Hace apenas algunos meses, una rueda como la de esta semana habría generado una reacción inmediata del Gobierno. Un dólar oficial avanzando con fuerza, el contado con liquidación escalando, el MEP acompañando el movimiento y los contratos de futuros reflejando mayores expectativas de devaluación habrían sido interpretados como una señal de alarma.
Hoy, en cambio, el mercado parece leer algo diferente.
La pregunta ya no es si el Gobierno está dispuesto a intervenir para frenar cada avance del tipo de cambio. La verdadera incógnita pasó a ser otra: ¿hasta qué nivel considera aceptable que suba el dólar antes de actuar?
Ese cambio de percepción no surgió de un discurso oficial ni de un anuncio del Ministerio de Economía. Se fue construyendo a partir de los hechos. En las últimas semanas, el Banco Central dejó que el tipo de cambio recorriera buena parte de la banda sin responder con intervenciones agresivas, mientras el equipo económico reforzaba un mensaje que empieza a consolidarse entre los operadores: el precio del dólar también forma parte del proceso de normalización de la economía.
Con el mayorista instalado en torno a $1.489, un avance cercano al 5% durante junio, un MEP en la zona de $1.520 y un contado con liquidación que supera los $1.560, el mercado ya no habla de atraso cambiario ni de atraso corregido. Empieza a hablar de un nuevo equilibrio cambiario.
La lógica oficial
La estrategia tiene una explicación económica.
Durante buena parte del primer semestre, la fuerte desaceleración de la inflación fue acompañada por un tipo de cambio que avanzó bastante menos que los precios internos. Esa dinámica alimentó nuevamente el debate sobre el atraso cambiario y comenzó a generar preocupación en algunos sectores exportadores.
Ahora el Gobierno parece dispuesto a aceptar una recuperación parcial del tipo de cambio real siempre que ese proceso no comprometa el principal activo político y económico de la gestión: la baja de la inflación.
En otras palabras, un dólar más alto no necesariamente representa un problema. Lo sería si esa suba terminara trasladándose rápidamente a los precios.
Un equilibrio delicado
Por eso el Ministerio de Economía enfrenta un desafío complejo.
Si interviene demasiado temprano, volverán las críticas por atraso cambiario.
Si deja correr demasiado el tipo de cambio, corre el riesgo de deteriorar las expectativas inflacionarias.
Ese delicado equilibrio explica buena parte de la estrategia que el mercado intenta descifrar todos los días.
Lo que miran los operadores
En las mesas de dinero ya no se sigue solamente la cotización del dólar.
También se observan otras variables:
- la velocidad con la que sube;
- el volumen operado;
- la demanda privada;
- la liquidación del agro;
- la evolución de los contratos de futuros;
- las reservas;
- el comportamiento del Banco Central.
Cada una de esas señales ayuda a estimar cuál podría ser el rango cambiario que Economía considera compatible con su programa.
El mensaje que intenta enviar el Gobierno
La administración de Javier Milei parece buscar algo más profundo que un simple control del mercado cambiario.
Pretende convencer a los inversores de que el dólar dejó de ser una variable administrada políticamente y comenzó a responder, cada vez más, a las condiciones de oferta y demanda.
No significa que haya desaparecido la intervención oficial. Significa que el Gobierno intenta que esa intervención sea la excepción y no la regla.
¿Hasta dónde puede subir?
Esa es la pregunta que domina hoy las conversaciones entre operadores, economistas y empresas.
Nadie espera que el Gobierno permita una disparada desordenada del tipo de cambio. Pero tampoco parece existir voluntad de sostener artificialmente un precio considerado demasiado bajo.
Por eso, más que un número específico, el mercado intenta identificar una zona de comodidad para Economía: un rango en el que el dólar mejore la competitividad, no reavive las expectativas de devaluación y permita sostener el proceso de desinflación.
El verdadero cambio
Durante años, cada movimiento del dólar era interpretado como una señal de crisis.
Hoy el debate empieza a ser distinto.
El Gobierno parece dispuesto a convivir con un tipo de cambio más alto si eso contribuye a corregir desequilibrios acumulados y fortalece la consistencia del programa económico.
Por eso la discusión dejó de ser cuánto subió el dólar esta semana. La verdadera pregunta que intenta responder el mercado es mucho más estratégica: ¿cuál es el precio del dólar que el Gobierno considera compatible con el modelo económico que quiere consolidar?

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