En Argentina, febrero tiene una particularidad poco frecuente: el Día del Guardavidas se conmemora en dos fechas distintas. El 4 y el 14 de febrero conviven en el calendario como jornadas dedicadas a una labor fundamental para la seguridad en playas, ríos, lagunas y piletas

Esta doble referencia no responde a una contradicción, sino que expresa dos miradas complementarias sobre la profesión: el recuerdo de un hecho trágico que marcó un punto de inflexión y el reconocimiento formal de una actividad clave en la prevención de muertes evitables.

El origen del 4 de febrero está ligado a la figura de Guillermo Volpe, guardavidas que falleció en 1978 durante un rescate en Playa Grande, en Mar del Plata. Ese día participaba del auxilio a un bañista en un contexto de mar agitado. Si bien la persona fue rescatada, Volpe no logró salir del agua

Durante varias horas se creyó que todo el equipo había regresado a la costa, hasta que se advirtió su ausencia y se inició una búsqueda que se extendió por tres días. Su cuerpo fue hallado el 7 de febrero en una escollera cercana y la autopsia indicó que había sufrido un infarto mientras realizaba el rescate.

El impacto de su muerte generó un cambio en la percepción social sobre los riesgos que enfrenta el guardavidas, incluso con entrenamiento y experiencia. A partir de ese episodio, empezaron a discutirse con mayor intensidad aspectos como la exigencia física del trabajo, los límites de edad, la cantidad de personal necesario por sector y la implementación de protocolos más estrictos

Desde entonces, el 4 de febrero quedó establecido como una fecha de homenaje y reflexión, impulsada principalmente por el propio colectivo y los sindicatos del sector.

El 14 de febrero, en cambio, tiene un origen institucional. Fue fijado como Día Nacional del Guardavidas a partir del Convenio Colectivo de Trabajo Nº 179/91, que regula la actividad en gran parte del país. Este reconocimiento buscó jerarquizar la profesión y visibilizarla más allá de la temporada estival, además de consolidar al guardavidas como un actor central en las políticas de prevención.

Distintos informes especializados coinciden en que la función principal del guardavidas es preventiva: alertar sobre peligros, delimitar áreas seguras, ordenar el uso de los espacios acuáticos y promover conductas responsables entre los bañistas. 

Los rescates, aunque más visibles, representan solo una parte de su labor diaria. Las estadísticas difundidas cada verano muestran que la mayoría de los ahogamientos ocurren fuera de zonas vigiladas o cuando no se respetan las advertencias, lo que refuerza el rol del guardavidas como pieza clave en la cadena de cuidado y seguridad.