La campaña maicera 2025/26 quedará marcada como una de las más extraordinarias de las últimas décadas para el agro argentino. La región núcleo —el corazón productivo del país— alcanzará una cosecha histórica superior a las 20 millones de toneladas, impulsada por rindes que sorprendieron incluso después de un verano atravesado por restricciones hídricas.
Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la región núcleo cerrará la campaña con una producción estimada en 20,35 millones de toneladas de maíz, un volumen que supera en 35% el récord previo registrado en 2019/20.
El dato más contundente es que el rendimiento promedio regional se ubicó en 110 quintales por hectárea, cinco quintales por encima de la estimación anterior. La combinación entre expansión del área sembrada y mejores resultados productivos terminó compensando el estrés sufrido por los cultivos durante el corte de lluvias de enero.
Resiliencia maicera
La campaña había comenzado con incertidumbre. Después de la fuerte sequía y del impacto de la chicharrita en ciclos anteriores, muchos productores encararon la siembra con cautela. Sin embargo, el escenario cambió radicalmente.
La BCR detectó mediante imágenes satelitales una expansión significativa de superficie sembrada, elevando el área nacional a 10,2 millones de hectáreas. Ese ajuste permitió proyectar una cosecha argentina cercana a las 67 millones de toneladas, lo que también marcaría un récord histórico nacional.
El factor climático terminó siendo decisivo. Aunque diciembre y enero mostraron una fuerte restricción hídrica, las lluvias de febrero y marzo estabilizaron el potencial de los maíces tardíos y mejoraron las perspectivas generales. “Las reservas de agua en el suelo presentan una condición entre muy buena y excelente”, destacó el informe técnico de la entidad rosarina.
Una campaña que redefine la escala productiva
La magnitud de la cosecha cambia la dimensión económica del cultivo. La región núcleo sembró 2,3 millones de hectáreas, la mayor superficie de los últimos 17 años, consolidando al maíz como eje estratégico dentro de la rotación agrícola.
Además del aporte exportador, el cereal gana peso en toda la cadena agroindustrial argentina: alimentación animal, bioetanol, molienda y agregado de valor. Argentina ya ocupa un lugar central en el comercio internacional de maíz, con fuerte participación de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe en el esquema productivo.
El crecimiento también muestra un cambio tecnológico profundo. La mejora genética, el monitoreo sanitario, el manejo frente a la chicharrita y el uso de agricultura de precisión fueron determinantes para sostener rindes elevados incluso en un contexto climático desafiante.
El desafío: transformar récords productivos en rentabilidad
Aunque los números productivos entusiasman, el gran interrogante del sector sigue siendo económico. La presión impositiva, los costos logísticos y la volatilidad internacional pueden limitar el impacto positivo de una campaña récord.
Sin embargo, el maíz vuelve a posicionarse como uno de los cultivos más resilientes y estratégicos para el agro argentino. La campaña 2025/26 no solo deja una marca histórica en toneladas: también confirma una tendencia de fondo, donde el cereal gana protagonismo dentro del modelo agrícola nacional.

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