La historia del ejecutivo que demostró que salvar miles de empleos aumenta las ganancias

Mientras el país conmemora hoy a la comunidad empresarial, el hombre que inspiró la fecha está a un paso de ser el primer empresario beatificado de la historia, en momentos en que las pymes cierran, las Empresas B se multiplican y la inteligencia artificial todavía no se mide

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Este 27 de agosto, mientras Argentina conmemora el Día Nacional de la Comunidad Empresarial, el hombre que le dio origen a la fecha está a un paso de convertirse en el primer empresario beatificado en dos mil años de historia de la Iglesia católica.

Se trata de Enrique Shaw, empresario argentino que murió en Buenos Aires un 27 de agosto de 1962, a los 41 años. El Vaticano confirmó en diciembre de 2025 el milagro que habilita su beatificación durante este 2026.

La Ley 27.719, sancionada por el Congreso en 2023, eligió justamente esa fecha —la de su muerte— para instituir el homenaje anual a toda la comunidad empresarial argentina.

Detrás de la efeméride hay una biografía poco convencional. Shaw fue director general de Cristalerías Rigolleau y presidente de Pinamar S.A., la desarrolladora de la ciudad balnearia.

En 1952 cofundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), que sigue activa siete décadas después. También impulsó el salario familiar en la Argentina, una medida pionera para su época.

En una crisis de su propia empresa, evitó despidos con un plan que recuperó la rentabilidad sin tocar el empleo de sus 3.400 obreros. La coherencia entre negocio y bien común fue, para él, un método de gestión.

Esa idea —que una empresa rentable y un actor de bien común no son incompatibles— es, seis décadas después, el eje de un movimiento económico concreto: las Empresas B.

Argentina ya tiene 300 Empresas B certificadas, el segundo número más alto de América Latina después de Brasil. Solo en lo que va de 2026 se sumaron 68 compañías nuevas, un récord para el movimiento.

Esa comunidad B genera más de 47.800 puestos de trabajo y factura unos US$ 5.917 millones al año, según el propio Sistema B. Implica auditorías periódicas y objetivos verificables, no solo una declaración de intenciones.

El resto del universo empresario argentino muestra una foto más difícil. Al cierre de febrero de 2026 había 487.920 unidades empleadoras con personal declarado en el país, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

Desde diciembre de 2023 cerraron 24.437 empresas, el 4,8% del total, con diecisiete meses seguidos de caída hasta mayo. Son las mismas pymes que, según CAME, generan la mitad del PBI y el 70% del empleo privado.

La otra variable que redefine qué significa "ser empresa" hoy es la inteligencia artificial. Una encuesta de la Universidad Di Tella, Fundar y el Observatorio PyME, con apoyo del BID, ya mide el fenómeno.

El 41,6% de las pymes argentinas usa alguna herramienta de IA, sobre todo para generar texto y código. En el software la adopción llega al 85,4%; en alimentos, apenas al 29,9%.

El dato incómodo es otro: solo el 4% de esas empresas tiene presupuesto asignado para IA, y el 95,5% no sumó ni un perfil especializado para gestionarla. Adoptar no es lo mismo que profesionalizar.

Ese contraste —empresas que cierran, empresas que se certifican, empresas que improvisan con IA sin medir resultados— fue parte de el plan que el empresariado debatió en un encuentro de IDEA para pensar la economía argentina.

En Rosario y la región, esa discusión no es abstracta. El puerto, la agroindustria y la metalmecánica dependen de miles de empresas medianas y chicas que discutieron su propio futuro en el último foro agtech de la Bolsa de Comercio.

Shaw será el primer empresario en llegar a los altares, pero la pregunta que atravesó su carrera sigue sin una respuesta única seis décadas después de su muerte.

Mientras tanto, el 95,5% de las pymes que ya adoptaron inteligencia artificial todavía no sumó a nadie que se ocupe de gestionarla, y el 57% ni siquiera mide si esa herramienta realmente funciona.

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