Bicicletas: un sector que no pedalea por demora y suba en el precio de los insumos

La explosión de la demanda a nivel mundial y el atraso en las fábricas de componentes, hacen tambalear a un negocio que en Argentina depende de la importación para producir

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Se trata de un sector que creció con fuerza al comienzo de la pandemia, cuando muchas personas decidieron optar por la bicicleta como su principal medio de transporte, al verlo más seguro a la hora de evitar contagios de Covd-19. La Cámara Industrial de la Motocicleta, Bicicleta, Rodados y Afines (Cimbra), anticipó semanas atrás que, con 1,6 millones de unidades vendidas, el 2020 superó al 2017, el último gran año para el negocio, donde se concretaron cerca de un 1,5 millones de ventas.

Sin embargo, los fabricantes de este vehículo están lejos de encontrarse tranquilos ya que al tratarse de un negocio que depende en gran medida de la importación de componentes, la sobredemanda a nivel mundial (principalmente de países de Europa y Estados Unidos) y el atraso en la producción de insumos por parte de las industrias asiáticas, ponen en jaque, desde importantes empresas, a cientos de pequeños talleres a lo largo del país.

Nadie se quiere quedar afuera

"La demanda subió por encima de un 200% en algunos países y eso hizo que la cadena de suministros no estuviera preparada para hacerle frente. Todos los tiempos de producción se demoraron y la suba de pecios fue increíble", señaló a Ecos365 Javier Mosca, gerente de División Bicicletas de Motomel, una firma que además de trabajar con marcas propias, en noviembre hizo un acuerdo para empezar a ensamblar las bicicletas suizas de la marca Scott en su complejo de La Emilia, a pocos km de la ciudad de San Nicolás.

"Si vos hoy hacés una orden de compra a la fabricante de componentes Shimano en Japón, la entrega es recién para agosto 2022, cuando antes podía llegar a demorar entre dos o tres meses. Y en este negocio, si te falta algo mínimo, hasta un tornillo, no podés terminar la fabricación y por ende no vendés", destacó Mosca.

Si bien cuando empezó la pandemia en China, y se fue extendiendo a países asiáticos, se detuvo por un tiempo la fabricación, a poco de andar los contagios en el continente fueron bajando y las fábricas retomaron su funcionamiento. Pero como un efecto dominó, para esas fechas el coronavirus ya había empezado a hacer estragos en Europa y tanto las plantas industriales al igual que los negocios cerraron sus puertas, ocasionando lacaída de una gran cantidad de pedidos.

"Viendo lo que pasaba, en Asia relajaron la producción porque ya no tenían a quien venderle todo lo que fabricaban", señaló Kevin Strala, al frente de Toto Bikes en Rosario, negocio con el cual empezó a ensamblar y comercializar bicicletas siete años atrás. "El tema fue que luego de un tiempo, todas las industrias en el mundo comenzaron a reactivarse, pero las plantas no tenían la posibilidad de absorber todos los pedidos que empezaron a llegarles", agregó.

En Argentina, las industrias y comercios se paralizaron con el comienzo del otoño y si bien el escenario causó una gran preocupación, ya para invierno el malestar fue quedado atrás con la disparada de las ventas. El fenómeno se explica no solo por el hecho de que las bicicletas inspiraban más confianza a los usuarios para trasladarse que el transporte público. También a nivel local, el largo paro de colectivos que se extendió durante varias semanas motivó a las personas a buscar una movilidad propia.

Los modelos de bicicletas Scott que se venden en Argentina son variados y van desde los $130 mil a los $2 millones cada uno.

Mosca afirmó que unos meses atrás los números eran muy buenos, sobre todo si se los compara con las ventas de 2019, un mal año para el sector con cerca de 600 mil unidades vendidas según datos de Cimbra. Sin embargo, la comercialización viene cayendo y el pronóstico a corto plazo no es bueno.

