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Consejos para comer de forma saludable en la oficina

El tiempo dedicado a comer en el trabajo e incluso el lugar para hacerlo pueden suponer, de forma separada o conjunta, un mayor riesgo de diabetes, obesidad, desajustes hormonales, aumento de peso e, incluso, infecciones
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Lejos o no de instaurar la cultura del tupper, hay una serie de errores que podrían evitarse independientemente de la comida que se lleve al trabajo. El primero de ellos es comer rápido. Una investigación publicada en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism alerta de que esta práctica restringe la liberación de unas hormonas en el intestino responsables de la sensación de saciedad, es decir, del hambre.

"La mayoría de nosotros hemos escuchado que comer rápido puede conducir a una ingesta excesiva de alimentos y a la obesidad", indica Alexander Kokkinos, del Hospital General Laiko de Atenas (Grecia) y autor principal del estudio. "Nuestro trabajo explica que la velocidad a la que una persona come afecta a la liberación de hormonas intestinales que indican al cerebro que deje de comer”.

De igual manera, otra práctica habitual que empeora nuestra salud es la de comer a deshoras. En trabajos con horarios flexibles y turnos alternos es común comer ‘cuando se puede’. Sin embargo, los resultados de un artículo publicado el pasado mes de mayo en Cell Metabolism alertaban de su peligro.

Es tan importante cuidar lo que comemos como cuándo lo comemos. "Cada órgano tiene un reloj", explica Satchidananda Panda, investigador del Instituto Salk de Estudios Biológicos e investigador principal del estudio. “En este caso, ocurre lo mismo que con el sueño y la vigilia. Si no dormimos bien por la noche, no estamos completamente despiertos durante el día y trabajamos peor”.

Así, que el cuerpo esté preparado para comer ayuda a estar mejor protegidos a los efectos adversos de una dieta alta en grasas. De hecho, comiendo la misma cantidad de lípidos, se gana menos peso y se sufren menos daños en el hígado.

Malos compañeros de mesa

De entre todos los posibles fallos, uno de los peores es comer delante de la computadora. Numerosos estudios confirman las mismas conclusiones que las investigaciones realizadas sobre las consecuencias de almorzar delante del televisor.

“Comer delante de una pantalla no solo hace que comamos más o nos sintamos menos llenos, sino que, además, también comemos más después”, explica a Sinc Jeff Brunstrom, profesor del área de Nutrición y Comportamiento de la Universidad de Bristol (Reino Unido).

El estudio liderado por Brunstrom relacionó la sensación de saciedad con el hecho de comer delante de una pantalla, ya que las potenciales distracciones son responsables de enturbiar los recuerdos sobre lo que se ha ingerido, y a la vez tienen efectos reales sobre el apetito.

Los efectos, que parecen ser más contundentes a corto plazo, también pueden influir en la salud si comer delante del ordenador se convierte en una práctica habitual: “Con el tiempo, esto puede hacer que aumentemos la ingesta de alimentos y se produzca un aumento de peso”, alerta Brunstrom.

Otro factor a tener en cuenta al comer en el puesto de trabajo es la gran cantidad de gérmenes a los que se puede estar expuesto. Según una investigación realizada por la organización de consumidores británica Which?, el teclado de la computadora puede llegar a tener 70 veces más gérmenes que un inodoro.

Los expertos, que culparon de la suciedad a los propios trabajadores, explicaron por qué ocurre: los trabajadores no tienen tiempo de sentarse a comer en otra mesa y lo hacen mientras manejan los teclados. De esa forma permiten que las migas caigan entre las teclas y que proliferen luego las bacterias.

Razones ‘de peso’ para comer bien

A pesar de los resultados de un reciente estudio, que describe cómo el consumo de alimentos saludables –como la fruta y las verduras– ha mejorado en las últimas dos décadas en todo el mundo; esta cifra ha sido superada en la mayoría de las regiones por el aumento de comidas menos saludables –como carne procesada y bebidas azucaradas–.

“Para 2020, las enfermedades no transmisibles representarán el 75% del total de muertes. Mejorar la dieta es un objetivo crucial para reducir esta tasa”, afirma Fumiaki Imamura, autor principal del trabajo

Pese a todo, no nos engañemos: la comida casera será siempre el ingrediente principal para una dieta saludable. Lo dicen nuestras madres y también un artículo publicado en la revista Public Health Nutrition, que señala que las personas que cocinan habitualmente en casa tienen una dieta más saludable porque, a la vez, ingieren menos calorías. 

"Cuando la gente cocina sus comidas en casa, consumen menos hidratos de carbono, menos azúcar y menos grasas, incluso si su intención no es adelgazar", explica Julia A. Wolfson, autora principal del estudio. Igualmente, suelen comprar menos productos congelados y están más acostumbradas a realizar platos más elaborados.

No obstante, la realidad se interpone muchas veces a todos los hábitos saludables. Cocinar en casa, comer más despacio y establecer una rutina horaria son asequibles en teoría, pero en la práctica las viejas costumbres de sobremesa, café y siesta han quedado postergadas, con suerte, al fin de semana. Quizá tendríamos que hacer más caso al refranero popular, que desde hace mucho tiempo advierte de que “la mejor medicina es la buena comida”.

Fuente: educarensalud.org

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