Lejos de reaccionar únicamente cuando aparece un estímulo inesperado, el cerebro parece anticiparse a la incertidumbre. Esa es la principal conclusión de un estudio internacional publicado en la revista Nature Neuroscience, que contó con la participación de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM, España) y demuestra que el hipocampo comienza a prepararse antes de que ocurra un evento imprevisible.
La investigación se realizó a partir de registros intracraneales de 17 pacientes con epilepsia que ya tenían electrodos implantados por razones clínicas. Gracias a estas mediciones, los científicos pudieron observar en tiempo real cómo interactúan el hipocampo (tradicionalmente asociado con la memoria) y distintas áreas de la corteza visual mientras los participantes observaban secuencias de figuras de colores con distintos niveles de previsibilidad.
Durante el experimento, algunas secuencias seguían patrones fáciles de anticipar, mientras que otras eran mucho más impredecibles. Los participantes debían identificar cada figura entre cuatro opciones, una tarea que permitió analizar cómo cambiaba la actividad cerebral a medida que aumentaba la incertidumbre.
Los resultados mostraron que, cuando el entorno se volvía menos predecible, el hipocampo generaba con mayor frecuencia unas breves ráfagas de actividad eléctrica de alta frecuencia, conocidas como "ripples". Lo llamativo es que estas ondas aparecían antes de que se presentara el siguiente estímulo y no como respuesta a la sorpresa posterior. En total, los investigadores registraron 2.728 de estas señales durante el estudio.
Según explicó Bryan Strange, director del Laboratorio de Neurociencia Clínica del Centro de Tecnología Biomédica de la UPM y uno de los autores del trabajo, "el cerebro no se limita a esperar pasivamente a ver qué pasa, sino que invierte recursos de forma anticipada para cartografiar la incertidumbre". Esa preparación permite que la información inesperada sea procesada con mayor rapidez y eficiencia cuando finalmente aparece.
El estudio también encontró que estas ondas coordinan la actividad de regiones de la corteza visual involucradas en el reconocimiento de imágenes, facilitando la propagación de la información novedosa. Esto sugiere que el hipocampo no solo participa en la formación y recuperación de recuerdos, sino que también actúa como un sistema capaz de estimar cuán informativo será lo que está por suceder.
Los investigadores destacan, además, que incertidumbre y sorpresa no son lo mismo. La primera hace referencia a la dificultad para predecir un acontecimiento antes de que ocurra, mientras que la segunda depende de cuán inesperado resulta una vez sucedido. Comprender mejor esta comunicación entre el hipocampo y la corteza podría aportar información valiosa para futuras investigaciones sobre enfermedades como la epilepsia, la esquizofrenia y el Alzheimer, aunque los autores aclaran que todavía será necesario realizar estudios más amplios antes de considerar estas ondas cerebrales como posibles biomarcadores clínicos.
Fuente: SINC.



