El dato que preocupa: el crédito ya se usa para comprar alimentos y pagar otras deudas

La mitad de los argentinos reconoce haberse atrasado en algún pago y el 63% de los deudores no tiene certeza de poder cumplir con sus compromisos. La mora de las familias podría seguir creciendo

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La deuda de los hogares argentinos empieza a mostrar una señal cada vez más preocupante: el crédito ya no se utiliza principalmente para comprar bienes durables, realizar proyectos o afrontar grandes gastos, sino para cubrir necesidades cotidianas.

Según el Informe Nacional de agosto de 2026 elaborado por la consultora Casa 3, el 58% de los argentinos se endeudó en los últimos meses mediante préstamos, tarjetas de crédito u otras formas de financiamiento.

Pero el dato que más llama la atención está en el destino de ese dinero. El 62% del crédito fue utilizado para sostener el consumo básico del hogar.

El relevamiento fue realizado entre el 10 y el 17 de agosto sobre 1.200 casos en todo el país, con una metodología mixta presencial, telefónica y online. El margen de error fue de 2,9%, con un nivel de confianza del 95,45%.

El crédito ya no alcanza para comprar: se usa para llegar a fin de mes

El principal destino del endeudamiento fue la compra de alimentos, con el 26%. En segundo lugar aparecen los gastos cotidianos del hogar, con el 21%, mientras que otro 15% correspondió al pago de servicios, impuestos u otras obligaciones.

En otras palabras, buena parte de las familias no está tomando deuda para adquirir un producto que pueda pagar con sus ingresos futuros, sino para afrontar gastos que vuelven a aparecer todos los meses.

El dato más significativo es que el 14% recurrió al crédito directamente para pagar otras deudas, una señal de que comienza a formarse un círculo de endeudamiento difícil de cortar.

Muy por detrás quedaron otros destinos tradicionalmente asociados al crédito de consumo:

* 7% para comprar bienes en cuotas.

* 5% para mejoras o reparaciones de la vivienda.

* 5% para financiar un emprendimiento o actividad laboral.

* 3% para gastos de salud o educación.

* 2% para comprar un vehículo o una vivienda.

La diferencia es clave. Cuando una persona se endeuda para comprar un bien durable, ese gasto puede quedar resuelto una vez adquirido el producto. En cambio, cuando el crédito se utiliza para comprar alimentos o pagar gastos corrientes, la necesidad vuelve a aparecer al mes siguiente.

Más de la mitad de los argentinos ya se atrasó en algún pago

La otra cara del endeudamiento aparece en los pagos atrasados.

De acuerdo con el relevamiento, el 54% de los argentinos dejó de pagar algo o se atrasó por motivos económicos en los últimos meses, mientras que el 44% aseguró no haberlo hecho.

Entre quienes tuvieron atrasos, los servicios básicos fueron los compromisos que más se postergaron.

El ranking quedó de la siguiente manera:

* 46%: servicios como luz, gas, agua, internet y teléfono.

* 36%: tarjeta de crédito.

* 33%: préstamos u otras deudas.

* 21%: impuestos.

* 18%: compras fiadas o pagos informales.

* 12%: alquiler.

* 12%: cuotas escolares o universitarias.

* 9%: obra social o prepaga.

La situación tampoco afecta a todos por igual. Entre los hogares de menores ingresos, el porcentaje de personas que se atrasó llega al 72%, frente al 43% en el segmento medio y el 30% entre los sectores de mayores ingresos.

Por edades, el mayor nivel de atraso aparece entre las personas de 45 a 60 años, con un 64%. Le siguen quienes tienen entre 30 y 44 años, con 60%.

El dato que anticipa una nueva escalada de la mora

La señal más preocupante aparece cuando se pregunta a los propios deudores si creen que podrán pagar sus compromisos.

Solo el 36% considera que podrá saldar sus deudas. En cambio, el 37% cree que no podrá hacerlo y otro 26% directamente no sabe qué ocurrirá.

Así, el 63% de los deudores argentinos no tiene certeza de poder cumplir con sus obligaciones.

La incertidumbre aumenta con la edad. Entre los deudores de 16 a 29 años, el 54% cree que podrá pagar. Ese porcentaje cae al 33% entre los 30 y 44 años, al 30% entre los 45 y 60, y llega apenas al 25% entre los mayores de 60.

Por nivel socioeconómico también aparece una diferencia importante: entre los sectores de menores ingresos, solo el 30% confía en poder cancelar sus deudas, mientras que el 42% cree que no podrá hacerlo.

La mora oficial todavía no refleja todo el riesgo

Los datos de la encuesta muestran una expectativa de deterioro que podría superar la morosidad actualmente registrada en el sistema financiero.

Según trascendió, los datos del Banco Central muestran que la irregularidad de los créditos a familias llegó al 12,8% en junio, mientras que los préstamos personales alcanzaron una mora del 16,3% y las tarjetas de crédito, del 12,6%.

La diferencia entre ese 12,8% de mora efectiva y el 37% de personas que considera que no podrá pagar sus compromisos es uno de los principales motivos de preocupación.

No se trata necesariamente de que todos esos deudores vayan a caer en mora, pero sí de una señal de que existe un universo importante de familias cuya capacidad de pago está bajo presión.

El problema de fondo: ingresos que no alcanzan

Los números permiten entender por qué la discusión sobre la deuda de los hogares no pasa únicamente por refinanciar tarjetas o extender los plazos de los préstamos.

Si una familia utiliza el crédito para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir otras deudas, refinanciar el compromiso puede aliviar la cuota, pero no elimina la necesidad que generó el endeudamiento.

El próximo mes volverán a aparecer el supermercado, las facturas, el alquiler y los demás gastos cotidianos.

Por eso, el 14% que ya utiliza crédito para pagar otras deudas aparece como una de las señales más claras de la situación: parte de los hogares necesita asumir nuevos compromisos financieros para poder cubrir compromisos anteriores.

Mientras los ingresos no recuperen suficiente capacidad para cubrir los gastos corrientes sin recurrir al crédito, la presión sobre las familias y el riesgo de una mayor morosidad seguirán presentes.

Una señal que va más allá de los bancos

El informe también plantea un desafío para bancos, fintech, emisores de tarjetas y empresas que ofrecen financiamiento.

La morosidad no aparece solamente como un problema de recuperación de deuda: también puede convertirse en una señal sobre la capacidad real de consumo de los hogares.

El dato central es contundente: el crédito dejó de ser, para una parte importante de las familias, una herramienta para comprar algo más adelante y pasó a convertirse en un mecanismo para poder afrontar los gastos de hoy.

Y cuando el crédito se utiliza para comprar comida o pagar una deuda anterior, el margen para seguir tomando deuda comienza a reducirse.

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