La decisión más difícil de un tambero: cerrar una historia para escribir otra

Durante casi tres décadas, el productor santafesino Jorge Longoni, estuvo al frente del tambo que había fundado su abuelo. Este año decidió cerrar una historia familiar que atravesó tres generaciones. No fue una despedida del campo, sino una reconversión: dejar la producción de leche para comenzar una nueva etapa en la ganadería de carne, sin alejarse nunca de los animales que marcaron su vida

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Después de tres generaciones dedicadas a la producción lechera en un campo de Humboldt, Jorge Longoni tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: cerrar el tambo familiar. No fue una renuncia al campo ni a los animales que lo apasionan desde siempre, sino una apuesta por reconvertirse hacia la ganadería de carne.

Entre la emoción, el desgaste y la necesidad de adaptarse a una nueva realidad, su historia refleja los desafíos que atraviesan muchos productores argentinos.

Cuando la cabeza le ganó al corazón

"No fue una decisión de un día para el otro", asegura Jorge Longoni. La idea comenzó a madurar durante meses hasta que una mañana de marzo, después de varios días de lluvia, llegó al tambo y sintió que había llegado al límite.

"Vi el barro, el desgaste de la gente, el esfuerzo que implicaba seguir así y dije: 'No, así no se puede continuar'".

El cierre del tambo significó bajar la persiana de una historia que había comenzado con su abuelo y que continuó luego con su padre. Desde 2005, Jorge quedó solo al frente del establecimiento ubicado en la zona rural de Humboldt, luego de la disolución de la sociedad que mantenía con su hermano.

Durante dos décadas sostuvo la actividad atravesando crisis económicas, sequías, excesos hídricos, cambios en las reglas del mercado y las permanentes dificultades de la lechería. Sin embargo, asegura que el problema que terminó inclinando la balanza fue otro.

La mano de obra, el desafío que cambió el escenario

Para Longoni, hoy la principal preocupación de un tambero ya no pasa exclusivamente por el precio de la leche.

"Antes uno se juntaba con otros productores y hablaba del precio de la leche o de la hacienda. Hoy el tema es la mano de obra".

Con casi tres décadas de experiencia al frente del establecimiento, sostiene que conseguir personal capacitado se volvió cada vez más difícil.

"Es un trabajo muy sacrificado. Son los 365 días del año y cada vez cuesta más encontrar gente preparada para hacerlo".

Ese desgaste cotidiano fue acumulándose hasta transformarse en una carga que terminó pesando más que la rentabilidad.

Una despedida con lágrimas y nuevos proyectos

Aunque la decisión fue difícil, Jorge nunca pensó en abandonar el campo. "Me gustan los animales. Eso no cambió nunca".

Después de analizar alternativas agrícolas, encontró una posibilidad aprovechando toda la infraestructura que ya tenía disponible. "Tenía pasturas, silo, rollos y pensé: ¿por qué no seguir con la ganadería?", se preguntó. Así nació el nuevo proyecto.

Postal de campo: dejar de producir leche, para pasar a producir carne. Una verdadera apuesta.

Vendió la mayor parte del rodeo lechero, aunque conservó unas treinta vacas para mantener ingresos mensuales mientras avanza en la transición. Paralelamente comenzará a desarrollar un planteo de recría y producción de carne, con la intención de incorporar genética Aberdeen Angus.

"No necesito tanta mano de obra y puedo seguir haciendo lo que me gusta: trabajar con animales."

Toda una vida alrededor de la leche

La historia de Jorge con la actividad lechera comenzó mucho antes de hacerse cargo del tambo.

De joven trabajó en carpintería, ayudaba a su padre en el campo y durante ocho años manejó camiones que transportaban leche. "Lo único que me faltó dentro de la cadena láctea fue trabajar en una industria", admite.

Ese recorrido también le permitió observar una transformación profunda del sector. Recuerda haber recorrido alrededor de 160 tambos cuando hacía reemplazos como transportista. Hoy estima que en esas mismas líneas quedan menos de cuarenta establecimientos.

"Vi cómo muchos tambos fueron desapareciendo cuando llegaron los tanques de frío y las exigencias empezaron a cambiar".

Reconversión sin romper con la historia

Lejos de considerar el cierre como un fracaso, Longoni lo entiende como una adaptación.

Incluso mantiene las instalaciones del tambo y no descarta, al menos desde lo técnico, volver algún día a producir leche.

"El capital queda. Las instalaciones quedan. Si algún día quisiera volver, podría hacerlo".

Sin embargo, reconoce que esa posibilidad hoy parece lejana. Prefiere mirar hacia adelante y enfocarse en una actividad que le permita seguir vinculado al campo con otra dinámica, menos demandante y más acorde a la realidad que enfrenta.

El tambo deja de funcionar, pero la infraestructura queda. Jorge mira para adelante sin olvidar sus raíces.

La pasión permanece

En un contexto donde cada vez más tambos desaparecen y la actividad enfrenta desafíos estructurales, la historia de Jorge Longoni no habla de abandono, sino de resiliencia.

Después de toda una vida dedicada a la producción lechera, eligió cambiar de rumbo sin perder su identidad.

Porque, aunque deje de ordeñar vacas, seguirá levantándose cada mañana para trabajar con animales. Simplemente, ahora escribirán juntos otra historia.

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