Un nuevo estudio identificó una bacteria intestinal asociada a músculos más fuertes y una mejor condición física. La investigación proviene de un equipo de la Universidad de Almería y Universidad de Granada (ambas instituciones españolas) en colaboración con científicos del Leiden University Medical Center (Países Bajos). Los hallazgos se publicaron en Gut.
En una nota de prensa, se informó que este avance abre caminos a posibles compuestos microbióticos destinados a "ayudar a preservar la fuerza muscular durante el envejecimiento". Asimismo, se incide en el llamado eje intestino-músculo. En este aspecto, los expertos hablan de una "evidencia sólida" en la existencia de este eje: "Esta bacteria identificada modula positivamente el metabolismo muscular y la fuerza muscular".
La bacteria en cuestión, del género Roseburia, es menos frecuente en la población de edad avanzada comparada con adultos más jóvenes. Esto sugiere una posible disminución de sus niveles a medida que pasan los años y, por ende, una pérdida de masa muscular.
Bacterias intestinales y rendimiento muscular
El estudio analizó la relación entre la microbiota intestinal y la fuerza muscular en 90 adultos jóvenes (18-25 años) y en 33 mayores (más de 65). Se tomaron muestras de heces y se realizaron pruebas de fuerza manual, piernas y tren superior, además de medir el consumo máximo de oxígeno de las personas, indicador de la capacidad cardiorrespiratoria.
En este aspecto, la bacteria Roseburia inulinivorans se relacionó con la condición física: los adultos mayores con esta bacteria mostraron un 29% más de fuerza manual, mientras que en jóvenes se asoció a mayor fuerza manual y capacidad cardiorrespiratoria.
Otras especies de Roseburia, como R. intestinalis, se asociaron con la fuerza de piernas y tren superior en adultos jóvenes, mientras que R. faecis y R. hominis no mostraron asociaciones significativas.
Limitaciones del estudio
Para investigar la influencia de Roseburia en la función muscular, se administraron cepas humanas de la bacteria a ratones con microbiota intestinal reducida una vez a la semana durante ocho semanas. Los ratones tratados mostraron un aumento del 30% en la fuerza de agarre. Además, desarrollaron fibras musculares más grandes y una mayor proporción de fibras musculares tipo II (contracción rápida) en el músculo sóleo, cruciales para la fuerza y potencia. Estos cambios se correlacionaron con alteraciones metabólicas en proteínas y enzimas clave para la energía muscular.
Sin embargo, se identificaron varias limitaciones en el estudio. Por ejemplo, en los experimentos con ratones, las cepas de Roseburia de origen humano no lograron colonizar el intestino de forma permanente. Además, el estudio no evaluó directamente ciertos mecanismos biológicos clave, como las vías inflamatorias o la señalización neuromuscular.
Por este motivo, se subraya la necesidad de realizar investigaciones a largo plazo para determinar si los cambios en los niveles de R. inulinivorans son la causa de las mejoras en la función muscular o, si por el contrario, son una consecuencia de ellas.
Fuente: EFE.



