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La exposición a luz artificial podría tener incidencias en la obesidad

Con más exposición a la luz artificial, la grasa parda es menos activa, se reduce el gasto de energía y aumenta la grasa corporal

 
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Además de para la vista y nuestro ánimo, todo indica que la exposición prolongada a la luz artificial también es perjudicial para nuestro peso. Un estudio holandés, publicado en la revista PNAS, relaciona con más obesidad permanecer expuesto mucho tiempo a la luz no natural.

La investigación, en ratones, sugiere cómo el tejido adiposo marrón de los roedores –presente también en humanos– se ve afectado por el aumento a la exposición de la luz artificial. Los resultados indican que esta variación se asocia con enfermedades vinculadas con la obesidad. 

Los continuos viajes de trabajo, los desórdenes del sueño o, incluso, la contaminación lumínica pueden provocar en los humanos variaciones de los ritmos circadianos –oscilaciones de las variables biológicas en periodos regulares de tiempo–.

Investigadores del departamento de Endocrinología de la Universidad de Leiden (Holanda) han analizado en ratones el efecto de este tipo de contaminación. Así, han estudiado cómo el aumento de la exposición de horas diarias de luz se relaciona con el incremento de la adiposidad corporal de estos roedores mediante la atenuación del tejido adiposo de color marrón.

“Los ratones que fueron expuestos a más horas de luz ganaron más grasa corporal que los expuestos menos horas con las mismas cantidades de ingesta en la dieta”, explica Patrick C.N. Rensen, jefe del laboratorio donde se ha realizado este trabajo. 

El reloj biológico de los mamíferos

Los investigadores holandeses identificaron las implicaciones del mecanismo por el que la grasa marrón o parda de los ratones –un tejido que al metabolizarse se convierte en calor– se vuelva menos activa con la exposición de luz.

“Esto provoca que se reduzca el gasto de energía, lo que conduce al aumento de la grasa corporal”, afirma Rensen. Según el estudio, los procesos descritos que relacionan la luz con la actividad del tejido graso en los ratones tienen su origen en el reloj biológico presente en la mayoría de los mamíferos.

Este reloj biológico se localiza en el núcleo supraquiasmático, un grupo de neuronas presentes en el hipotálamo del cerebro que se comunican con los centros de la grasa parda a través de los nervios simpáticos.

El autor subraya cómo un funcionamiento correcto del reloj biológico en los mamíferos “genera la liberación de noradrenalina por las terminaciones de los nervios simpáticos en los centros de grasa para activar la combustión lipídica”. Por lo tanto, si el reloj biológico funciona mal, “la liberación de noradrenalina es menor y la grasa marrón se vuelve menos activa”, indica el investigador.

Los científicos de la Universidad de Leiden también han tenido en cuenta la relación del reloj biológico con el resto del sistema endocrino y con ciertos hábitos de la sociedad moderna, como por ejemplo trabajar de noche.

Recomiendan “la restricción de trabajos y actividades durante la noche y dormir en una habitación oscura para ayudar a perder grasa corporal o prevenir su aumento”. “Suponiendo que se puedan extrapolar los datos obtenidos en ratones a los humanos, la actual epidemia de obesidad es debida en parte al aumento de la contaminación lumínica y a la consiguiente reducción de la actividad de la grasa parda”, concluye Rensen. 

Fuente: 20minutos.es

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