Lo más importante

Una primavera por favor

Un taxista encuentra una billetera y se queda con el dinero. Es noviembre y al sueño todavía lo abriga un plumón. En una pared le escriben a Mauricio Macri, quizás, la clave que lo pueda hacer presidente

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Porvenir,

Siempre por venir.

(Marlango)

¿Cuántos minutos dura una billetera apoyada en un escalón de una rotisería en Pichincha, a las 5 de la tarde de un martes de noviembre? En Rosario el que no corre vuela y en sólo 5 minutos, el monedero desaparece. Antes, lo vieron dos vecinos de la zona que optaron por seguir caminado temerosos a encontrarse con andá a saber qué cosa.

El tercero es el vencido. Un taxista en medio de su jornada laboral pasó por el lugar. Quizás haya mirado hacia su espejo izquierdo cuando de reojo divisó el monedero. ¿Lo pensó? Se bajó a los trotes del coche, ni tiempo se tomó para advertir que lo estaban viendo los que antes que él decidieron desentenderse, y se escurrió en el baño de una estación de servicios cercana.

Rápido, separó los 5 billetes azules de los documentos, tarjetas, papelitos y monedas y dejó la billetera tirada en el suelo. Seguramente, los guardó en sus pantalones, salió del lugar y continuó prestando sus servicios a la comunidad. Como si nada hubiera pasado.

“Devolvé la primavera”

La primavera es un invento de poetas, soñadores y amantes. Ellos y sus necesidades de perfume, pajaritos y cielito lindo. Porque la realidad es que entre septiembre y diciembre, a las nubes se les da por amontonarse y romper en chaparrones, al viento por soplar arrastrando alergias y al termómetro por andar confuso y mareado. Quizás lo atractivo es que encierra una promesa. No hay estación con más puntos suspensivos que ésta, con sus brotes y capullos. Su porvenir.

Y ahí estamos renegando que el 21 se empapa el picnic aun sabiendo que el año anterior nos sentamos en algún charco. Pero, la ilusión es más fuerte; tanto que nos queda la esperanza de que el año que viene saldrá el sol.

Nos movemos por lo que vendrá, por lo que puede suceder. Aunque sean dos promesas de una campaña larguísima resumida en una dicotomía que debemos aceptar si no optamos por el blanco: la continuidad o el cambio. Aunque sean presunciones, cada una de ellas podrá, con más o menos éxito, convencernos de que mañana será mejor. Que florecerá un país respetable y honorable, donde seguramente tendremos trabajo, casa y educación, donde no haya más narcotráfico, y estemos seguros. Irá el voto al pronóstico que más deseemos que se cumpla, y como nos suele suceder, dejaremos de lado la única certeza: aquella de que las cosas dependen, en gran medida, de uno.

“Devolvé la primavera”

Un hombre se lava las manos en el baño de una estación de servicios. Se mira al espejo y el reflejo le devuelve justo en el piso un monedero abierto. Varias tarjetas y papeles desparramados. Nada de dinero.

¿Lo pensó? Reunió todo ese desorden y lo distribuyó en las ranuras. El documento decía nombre y dirección y hacia allí fue. Tocó a su puerta y devolvió lo que no era suyo. Como si fuera la primavera.

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