Las empresas agropecuarias argentinas atraviesan una campaña marcada por la incertidumbre. Aunque las estimaciones productivas siguen mostrando buenos niveles de rendimiento en varias regiones, la combinación de problemas climáticos, presión sobre los costos, tensiones logísticas y un escenario financiero más ajustado comienza a redefinir el mapa económico del sector.
Así lo advirtió el analista y consultor agropecuario Teo Zorraquin, quien señaló que “para la mayoría de las empresas, la campaña todavía permanece abierta”, en referencia al retraso de cosecha provocado por las lluvias de las últimas semanas.
Una cosecha demorada y resultados aún abiertos
El exceso hídrico impactó de manera desigual según las zonas productivas. Mientras algunas regiones lograron sostener el potencial de rendimiento, en otras comenzaron a aparecer pérdidas vinculadas tanto a calidad como a cantidad.
El escenario genera un dato clave para las empresas: aun con volúmenes productivos elevados, los resultados económicos finales todavía no están definidos. La demora en la recolección, los problemas de calidad comercial y los mayores costos operativos empiezan a erosionar márgenes en una campaña que ya venía ajustada desde lo financiero.
La logística vuelve a convertirse en un problema
Otro de los focos de preocupación es la logística. El incremento en los costos de flete y los conflictos con transportistas complicaron el movimiento de mercadería en distintas regiones del país, afectando especialmente la operatoria en el puerto de Puerto de Necochea.
Para Zorraquin, este tipo de inconvenientes dejó de ser un problema secundario. En campañas de márgenes reducidos, las demoras, los sobrecostos y las pérdidas de calidad durante el traslado impactan directamente sobre la rentabilidad de las empresas agrícolas.
Tasas más bajas, pero con menor competitividad
En el plano financiero, el consultor observó una leve mejora en las tasas de interés, aunque aclaró que el alivio todavía es parcial. El principal factor de preocupación pasa hoy por la apreciación cambiaria y la relación entre costos e ingresos.
Según explicó, muchas empresas enfrentan un deterioro de márgenes debido a que los costos continúan ajustándose en dólares, mientras que la capacidad de captura de valor de la producción pierde competitividad por la baja del tipo de cambio.
El fenómeno afecta tanto a productores agrícolas como a industrias vinculadas al sector, especialmente en actividades donde los costos dolarizados tienen fuerte incidencia.
Trigo y maíz, bajo revisión para la próxima campaña
De cara a la campaña 2026/27, empiezan a surgir nuevas dudas estratégicas. Uno de los principales factores es el aumento en el precio de la urea, insumo central para los planteos de trigo y maíz.
La suba obliga a muchas empresas a recalcular márgenes y evaluar posibles cambios en la composición agrícola. En distintas zonas productivas ya se analiza reducir área destinada a estos cultivos o avanzar hacia alternativas de menor requerimiento de fertilización.
A esto se suma el inicio de las negociaciones por arrendamientos rurales, donde comienzan a aparecer posiciones enfrentadas entre propietarios y productores respecto de los valores futuros.
El factor político vuelve a entrar en escena
Aunque todavía faltan más de un año para las elecciones presidenciales de 2027, el clima político comienza lentamente a incorporarse en las decisiones empresariales y comerciales del agro.
Según Zorraquin, frente al actual contexto predominan posturas más defensivas que ofensivas dentro de las empresas. La prioridad pasa por preservar liquidez, administrar riesgos y sostener márgenes antes que avanzar en estrategias expansivas.
Un escenario más complejo para las empresas agropecuarias
La conclusión del consultor es que el desafío actual del agro ya no depende exclusivamente de la producción. El contexto combina múltiples variables que presionan simultáneamente sobre el negocio: clima, costos, tipo de cambio, logística y expectativas políticas.
En este marco, la gestión financiera y la administración del riesgo vuelven a ocupar un rol central para las empresas agropecuarias argentinas, que enfrentan una campaña donde todavía quedan muchas variables por definirse.

Comentarios