"El precio de la carne se está estabilizando y favorecerá el freno de la inflación"

Para el presidente de FIFRA, Daniel Urcia, se deberían computar a las otras carnes para que la medición sea más equilibrada y justa

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Tras varios meses de recomposición en los valores de la hacienda y de fuertes movimientos en los precios al consumidor, el mercado cárnico comienza a mostrar señales de estabilización. Desde la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) aseguran que esta tendencia podría contribuir a desacelerar la inflación en los próximos meses y reabren un debate de fondo: la necesidad de que la medición del índice de precios contemple también el comportamiento de las carnes porcina y aviar.

Según el análisis difundido por Daniel Urcía, presidente de FIFRA, los precios del ganado en el Mercado Agroganadero de Cañuelas vienen mostrando una moderación, mientras que en la primera quincena de abril el precio de la carne vacuna registró una variación de apenas 1%, un dato que, según la entidad, confirma una desaceleración luego del ajuste observado durante el verano.

Desde la industria consideran que este escenario podría quitar presión sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC), donde la carne vacuna tiene un peso significativo.

Menor impacto inflacionario

La lectura del sector es que, con los precios más estabilizados, la carne vacuna dejaría de tener la incidencia que mostró en meses anteriores sobre el indicador general. En ese marco, FIFRA insistió en que la evolución de los precios de la carne no puede analizarse sin considerar la dinámica previa de recuperación de los valores de la hacienda.

Al mismo tiempo, la entidad volvió a remarcar que el aporte de la industria frigorífica en la formación del precio final es reducido y puso el foco en la carga impositiva, que representa cerca del 28% del valor al consumidor, además de advertir sobre distorsiones generadas por operadores informales dentro del circuito.

Cambio en la matriz de consumo

Uno de los puntos centrales del planteo de FIFRA es que la medición de inflación debería reflejar con mayor equilibrio el comportamiento del conjunto de las carnes y no sólo el de la vacuna.

El argumento se apoya en el cambio estructural del consumo de proteínas en Argentina. Mientras el consumo de carne vacuna ronda los 44 kilos por habitante por año, el de carne aviar alcanza los 50 kilos y el de carne porcina se aproxima a 20 kilos por habitante. En conjunto, las carnes sustitutas ya superan ampliamente a la vacuna en participación dentro de la dieta.

Bajo ese enfoque, desde la entidad sostienen que incorporar con mayor peso a cerdo y pollo —que tuvieron una evolución de precios más moderada— permitiría una medición más representativa y, al mismo tiempo, reduciría la presión estadística sobre el negocio ganadero.

Faena bovina en baja y porcinos en expansión

El informe también advierte que la actividad de faena bovina continúa por debajo del año pasado, con una caída estimada del 8%, una tendencia que podría sostenerse durante 2026.

En contraste, la faena porcina muestra un fuerte dinamismo: creció 21,38% interanual, consolidando una expansión sostenida del sector y una mayor inserción en el consumo doméstico.

Para el negocio ganadero, este contexto configura un escenario dual: menor presión en precios, pero también menor volumen de actividad. Para los frigoríficos, el desafío pasa por sostener competitividad en un marco de costos elevados y demanda más sensible.

Señal para la cadena cárnica

Más allá del debate estadístico, la estabilización de precios aparece como una señal de alivio para los distintos eslabones de la cadena.

Para los productores, reduce la incertidumbre sobre una eventual corrección brusca del mercado. Para la industria, mejora el escenario de planificación. Y para el consumo, abre la expectativa de una menor presión sobre los precios minoristas.

En paralelo, el crecimiento sostenido de las carnes alternativas refuerza una tendencia que el sector viene marcando desde hace años: el negocio cárnico ya no puede analizarse sólo desde la lógica bovina.

Un debate que gana espacio

El planteo de FIFRA introduce además una discusión que podría ganar peso en el corto plazo: cómo adaptar indicadores económicos tradicionales a una nueva realidad de consumo.

Con una matriz proteica más diversificada, la discusión sobre cómo medir el impacto de los alimentos en la inflación empieza a exceder lo técnico para convertirse también en una cuestión sectorial.

Si la estabilidad de precios se consolida, el foco podría desplazarse desde la urgencia inflacionaria hacia debates más estructurales sobre competitividad, informalidad y representación estadística del negocio cárnico.

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