Día del Ferretero: 121 años de historia en medio de la peor caída de ventas del sector

El sector ferretero cumple 121 años de historia institucional justo cuando un informe de su propia cámara empresarial confirma la peor contracción de ventas en mucho tiempo, mientras la venta online empieza a mostrarse como una salida posible

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Cada 3 de septiembre, Argentina celebra el Día del Ferretero, en homenaje a la fundación de la Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina (CAFARA), ocurrida en 1905.

La organización nació como Asociación de Ferreterías, Pinturerías y Bazares de la República Argentina, impulsada por comerciantes que buscaban defender intereses comunes y ganar peso frente a las autoridades. Más de un siglo después, ese gremialismo empresarial sigue siendo una herramienta central para el sector.

Este año la efeméride llega con una particularidad: el sector cumple 121 años de historia institucional en medio de la peor caída de ventas que atraviesa en mucho tiempo.

El último Informe CAFARA, difundido este año, muestra que el 71,4% de las ferreterías registró una baja en sus ventas durante los últimos tres meses, y el 61,4% confirmó una caída interanual.

Para el 44,3% de los comercios, la retracción superó el 10%. El sector opera hoy cerca de un 40% por debajo de su punto de equilibrio histórico, según la misma medición.

Más allá de los números fríos, el ferretero cumple un rol económico puntual: funciona como asesor de obra, de reparación doméstica y hasta de pequeños emprendimientos, un servicio que ninguna plataforma digital reemplaza del todo.

La caída del consumo explica el fenómeno para el 77,1% de los encuestados por CAFARA. También pesan la menor actividad en la construcción, el cambio en los hábitos de compra y el avance de la competencia informal.

El fenómeno no es exclusivo del rubro: algo parecido venimos observando en la debilidad del consumo minorista que marcó buena parte de este año, con menos gente dispuesta a gastar en compras no urgentes.

El comportamiento del comprador cambió de raíz. El 57,1% de los comercios detectó una baja en el ticket promedio: la tornillería y las fijaciones lideran las ventas, mientras que las herramientas eléctricas, las pinturas y los materiales de construcción retroceden con fuerza.

Las ferreterías de barrio, que representan el 72,9% del sector, muestran mayor capacidad de adaptación gracias a la venta fraccionada y los productos de alta rotación, un patrón que también atraviesan otros comercios de cercanía en Rosario.

La puerta de salida más citada por el propio sector es la digitalización. Los comercios que participaron activamente en eventos de venta online durante este año registraron subas de entre el 20% y el 35% en sus ventas.

El desafío no es menor: conviven en el mismo mostrador el vecino que busca un tornillo suelto y el comprador que compara precios desde el celular antes de decidir. Esa doble demanda obliga a repensar surtido, atención y logística al mismo tiempo.

El acceso al crédito aparece como otro nudo central. La falta de financiamiento es uno de los principales riesgos que identifica el propio informe sectorial, en línea con el reclamo de financiamiento que vienen planteando las pymes argentinas en distintos sectores.

La competencia informal, señalada por el 34,3% de los comercios, presiona todavía más los márgenes en un negocio que ya opera con rentabilidad ajustada.

Las expectativas están divididas: un 44,3% de los empresarios ferreteros espera una estabilización en los próximos meses, mientras que un 38,6% anticipa que la situación empeore.

El caso ferretero resume una tensión que atraviesa buena parte del comercio minorista argentino, algo que también vimos en otros formatos comerciales de Rosario golpeados por la macroeconomía.

La supervivencia depende cada vez menos del rubro específico y más de la capacidad de leer rápido los cambios de humor del consumidor.

La misma cámara que en 1905 reunió a comerciantes decididos a defender intereses comunes cumple hoy 121 años sosteniendo ese objetivo, aunque el desafío ya no es solo atender al vecino: es sobrevivir a un consumo que cambió de escala y de ritmo.

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