural. En pocas palabras, es el ensayo general antes de que la humanidad vuelva a pisar la Luna con la misión Artemis III.

El módulo lunar Blue Ghost, de Firefty Aerospace, junto a rover Rashid 2 de los Emiratos Árabes Unidos 
El módulo lunar Blue Ghost, de Firefty Aerospace, junto a rover Rashid 2 de los Emiratos Árabes Unidos 

Para este primer trimestre del 2026 también se espera que Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos, concrete el alunizaje exitoso del Blue Moon Mark 1, su módulo lunar no tripulado. Se trata de un vehículo de transporte diseñado para descender de manera autónoma sobre cualquier punto de la superficie y entregar hasta tres toneladas de carga científica y tecnológica principalmente de la NASA, en lo que será una demostración decisiva antes de evolucionar hacia versiones más grandes y complejas. El MK1 será lanzado por el New Glenn, el cohete orbital gigante de Blue Origin que tuvo su vuelo inaugural a principios de 2025, y buscará posarse sobre el Polo Sur lunar, la zona más codiciada de nuestro satélite por la presencia de hielo.

Hasta el momento, China es el único país que ha logrado aterrizar con éxito en la cara oculta de la Luna. Lo hizo por primera vez en 2019 con la misión Chang'e 4 y repitió la hazaña en 2024 con la Chang'e 6, que además trajo muestras de esa zona a la Tierra. Ahora, la empresa Firefly Aerospace busca convertir a Estados Unidos en la segunda nación en posarse ahí, y en la primera en hacerlo mediante una iniciativa privada.

 Ilustración conceptual del alunizador Griftin, de Astrobotic, y su vehículo explorador
Ilustración conceptual del alunizador Griftin, de Astrobotic, y su vehículo explorador

Con lanzamiento previsto para mediados de año, la misión Blue Ghost Mission 2 intentará establecer una infraestructura de comunicaciones en una zona conocida por su silencio radioeléctrico. Como esta cara de la Luna no tiene visión directa con nuestro planeta, utilizará un vehículo aterrizador, el Blue Ghost, y una nave que permanecerá en la órbita lunar haciendo de repetidor, la Elytra Dark, imprescindible para que el Blue Ghost pueda enviar sus datos a la Tierra. La misión transportará seis cargas científicas de cinco países distintos y, además, llevará a bordo el rover Rashid 2 de los Emiratos Árabes Unidos, que realizará estudios de la superficie lunar mientras se prueban tecnologías que serán críticas para futuras bases humanas permanentes en la Luna.

Para julio de este mismo año también está proyectado el lanzamiento de la misión Griffin-1, de Astrobotic, una empresa estadounidense especializada en servicios robóticos y logísticos para la exploración lunar, y un componente clave del programa Artemis. A bordo de un potente cohete Falcon Heavy de Space X, Griffin-1 llevará un vehículo de exploración de unos 500 kg al polo sur de la Luna, para investigar el terreno y el entorno lunar. Será, a la vez, precursor de futuros rovers con mayor capacidad de transporte de carga y, potencialmente, tripulación.

El módulo lunar Nova-C de Intuitive Machinesque apunta a explorar la región de Reiner Gamma
El módulo lunar Nova-C de Intuitive Machinesque apunta a explorar la región de Reiner Gamma

La segunda mitad del año también contempla el lanzamiento de la misión científica IM-3, de Intuitive Machines, la empresa norteamericana que en 2024 logró el primer aterrizaje en la luna en medio siglo. A diferencia de las misiones que buscan agua en los polos, la IM-3 se dirige a una región ecuatorial misteriosa llamada Reiner Gamma, famosa por sus extrañas anomalías magnéticas que los científicos aún no terminan de explicar. Esta misión llevará además el primer satélite de una futura red repetidora de datos lunares, para que en los próximos años cualquier vehículo o nave en la superficie pueda estar conectada permanentemente con la Tierra, incluso si se encuentra en zonas sin visibilidad directa.

Para agosto se espera el despegue de la misión Chang'e 7, el proyecto más complejo y ambicioso que China ha diseñado hasta la fecha para explorar la Luna. No se trata de un único vehículo, sino de una verdadera flota robótica que trabajará en conjunto investigando el Polo Sur lunar en busca de agua helada. Se desplegarán cuatro naves diferentes: un orbitador para observación y mapeo, un módulo de aterrizaje que se posará en el borde del cráter Shackleton, un rover optimizado para el terreno polar y una pequeña sonda robótica voladora capaz de “saltar” hacia el interior de los cráteres en sombra permanente para analizar directamente el hielo.

 Diagrama de la misión Change 7 de China, con sus cuatro elementos principales y zonas de alunizaje.
Diagrama de la misión Change 7 de China, con sus cuatro elementos principales y zonas de alunizaje.

2026 no será un año de misiones espaciales aisladas, sino el inicio de una nueva carrera por establecer una presencia permanente en nuestro satélite natural, donde el hielo oculto del Polo Sur promete agua, oxígeno y combustible. Mientras Estados Unidos, a través de Artemis y sus socios comerciales busca recuperar el liderazgo del pasado y preparar bases habitables, China avanza a paso firme hacia su propia Estación de Investigación Lunar, un proyecto que encabeza junto a Rusia y una coalición de países. Más allá de las rivalidades, estos dos proyectos paralelos marcan el momento en que la humanidad deja de visitar la Luna para empezar a habitarla, convirtiéndola en un puente hacia Marte y las estrellas. Ya no como un sueño lejano, sino como un hogar permanente más allá de la Tierra.