Las bebidas conocidas como “detox”, entre ellas el agua con limón o las preparaciones que incluyen vinagre de manzana, se instalaron como una alternativa asociada a la idea de “limpiar” el organismo, compensar excesos o incluso favorecer el descenso de peso. Sin embargo, su consumo frecuente puede tener un efecto poco deseado sobre la salud bucal, ya que la exposición reiterada a sustancias ácidas puede erosionar el esmalte dental.
Una erosión que no se puede revertir
Cuando los dientes entran en contacto con una bebida ácida se produce una desmineralización temporal del esmalte. La saliva contribuye a neutralizar los ácidos y a recuperar parte de los minerales perdidos, pero las exposiciones repetidas pueden dificultar este proceso y generar un desgaste permanente.
Al comienzo, la erosión puede pasar inadvertida y no necesariamente provoca dolor. Con el tiempo, sin embargo, pueden aparecer sensibilidad frente a alimentos o bebidas frías, bordes dentales más transparentes, una tonalidad más amarillenta y pérdida del brillo habitual del esmalte. Las molestias suelen aparecer cuando este tejido ya perdió espesor o la dentina quedó más expuesta.
No importa solamente qué se toma
El potencial erosivo de estas bebidas no depende únicamente de su acidez. También influyen la frecuencia con la que se consumen, cuánto tiempo permanecen en contacto con los dientes y la capacidad de la saliva para neutralizar los ácidos.
Por eso, beber una preparación ácida lentamente durante varias horas o mantenerla en la boca antes de tragarla puede resultar especialmente perjudicial. Así, cuanto más prolongado es el contacto, mayor es la exposición de las piezas dentales.
Además, desde el ámbito de la nutrición se advierte que la llamada “moda detox” no cuenta con evidencia sólida que demuestre que estos preparados eliminen toxinas en personas sanas. El organismo ya dispone de mecanismos propios para eliminar sustancias, principalmente a través del hígado y los riñones. Una alimentación variada, con frutas, verduras y suficiente agua, forma parte de los hábitos que contribuyen a su funcionamiento normal.
Algunos consejos
Para reducir el impacto de las bebidas ácidas sobre los dientes, los especialistas recomiendan:
-Concentrar el consumo en las comidas: la presencia de otros alimentos y una mayor producción de saliva pueden ayudar a disminuir la permanencia de los ácidos en la boca.
-Reducir el tiempo de contacto: no conviene retener estas bebidas en la boca ni hacerlas circular entre los dientes. Es preferible evitar pequeños sorbos durante períodos prolongados.
-Tomar agua después: beber agua ayuda a arrastrar restos de la bebida y favorece la recuperación del entorno protector de la boca.
-Esperar antes de cepillarse: después de consumir una bebida ácida es recomendable esperar entre 30 y 60 minutos antes del cepillado. Durante ese período, la saliva ayuda a neutralizar los ácidos y el esmalte recupera parte de su resistencia.
-Mantener una higiene adecuada: el cepillado debe realizarse con un cepillo de filamentos suaves, sin ejercer una presión excesiva y utilizando pasta dental fluorada.
Por último, los especialistas recuerdan que el limón y el vinagre no deben utilizarse como blanqueadores caseros. Tampoco se recomienda recurrir al bicarbonato de manera inadecuada, ya que puede aumentar la abrasión y favorecer la aparición o el agravamiento de la sensibilidad dental.
Fuente: EFE.



