La banca tradicional decidió dejar de mirar desde afuera el crecimiento de las criptomonedas estables. Un grupo de 21 grandes instituciones financieras internacionales prepara una stablecoin vinculada al dólar, con lanzamiento previsto para el primer semestre de 2027.
Entre los participantes aparecen gigantes como Goldman Sachs, Bank of America, Citi y Deutsche Bank, en una iniciativa que marca un giro significativo para Wall Street: aquello que durante años fue considerado una amenaza para el sistema financiero comienza ahora a ser incorporado como parte de su propia infraestructura.
El proyecto contempla la creación de una compañía independiente que estará a cargo del desarrollo y la emisión del activo digital. En una segunda etapa, la iniciativa podría extenderse a otras monedas del G7, con el euro entre las principales candidatas.
Una moneda digital para mover dinero las 24 horas
La futura stablecoin buscará mantener la paridad con el dólar mediante reservas de activos líquidos. Su objetivo no sería solamente facilitar operaciones dentro del ecosistema cripto, sino convertirse en una herramienta para transferir fondos, liquidar operaciones financieras y realizar pagos internacionales mediante redes blockchain.
La apuesta apunta directamente a uno de los puntos débiles del sistema financiero tradicional: la cantidad de intermediarios y el tiempo que puede demandar una transferencia internacional.
Con blockchain, los bancos podrían mover valor de manera prácticamente inmediata y durante las 24 horas, reduciendo costos operativos y simplificando procesos de compensación y liquidación.
El verdadero negocio en disputa no sería solamente el de las criptomonedas, sino el de la infraestructura financiera global.
De Tether a los bancos: quién controla los dólares digitales
El crecimiento de las stablecoins convirtió a estas monedas en mucho más que una herramienta para los inversores cripto. USDT, emitida por Tether, y USDC, de Circle, dominan actualmente el mercado, gracias a una combinación de liquidez, adopción y conexiones con exchanges, billeteras y plataformas de pagos.
Para los bancos, ingresar a este mercado representa tanto una oportunidad como una necesidad estratégica.
Los emisores de stablecoins reciben dólares u otros activos a cambio de los tokens y mantienen reservas que pueden incluir efectivo, depósitos y títulos de corto plazo, especialmente bonos del Tesoro estadounidense. Los rendimientos obtenidos por esas reservas constituyen una fuente importante de ingresos.
Tether, por ejemplo, superó los US$180.000 millones en USDT emitidos y obtuvo alrededor de US$1.500 millones de ganancias por sus inversiones en bonos durante el segundo trimestre.
Para Wall Street, entonces, la discusión no pasa únicamente por crear una nueva criptomoneda: también está en juego quién se queda con una parte de un negocio financiero cada vez más importante.
El primer objetivo: los propios bancos
Aunque la palabra stablecoin puede hacer pensar en una moneda destinada al público general, la primera etapa del proyecto tendría un perfil mucho más institucional.
La iniciativa podría comenzar como una herramienta de compensación y liquidación entre bancos, antes de avanzar hacia otros segmentos.
Esto permitiría que las entidades participantes utilicen una infraestructura común para transferir valor entre ellas, reduciendo la dependencia de los mecanismos tradicionales de intermediación.
En ese escenario, la competencia no sería solamente contra Tether o Circle. También aparecería otro actor histórico en el centro de la disputa: SWIFT, la red utilizada por las entidades financieras para facilitar gran parte de las transferencias internacionales.
Blockchain vs SWIFT: pelea por la nueva infraestructura financiera
La posibilidad de realizar operaciones directamente sobre blockchain podría modificar el funcionamiento de las transferencias internacionales.
Actualmente, una operación entre dos bancos que no mantienen una relación directa puede requerir la participación de bancos corresponsales. Cada intermediario agrega procesos, costos y tiempos.
Una infraestructura basada en blockchain permitiría que las instituciones conectadas a la misma red puedan transferir y liquidar activos digitales sin reproducir necesariamente toda esa cadena.
Por eso, detrás del proyecto aparece una disputa mucho más profunda: qué tecnología utilizarán los bancos para mover dinero en el futuro.
La eventual stablecoin podría convertirse así en una pieza de una infraestructura financiera completamente digital, más que en un simple nuevo activo para comprar y vender.
El gran desafío: competir contra el efecto de red
Los bancos tienen una ventaja evidente: cuentan con millones de clientes corporativos, infraestructura financiera, sistemas de cumplimiento normativo y relaciones consolidadas con gobiernos e inversores institucionales.
Pero esas fortalezas no garantizan que una nueva stablecoin consiga adopción masiva.
Para competir con los líderes del mercado necesita algo más que respaldo institucional: deberá tener liquidez, facilidad de conversión, integración con exchanges y billeteras, presencia en distintas redes blockchain y una amplia aceptación entre empresas y usuarios.
La experiencia de otros bancos demuestra que entrar al mercado no es sencillo. Société Générale, por ejemplo, lanzó en 2025 una stablecoin vinculada al dólar, pero su circulación alcanzó apenas unos US$12,5 millones, una cifra pequeña frente a los gigantes del sector.
¿Por qué ahora?
El avance de los bancos se produce en un momento en que las stablecoins dejaron de ser un fenómeno exclusivamente cripto y comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante en los sistemas de pagos.
Además, el crecimiento del mercado y la evolución del marco regulatorio estadounidense modificaron los incentivos para las entidades tradicionales.
El movimiento también tiene un componente defensivo: los bancos buscan evitar que empresas tecnológicas, fintech y emisores de criptomonedas terminen controlando una parte cada vez mayor de la infraestructura mediante la cual circula el dinero.
En otras palabras, Wall Street no quiere quedarse fuera de la próxima generación del sistema financiero.
Una nueva batalla por el dinero digital
El lanzamiento previsto para 2027 todavía deberá atravesar desafíos regulatorios, tecnológicos y comerciales. Sin embargo, el aumento de participantes —el proyecto pasó de 10 bancos inicialmente involucrados a 21 instituciones— muestra que la apuesta ganó escala rápidamente.
La eventual stablecoin bancaria podría ser mucho más que una nueva competidora de USDT y USDC. Si logra consolidarse, podría convertirse en una herramienta para transformar la forma en que los bancos compensan operaciones, realizan pagos internacionales y administran liquidez.
La batalla, en definitiva, ya no es cripto contra bancos.
Ahora, los propios bancos quieren jugar dentro del terreno cripto y disputar el control de una infraestructura que puede definir cómo se mueve el dinero en la economía global durante los próximos años.

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