Día de la Industria: El delito que dio nacimiento a la primera exportación de la historia nacional

El festejo nació en 1941 para honrar a la producción argentina, pero en 2026 conviven una industria nacional que cae 2% con una Santa Fe que exporta más aunque con menos manufactura de valor agregado en cada envío

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Cada 2 de septiembre la Argentina conmemora el Día de la Industria, una fecha instaurada en 1941 para homenajear a la producción nacional. El episodio que le dio origen, sin embargo, tiene una vuelta de tuerca poco conocida.

El 2 de septiembre de 1587 zarpó desde el Riachuelo el bergantín San Antonio, rumbo a Brasil, cargado con textiles, mantas, sombreros y harina fabricados en Santiago del Estero. Se lo considera la primera exportación registrada del territorio que hoy es Argentina.

Había un problema de fondo: en la bodega también viajaban barras de plata del Potosí, contrabandeadas y prohibidas por una real cédula de la Corona española. La primera "exportación" argentina fue, en rigor, un delito de contrabando denunciado por el propio gobernador de Tucumán.

Esa paradoja fundacional —producción legítima empaquetada junto a un atajo regulatorio— no suena tan lejana a los dilemas que atraviesan hoy muchas empresas de la Región Centro, siempre entre la norma y la necesidad de competir.

Un informe reciente del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) mostró que la producción fabril acumuló una caída del 2% en los primeros siete meses de 2026, con la industria automotriz retrocediendo un 18% interanual.

El sector se mantiene, según ese mismo relevamiento, un 10% por debajo de los niveles promedio que había alcanzado en 2022 y 2023, en línea con lo que ya venía marcando la crisis de sectores fabriles puntuales como el textil.

La fotografía santafesina, en cambio, muestra otro color. Las exportaciones de la provincia crecieron 28,1% en los primeros cinco meses de 2026 y superaron los USD 13.500 millones, consolidando el segundo puesto en el ranking nacional.

Ese salto lo explica, en gran parte, la agroindustria: una campaña agrícola que apunta a ser récord y el rol cada vez más central de los puertos del Gran Rosario en el comercio exterior argentino.

El dato que cambia la lectura es otro: las manufacturas industriales de mayor valor agregado cayeron 16,3% en valor durante el primer trimestre y hoy representan apenas el 8% de las exportaciones provinciales.

Santa Fe le vende cada vez más al mundo, pero con menos transformación propia adentro de esas ventas. Es la paradoja del Día de la Industria en su versión 2026: crece el volumen, no siempre crece el valor agregado.

Para una pyme industrial de Rosario o del cordón santafesino, esa brecha no es un dato abstracto. Marca la diferencia entre vender una materia prima o vender un producto terminado, con mejor margen y más empleo asociado por dólar exportado.

Algunas compañías de la región ya se movieron en esa dirección, apostando a la inteligencia artificial y a la automatización de procesos para achicar una brecha de costos que hoy juega en contra de la manufactura local.

Una pyme santafesina que decidió meterse en la minería directa es un ejemplo de cómo, lejos de los grandes jugadores del acero o el petróleo, aparecen nichos de valor agregado a escala más chica.

Otras discuten con el Gobierno nacional un esquema propio de incentivos, pensado a la medida de la industria pyme y no solo de las inversiones de gran escala.

La tensión entre agroexportación e industria manufacturera no es nueva en la historia económica argentina, pero reaparece cada vez que sube el precio internacional de los commodities y baja la competitividad fabril.

Convivir con esa tensión, más que resolverla de una vez, parece ser la condición estructural de una economía regional que exporta cada vez más toneladas sin exportar siempre más trabajo argentino incorporado.

El desafío de fondo, 439 años después de aquel viaje del San Antonio, sigue siendo parecido: transformar la materia prima en producto de valor antes de que cruce la frontera, y no después.

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