El desarrollo del cerebro comienza mucho antes del nacimiento y continúa a un ritmo acelerado durante los primeros años de vida. Si bien la genética marca buena parte de ese proceso, los especialistas coinciden en que las experiencias tempranas tienen un impacto decisivo en la forma en que ese cerebro se organiza y madura. En ese contexto, acciones tan simples como leer un cuento, cantar una canción o jugar con un bebé pueden marcar una diferencia significativa.

El neuropediatra español José Luis Peña Segura, integrante de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), destacó que la lectura compartida es una de las estrategias más beneficiosas para potenciar el desarrollo infantil, incluso desde la gestación. Según explicó, el lenguaje presente en los cuentos suele ser más amplio y rico que el utilizado en las conversaciones cotidianas, lo que favorece la adquisición temprana del lenguaje y estimula distintas áreas cerebrales.

Además de enriquecer el vocabulario, leer junto a un bebé fortalece el vínculo afectivo con sus cuidadores, genera una sensación de seguridad y permite que el niño se familiarice con la voz, el ritmo y los sonidos del lenguaje. También favorece la atención conjunta, fortalece la memoria, estimula la imaginación y ayuda a crear un hábito que facilitará el interés por la lectura en etapas posteriores.

La música también cumple un papel clave en esta etapa. Las canciones de cuna, las melodías cantadas por los padres o simplemente compartir un momento musical cara a cara contribuyen a la regulación emocional del bebé. Cuando esa experiencia incluye miradas, sonrisas, balanceos, palmas o respuestas a los sonidos que emite el niño, se fortalecen la atención, la memoria, la coordinación motora y las habilidades sociales.

No obstante, los especialistas recomiendan evitar colocar auriculares o parlantes muy cerca del bebé. La música debe escucharse a un volumen moderado que permita mantener la interacción con el niño y observar que no le genere molestias, sobresaltos o irritabilidad. El beneficio, remarcan, no está únicamente en la música, sino en el intercambio afectivo que se produce mientras se comparte ese momento.

El cerebro comienza a desarrollarse desde las primeras semanas del embarazo. Durante ese período tienen lugar procesos fundamentales, como la formación del tubo neural, la proliferación de millones de neuronas, la migración neuronal, la creación de conexiones entre las células nerviosas (sinapsis) y la mielinización, un mecanismo indispensable para la transmisión eficiente de la información y que continúa hasta el final de la adolescencia.

Aunque estos procesos están fuertemente determinados por la genética, las experiencias positivas durante el embarazo y la primera infancia ayudan a potenciar ese desarrollo. Por eso, los especialistas destacan que no existen métodos milagrosos ni entrenamientos específicos capaces de acelerar la maduración cerebral, sino que el verdadero estímulo proviene de una crianza afectuosa y de un entorno saludable.

Hábitos que favorecen el desarrollo cerebral

Entre las principales recomendaciones para acompañar el crecimiento del cerebro infantil se encuentran:

-Garantizar una buena nutrición y controles de salud.

-Respetar las horas de sueño según la edad.

-Brindar un entorno seguro y afectuoso.

-Responder con sensibilidad a las necesidades del bebé.

-Hablarle, leerle y cantarle todos los días.

-Jugar e incentivar el aprendizaje a través de experiencias cotidianas.

-Evitar la sobreestimulación.

Otro de los puntos que genera preocupación entre los profesionales es el uso precoz de pantallas. En los bebés y niños pequeños, la exposición a celulares, tablets o televisores reemplaza actividades esenciales para el desarrollo, como el juego, la interacción con los adultos y la exploración del entorno. Diversos estudios la vinculan con un menor desarrollo del lenguaje, dificultades para dormir, menos actividad física, problemas en la regulación emocional y una menor tolerancia al aburrimiento. En línea con las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, los expertos aconsejan evitar las pantallas hasta los 6 años y priorizar aquello que ningún dispositivo puede reemplazar: el tiempo de calidad compartido con quienes cuidan al niño.

Fuente: EFE.