Producir cuando los números aprietan: la mirada real de un tambero santafesino

Abel Zenklusen tiene una establecimiento con cuatro tambos y analiza un escenario atravesado por varios factores: incertidumbre climática, altos costos y la necesidad de sostener la producción y a las familias que dependen de ella

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Hay realidades del campo que solamente pueden comprenderse cuando se las vive todos los días. Abel Zenklusen conoce esa experiencia de primera mano. Es productor tambero, veterinario y forma parte de una empresa familiar que combina producción de leche y agricultura en distintos establecimientos de la región.

Al frente de LHUA S.A., explicó que actualmente trabajan con varios campos y una estructura de entre 500 y 520 vacas. Detrás de esos números existe una dinámica que obliga a tomar decisiones de manera permanente, observar cada variable y adaptarse rápidamente a los cambios.

En la producción lechera, cada decisión tiene impacto. El clima, los alimentos, los costos, los alquileres, la energía y el combustible forman parte de una ecuación que, en los últimos tiempos, se volvió cada vez más exigente.

El clima vuelve a ocupar el centro de la escena

Uno de los principales interrogantes que enfrenta hoy el sector está relacionado con el comportamiento del clima.

La posibilidad de un nuevo episodio de El Niño genera preocupación entre productores de la región, especialmente en aquellos establecimientos donde la capacidad de evacuar el exceso de agua es limitada. Para un tambo, las consecuencias pueden aparecer rápidamente: dificultades para el manejo de los animales, pérdida de superficie productiva y mayores costos para sostener la alimentación.

Ante ese escenario, Zenklusen considera que la anticipación es fundamental.

Entre las estrategias menciona dos medidas concretas: “bajar las cargas” y aumentar las reservas de alimentos.

La lógica es sencilla, pero decisiva. Tener demasiados animales en campos que pueden sufrir anegamientos aumenta la presión sobre el sistema. Por eso, prepararse antes de que llegue el exceso de agua puede marcar la diferencia entre atravesar una dificultad o quedar atrapado en ella.

“En la lechería el número está muy justo”

Pero si el clima representa una amenaza externa, los costos constituyen una presión cotidiana.

Uno de los puntos que Zenklusen observa con mayor preocupación es el valor de los alquileres de los campos. Según explicó, existen diferentes modalidades para establecerlos: desde litros de leche por hectárea hasta quintales de soja o kilos de carne.

El problema aparece cuando esos valores se trasladan a la estructura económica del tambo.

“Para el tambo, la verdad es muy justo. Te cortan las piernas”, sostuvo.

En una actividad donde los márgenes son estrechos, cualquier incremento en los costos puede modificar sustancialmente el resultado final. Y allí aparecen tres componentes que pesan especialmente: energía, combustible y alquileres.

“Energía y combustible pegan muy fuerte”, remarcó el productor, particularmente en los sistemas intensivos, donde la actividad requiere una utilización constante de maquinaria, instalaciones y recursos.

La eficiencia, entonces, deja de ser solamente una herramienta para mejorar los resultados y pasa a convertirse en una condición para poder sostenerse.

Detrás de cada número hay personas

Sin embargo, hablar de producción no significa hablar solamente de litros, hectáreas, vacas o costos.

En LHUA S.A., detrás de la estructura productiva también hay familias y trabajadores. Zenklusen contó que la empresa sostiene a cuatro familias, además de cinco empleados que participan de las diferentes tareas y de la logística.

Por eso, una de las prioridades que se mantiene todos los meses es tan concreta como esencial: pagar los sueldos.

El vínculo con quienes trabajan en el establecimiento adquiere, además, una dimensión que excede lo estrictamente laboral. Zenklusen destacó la permanencia de trabajadores que llevan muchos años junto a la familia y recordó especialmente el caso de uno de ellos, que ya suma 11 años de trabajo.

Son relaciones construidas a lo largo del tiempo y que también forman parte de la identidad de una empresa familiar.

Porque sostener un tambo no implica solamente cuidar los animales, controlar los costos o pensar en la próxima campaña. También significa sostener una estructura humana.

Anticiparse para no llegar tarde

Frente a un contexto en el que las variables pueden cambiar rápidamente, Zenklusen considera que una de las herramientas más importantes es el diálogo.

“Hay que hablar siempre, hay que dialogar y anticiparse”, planteó.

Esa premisa adquiere especial relevancia a la hora de negociar los alquileres. Mantener una comunicación fluida con los propietarios de los campos y buscar acuerdos que contemplen las dificultades de cada momento puede resultar determinante para atravesar períodos complejos.

En el campo, muchas veces, cuando el problema llega ya es tarde para empezar a buscar soluciones.

Por eso, anticipar escenarios, generar reservas, revisar las cargas, analizar costos y mantener abiertos los canales de diálogo forman parte de una misma estrategia: ganar tiempo para decidir.

Seguir produciendo, aun cuando el escenario exige más

La experiencia de Abel Zenklusen deja una fotografía concreta de la lechería regional: una actividad que continúa produciendo, pero que enfrenta un escenario donde cada variable pesa y donde la capacidad de adaptación resulta indispensable.

El clima obliga a prepararse. Los costos exigen eficiencia. Los alquileres demandan negociación. Y detrás de cada decisión aparece una responsabilidad que va mucho más allá del resultado económico: sostener familias, empleos y una forma de vida ligada al campo.

Zenklusen habla desde la experiencia de quien lleva décadas vinculado al sector y conoce tanto sus dificultades como sus posibilidades.

Hay preocupación por lo que viene, especialmente ante la incertidumbre climática y económica. Pero también existe una certeza: todos los días, detrás de cada ordeñe y cada decisión, hay una familia y un equipo de trabajo que siguen apostando a producir.

Porque en el tambo, sostenerse también es una forma de seguir apostando al futuro.

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