"Fueron bajando  las ventas porque hubo una suba muy grande en el precio de las bicicletas, que se explica por el aumento en los costos, tanto de origen, como en el traslado. Un contenedor traído de China que hace un año valía u$s 2 mil hoy sale u$s 10 mil, solo la logística, a eso hay que sumar el costo de hacerlo ingresar al país. Si nos situamos en el lugar del consumidor, una bicicleta que salía en marzo $40 mil hoy está arriba de los $60 mil", precisó el referente de Motomel.

Reactivación nacional

Los fabricantes de bicicletas nacionales utilizan una gran cantidad de componentes importados para su armado. Entre los motivos de esta elección señalan la ausencia de producción nacional en algunos de los artículos, la inferior calidad de otros en comparación con los que provienen de afuera y hasta un precio más caro para lo que es su compra en el país.

En el caso de Toto Bikes, Strala indicó que los caños que utiliza son de producción nacional y también las llantas, que son hechas por la empresa rosarina Houston, a su vez los cuadros de las bicicletas urbanas son elaborados por ellos en su taller. Sin embargo, todo lo que son accesorios más chicos, como el puño, el asiento, los frenos y rayos, ingresan desde afuera.

“Acá hay fabricación, no es que en el país no se hace nada, pero algunos insumos directamente son de peor calidad y cuestan más que si los hacés traer de afuera, esto a pesar de todos los aumentos que viene teniendo la mercadería, donde una cadena que hace un año salía $80 a precio de costo, hoy te sale $220”.

Por su parte, Mosca destacó que los proveedores que se encuentran en el mercado en muchos casos tienen maquinarias viejas y fabrican componentes de tecnologías que quedaron antiguas ante el avance de otros países: “nosotros tenemos algunos modelos de bicis donde ya estamos metiendo cámaras y cubiertas nacionales. Igualmente, hoy es imposible hacer una unidad que tengan solo componentes argentinos porque no hay fabricación para todos insumos que se requieren”.

La fabricación de llantas es uno de los fuertes de la industria nacional dentro del sector.

Javier Weller es el titular de Lola Bikes, un taller con poco back en este mercado, pero que, según su dueño, logró un importante crecimiento en el último año. Este contó a Ecos365 que las empresas mayoristas establecieron órdenes de compra mínimas para entregar mercadería, las cuales pueden superar los $100 mil. Incluso algunos llegaron a pedirle dólares para concretar la entrega.

“Yo pude comprar mercadería para armar en su momento 50 bicicletas y con eso me vengo arreglando porque todavía me queda stock, pero uno de los mayoristas más importantes pidió un contenedor a China y le dijeron que la demora es de un año. Da tristeza de solo pensar que en el país y más acá, en localidades del cordón industrial como San Lorenzo, se fabricaban los insumos necesario para hacer una bici y durante los noventa esa industria se destruyó”, precisó Weller.

La situación es crítica, sobre todo para los pequeños talleres y nuevos jugadores que ingresan al negocio con menos recursos y capacidad de destinar sus ingresos a terceros para la compra de componentes. De hecho, en el sector estiman que cientos de talleres podrían cerrar en los próximos meses por la incertidumbre actual y las escasas expectativas de que aparezca una solución a corto plazo.

“Si la marca Scott, un jugador importantísimo dentro del mercado y que compra en volúmenes enormes, está teniendo demoras, qué nos queda al resto”, bromeó Mosca. Sin embargo, se mostró optimista sobre la posibilidad de darle impulso a la industria nacional si las políticas estatales acompañan su reactivación.

“Yo creo que hay posibilidad de fortalecer la producción si el Gobierno incentiva la instalación de fábricas de algunos componentes, dándoles beneficios impositivos o con buenos costos de materia prima, porque  también pasa que hoy te sale lo mismo comprar materiales para fabricar que traer terminado de afuera. Hay que solucionar esas asimetrías y hacer un plan de sustitución de importaciones basados en el beneficio a empresas locales, así se puede crecer mucho”, afirmó el gerente de divisiones de Motomel.

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