El financiamiento destinado al sector agropecuario y agroindustrial mostró una fuerte recuperación durante el primer semestre de 2026, pero el crecimiento del crédito todavía no alcanza para cubrir las necesidades de inversión y producción de las distintas cadenas del campo.
De acuerdo con un informe elaborado por CONINAGRO sobre la base de datos del Banco Central, el stock total de préstamos al sector llegó en junio a USD 12.303 millones, lo que representa un incremento interanual del 37%. En términos absolutos, significó una inyección adicional de USD 3.329 millones respecto del mismo mes de 2025.
El agro también ganó participación dentro del sistema financiero argentino. La producción primaria y las cadenas agroindustriales explicaron el 30,5% del total de los préstamos de la economía, frente al 28,7% registrado un año atrás.
Sin embargo, detrás de la recuperación aparece el principal dato del informe: el nivel de financiamiento continúa siendo bajo en relación con la escala productiva del sector.
El crédito crece, pero no acompaña el volumen de producción
El caso agrícola es uno de los ejemplos más claros. El stock de crédito destinado a cereales, oleaginosas y forrajeras alcanzó los USD 5.049 millones a junio de 2026.
Ese monto representa apenas el 10,6% del Valor Bruto de Producción anual de los seis principales cultivos, estimado por CONINAGRO en USD 47.348 millones.
Medido de otra manera, con una producción estimada cercana a los 157 millones de toneladas para la campaña 2025/26, el financiamiento equivale a unos USD 32 por tonelada producida.
La fotografía se repite en otras actividades. En la ganadería bovina, por ejemplo, el stock de crédito llegó a USD 1.562 millones, equivalente al 7,4% del Valor Bruto de Producción. En relación con el stock ganadero, representa unos USD 30 por cabeza.
El informe señala además que, considerando un costo de engorde de un novillito de $3.000 diarios, ese nivel de crédito alcanzaría apenas para sostener 15 días de engorde por animal.
Las cadenas también concentran buena parte del aumento
El crecimiento del financiamiento no fue uniforme, aunque nueve de las doce ramas analizadas mostraron una evolución positiva.
La producción de frutas encabezó el incremento porcentual, con una suba interanual del 125%, seguida por la producción de granja, con 88%, y el sector ovino, con 80%.
En términos de volumen de capital, el mayor crecimiento se concentró en las cadenas de mayor peso dentro del agro.
Cereales, oleaginosas y forrajeras incorporaron USD 1.597 millones adicionales, un aumento del 46% interanual. Por su parte, las actividades vinculadas con el procesamiento de carnes, frutos, legumbres y aceites sumaron otros USD 1.407 millones, con una expansión del 62%.
En conjunto, estas dos ramas explicaron buena parte del incremento total del crédito agropecuario durante el período.
El dólar aparece como la alternativa más conveniente
Otro de los datos relevantes del informe es la fuerte presencia del financiamiento en moneda extranjera.
El 64% del crédito destinado al sector agroindustrial se canalizó en dólares, mientras que el 36% restante correspondió a préstamos en pesos. En el caso del sector cerealero, la proporción de deuda en moneda extranjera llegó al 75%.
La diferencia también aparece en el costo financiero.
Mientras que la tasa promedio de los créditos en pesos aumentó del 49,3% al 52,4% interanual, la tasa promedio de los préstamos en dólares cayó del 7,8% al 5,7%.
Según el análisis de CONINAGRO, al considerar la evolución interanual del tipo de cambio, el costo financiero equivalente de los préstamos en dólares se ubicó cerca del 29,7% en pesos, por debajo del costo promedio de los créditos en moneda nacional.
Para algunas actividades, sin embargo, el financiamiento en pesos continúa teniendo un costo particularmente elevado. En el sector bovino, la tasa promedio alcanzó el 59%, un nivel que presiona sobre los márgenes productivos.
El desafío ahora es que el crédito acompañe la inversión
Los números muestran una recuperación significativa del financiamiento agropecuario, pero también exponen una limitación estructural: el crédito crece, aunque todavía representa una proporción reducida frente al tamaño de la producción que debe financiar.
La discusión, por lo tanto, ya no pasa solamente por conseguir que aumente el stock de préstamos. El desafío es lograr que ese financiamiento tenga suficiente volumen, plazo y costo para acompañar inversiones, capital de trabajo, reconversión tecnológica y crecimiento de las distintas cadenas productivas.
El dato del 37% funciona así como una señal positiva, pero también como una advertencia: el agro tiene más crédito que hace un año, aunque todavía necesita mucho más financiamiento para que la recuperación se traduzca en mayor producción, inversión y capacidad exportadora.

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