La fertilidad suele convertirse en una preocupación cuando aparece el deseo de tener hijos, pero especialistas remarcan que la salud reproductiva comienza a construirse mucho antes. Hábitos cotidianos, enfermedades preexistentes, acceso a información adecuada y controles médicos periódicos son algunos de los factores que pueden influir en las posibilidades reproductivas futuras.

En el marco del Día Mundial de la Fertilidad, expertos sostienen que mantener una vida saludable y acceder a información confiable son aspectos fundamentales para cuidar la fertilidad desde edades tempranas. También es importante prevenir enfermedades de transmisión sexual y promover decisiones reproductivas tomadas de manera consciente y con acompañamiento profesional.

Uno de los puntos que más preocupa a los especialistas es el desconocimiento sobre la consulta preconcepcional y el impacto que pueden tener infecciones como la clamidia, la gonorrea o el HPV. Estas enfermedades pueden generar inflamación pélvica, adherencias y obstrucción de las trompas, afectando directamente la fertilidad femenina.

La clamidia favorece la enfermedad inflamatoria pelviana y puede dañar las trompas, mientras que la gonorrea afecta su funcionalidad y puede producir infertilidad”, detallaron. En este sentido, insisten en la importancia de la prevención, los controles ginecológicos y el uso de métodos de protección para evitar complicaciones futuras.

Entre los 20 y los 30 años, la recomendación médica apunta especialmente a sostener hábitos saludables. Realizar actividad física, mantener un peso adecuado, evitar el tabaquismo y moderar el consumo de alcohol son medidas que impactan de forma directa en la salud reproductiva. El tabaquismo, por ejemplo, puede acelerar el envejecimiento ovárico, disminuir la calidad de los óvulos y aumentar el riesgo de abortos espontáneos.

Los especialistas también remarcan que la fertilidad no debe considerarse únicamente una cuestión femenina. “El hombre no aporta solamente material genético, sino que puede influir en la calidad y sanidad de una concepción futura”, sostuvieron. Alteraciones en los espermatozoides pueden afectar la evolución del embarazo, la calidad de la placenta y las posibilidades reproductivas de la pareja.

En este escenario, la Educación Sexual Integral (ESI) aparece como una herramienta clave para promover el cuidado de la salud reproductiva desde edades tempranas. Según explicaron, brindar información adecuada desde la infancia favorece el autocuidado y el cuidado de las futuras parejas, con impacto en todas las dimensiones de la salud sexual y reproductiva.

Los avances en medicina reproductiva también permiten trabajar desde una perspectiva preventiva. Entre las herramientas disponibles se encuentran el congelamiento de óvulos o espermatozoides, el análisis de la reserva ovárica, el estudio de patologías como la endometriosis y el asesoramiento genético y reproductivo personalizado.

Además, advirtieron sobre el impacto del paso del tiempo en la fertilidad. La etapa más fértil de la mujer se ubica entre los 20 y los 30 años, mientras que a partir de los 35 la cantidad y calidad de los óvulos disminuye de manera más marcada. Por eso, los especialistas recomiendan consultar tras un año de búsqueda sin éxito en menores de 35 años y después de seis meses en mayores de esa edad, además de acudir de inmediato si existen antecedentes médicos que puedan afectar la fertilidad.

Fuente: Agencia NA.