La fiscal Paula Barros imputó este miércoles al chofer de Uber Diego G. (44) y al ex convicto Ricardo Alejandro Vázquez (44) por el homicidio de Oscar Ramón Sarria (62), cometido el 25 de marzo por la noche en Machaín al 1800, en la zona norte de Rosario. La audiencia se realizó ante el juez Federico Rébola en el Centro de Justicia Penal.
De acuerdo con la atribución delictiva, Diego G. condujo el Chevrolet Astra en el que se movilizaron Vázquez y un tercer hombre aún no identificado hasta las inmediaciones de la casa de la víctima, donde funciona una despensa.
El vehículo fue clave para la investigación: pudo ser localizado por el sistema Lince y posteriormente hallado por el Comando Radioeléctrico en un Fonavi de Villa Gobernador Gálvez. En el auto, además, se levantó una huella dactilar que permitió identificar a Vázquez.
Disparos en la despensa
Según la acusación, el auto fue estacionado a poco menos de 300 metros de la vivienda de Sarria. Eran las 23.20. Vázquez y el otro atacante caminaron hasta el almacén, abrieron la ventana del frente y, cuando la víctima se acercó tras escuchar el ruido, le dispararon al menos dos veces con una pistola calibre .40, provocándole la muerte por una hemorragia abdominal horas después. En la casa se encontraba un niño de 10 años, hijo de la pareja de Sarria.
La reconstrucción del hecho indica que, tras los disparos, los atacantes regresaron corriendo hasta el Chevrolet Astra que los esperaba con el motor en marcha, en Ramos Mejía entre Herrera y Superí, y escaparon del lugar.
En la misma audiencia, la fiscal también le atribuyó a Vázquez el delito de portación ilegítima de arma de fuego de guerra agravada por contar con una condena previa. Según se expuso, el 23 de noviembre de 2022 había sido condenado en un procedimiento abreviado a cinco años de prisión por robo calificado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y portación ilegítima de arma de fuego.
De acuerdo con testimonios incorporados a la investigación, después de las 22 y hasta poco antes de las 23, Sarria atendía el almacén familiar a través de una ventana que estaba oxidada y que hacía ruido al abrirse.
Lo habitual era que él mismo abriera desde adentro para atender a los clientes, por lo que el ruido de la ventana al ser abierta desde afuera en altas horas de la noche, ya con el negocio cerrado, llamó su atención.
Siempre según esos testimonios, cuando escuchó el chirrido, Sarria se acercó y alcanzó a gritar “ey”. En ese momento, los atacantes efectuaron los disparos que le provocaron la muerte por una hemorragia abdominal.
En el entorno de Sarria no supieron precisar si estaba amenazado, aunque recordaron que había estado preso años atrás y que había tenido problemas con algunas personas. También se supo que había pedido dinero a un “prestamista colombiano”, pero que las devoluciones estaban al día.
Los investigadores no descartan que el crimen haya estado motivado por un conflicto previo y por estas horas intentan identificar a la tercera persona que participó del ataque. En ese marco, el peritaje al celular de la víctima podría brindar pistas sobre el móvil del hecho.
El juez Rébola le impuso una cautelar de dos meses a Diego G., el conductor del Astra, que realizó un descargo y respondió preguntas. La fiscalía lo consideró coautor de homicidio agravado y portación ilegítima de arma de fuego de guerra.
Su consorte de causa Vázquez posee un horizonte más oscuro. El magistrado lo dejó detenido por el plazo de ley –al menos dos años–. Y también hizo un descargo ante el juez cuyo contenido no trascendió.



