Las empresas agrícolas atraviesan una etapa de alta complejidad, donde las decisiones ya no dependen únicamente del resultado productivo. Con la cosecha todavía abierta en gran parte del país, los problemas climáticos, el aumento de costos, las dificultades logísticas y nuevas señales de incertidumbre financiera comienzan a redefinir la agenda empresaria del sector.
Según el analista y consultor Teo Zorraquin, las lluvias de las últimas semanas generaron fuertes demoras en la cosecha y comenzaron a provocar impactos desiguales según regiones. Mientras algunas zonas lograron sostener niveles aceptables, en otras aparecen pérdidas de calidad y volumen que ponen en duda el resultado económico final, incluso en un escenario de estimaciones productivas elevadas.
“Todavía hay muchas empresas cuyo número final no está cerrado”, advierte el consultor, al señalar que la campaña sigue abierta y que los márgenes pueden modificarse significativamente según cómo evolucione el cierre de cosecha.
Logística bajo presión
A la incertidumbre productiva se suma un frente operativo que volvió a complicar la dinámica del negocio: la logística.
El aumento de los fletes y el conflicto con transportistas generaron dificultades para movilizar mercadería en distintas regiones y afectaron particularmente la operatoria en puertos como Necochea. En un contexto de márgenes ajustados, estos sobrecostos y demoras dejan de ser un problema accesorio para convertirse en un factor central del negocio.
La ecuación es directa: mayores costos logísticos, pérdidas de calidad y retrasos en entregas impactan de lleno en la rentabilidad.
El frente financiero suma preocupación
En materia financiera, si bien las tasas de interés comenzaron a mostrar una baja, desde el sector consideran que el alivio todavía es parcial.
A eso se suma una preocupación creciente por el efecto de la apreciación cambiaria sobre los márgenes. La baja del tipo de cambio, combinada con costos que continúan ajustándose en dólares, empieza a erosionar competitividad tanto en empresas agrícolas como en actividades vinculadas al agro.
Más que el valor puntual del dólar, el problema aparece en el descalce entre ingresos y costos: producir sigue encareciéndose mientras la capacidad de capturar valor se reduce.
Urea cara y dudas sobre la próxima siembra
La mirada del sector empieza a correrse hacia la campaña 2026/27, donde ya aparecen interrogantes sobre las decisiones de siembra.
El aumento en el precio de la urea comenzó a reabrir cálculos en trigo y maíz, dos cultivos con alta dependencia del fertilizante. En varias zonas se evalúa reducir superficie o incluso migrar hacia cultivos alternativos.
Al mismo tiempo, comienza otra discusión clave: los arrendamientos.
Según Zorraquin, ya se observan posiciones encontradas entre propietarios y productores sobre valores de alquiler, una negociación que será determinante para la configuración de la próxima campaña.
Más defensivos que ofensivos
En este escenario, las empresas muestran una postura cada vez más conservadora.
El inicio gradual del clima político hacia 2027, aunque todavía lejano en términos electorales, empieza a incorporarse en las decisiones empresarias y comerciales. Esa combinación de incertidumbre económica y ruido político está fortaleciendo estrategias defensivas por sobre esquemas expansivos.
Administrar caja, cuidar capital de trabajo y preservar márgenes aparece hoy como prioridad.
Un negocio cada vez más atravesado por el riesgo
La conclusión que emerge es que el desafío para las empresas agrícolas dejó de ser exclusivamente productivo.
Clima, costos, logística, tipo de cambio y política conforman hoy un tablero más complejo, donde la gestión del riesgo gana centralidad.
Para muchas empresas, la campaña todavía no terminó. Pero aun mirando hacia adelante, el foco parece estar menos puesto en crecer y más en sostener rentabilidad en un contexto cada vez más exigente.

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