¿Cómo es posible que ejercitar la lengua y los músculos de la garganta mientras estamos despiertos ayude frente a un problema que aparece cuando dormimos? La respuesta que empieza a aportar la ciencia apunta a que estos ejercicios podrían generar cambios tanto en la función muscular como en las características de la propia lengua y de la vía aérea.
La apnea obstructiva del sueño es el trastorno respiratorio del sueño más frecuente. Se produce cuando la vía aérea se estrecha o se bloquea parcial o completamente mientras la persona duerme, lo que puede provocar ronquidos, pausas respiratorias, despertares y somnolencia durante el día. Además, puede asociarse con problemas como hipertensión, diabetes y un mayor riesgo cardiovascular.
Entre los factores que aumentan las posibilidades de desarrollar apnea se encuentran la obesidad, determinadas características anatómicas (como la hipertrofia de las amígdalas o la retrognatia) y el envejecimiento. En este contexto, la terapia miofuncional aparece como una de las líneas de investigación que buscan avanzar hacia tratamientos más personalizados.
¿En qué consiste la terapia miofuncional?
La terapia miofuncional comprende programas estructurados y repetidos de ejercicios destinados a trabajar la fuerza, movilidad y coordinación de la lengua, el paladar y otros músculos que participan en el mantenimiento de la vía aérea superior. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), no se trata simplemente de “hacer gimnasia con la lengua”, sino de una intervención que busca modificar determinados mecanismos relacionados con la apnea.
Durante el sueño, el tono de los músculos que contribuyen a mantener abierta la vía respiratoria disminuye. Si la capacidad de esos músculos no alcanza para compensar las características anatómicas que favorecen el cierre, la vía aérea puede colapsar y producirse una apnea.
La investigación reciente plantea, además, que el problema podría ser más complejo que una simple falta de fuerza muscular. Un editorial publicado en 2026 en Sleep Medicine Reviews propone que el colapso de la vía aérea surge de la interacción entre la anatomía de cada persona y la capacidad de su musculatura para mantenerla abierta durante el sueño.
¿Por qué podría funcionar si los músculos se relajan al dormir?
Una de las preguntas centrales es si los músculos también se relajan durante el sueño, ¿de qué sirve entrenarlos durante el día? Una posible explicación es que los ejercicios no solo aumentarían la capacidad funcional de la musculatura, sino que también podrían producir modificaciones en la lengua que reduzcan su tendencia a obstruir la vía aérea.
Un estudio realizado en España y publicado en 2026 en el Journal of Clinical Sleep Medicine siguió durante tres meses a 60 adultos con apnea moderada o grave. En los pacientes con apnea moderada que realizaron terapia miofuncional se observó una reducción media de 8 centímetros cúbicos en el volumen de la lengua y de 4 milímetros en su grosor. En quienes tenían apnea grave y combinaron los ejercicios con CPAP, la reducción media del volumen fue de 12 centímetros cúbicos. En el grupo tratado únicamente con CPAP no se registraron cambios significativos en este aspecto.
Los resultados sugieren que el entrenamiento podría modificar el escenario en el que se produce el colapso durante el sueño. Sin embargo, desde la SEORL-CCC remarcan que estos hallazgos deben interpretarse con cautela, ya que todavía no se conoce con precisión cuánto pueden mejorar la apnea estos cambios ni qué pacientes son los que más podrían beneficiarse.
Un tratamiento que busca ser más personalizado
La investigación avanza hacia la idea de que no todas las apneas son iguales. Dos personas pueden tener una cantidad similar de interrupciones respiratorias durante la noche, pero los mecanismos que las provocan pueden ser diferentes. En algunos casos puede tener mayor peso la anatomía; en otros, la respuesta de la musculatura; y también pueden intervenir ambos factores.
Por eso, una de las líneas actuales consiste en conocer no solo cuántas veces se interrumpe la respiración, sino también por qué ocurre en cada paciente. Algunas herramientas, como la endoscopia del sueño inducido, permiten observar dónde y cómo se produce el colapso, mientras que otras pruebas aportan información sobre las características anatómicas y funcionales.
La terapia miofuncional todavía necesita estudios con más participantes y seguimientos más prolongados. También queda por determinar cuáles son los ejercicios más eficaces, qué intensidad y duración requieren y cuánto tiempo se mantienen sus posibles beneficios. El desafío, especialmente, es identificar qué pacientes tienen mayores probabilidades de responder.
Así, más que una terapia revolucionaria, la propuesta aparece como una línea de investigación que busca sumar herramientas al tratamiento personalizado de la apnea obstructiva del sueño y comprender mejor qué ocurre en cada paciente.
Fuente: EFE.



