El crédito en pesos al sector privado experimentó en enero de 2026 un comportamiento dispar que refleja cautela tanto de los hogares como de las empresas frente al contexto de altas tasas y expectativas económicas. Según un análisis de First Capital Group, el saldo total de préstamos en moneda nacional tuvo un crecimiento nominal, pero al descontar la inflación proyectada se tradujo en una caída real del 1,8% respecto de diciembre de 2025.
Este resultado marca un enfriamiento de la actividad crediticia en pesos luego de períodos de expansión durante 2025, y se explica fundamentalmente por la contracción en la mayoría de las líneas de financiamiento tradicionales. Solo una categoría logró revertir este escenario: los créditos hipotecarios, que crecieron 2,1% por encima de la inflación estimada para el mes.
Líneas problemáticas
Las demás modalidades de crédito no lograron sostener el impulso. Los préstamos personales avanzaron levemente en términos nominales, pero prácticamente se estancaron en términos reales. Las tarjetas de crédito disminuyeron su actividad en el mes tanto nominal como real, y los créditos prendarios —destinados a bienes como automotores— también cerraron enero con números negativos ajustados por precios.
Este comportamiento está en línea con advertencias de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), que señaló recientemente un agotamiento de la expansión del crédito real hacia hogares y familias en los últimos meses de 2025, especialmente en las líneas de consumo y tarjetas.
En el segmento empresarial, los préstamos comerciales mostraron un crecimiento nominal moderado, pero también resultaron en una caída real mensual, reflejando que muchas empresas prefirieron reducir inventarios y cuentas por cobrar antes que asumir nuevo endeudamiento en pesos.
Contraste con el crédito en dólares
En fuerte contraste con el panorama en pesos, los préstamos en dólares tuvieron un desempeño sólido en enero, con un crecimiento mensual del orden del 7% y una expansión interanual todavía más pronunciada. Este movimiento se apoya en la preferencia por financiación en moneda extranjera vinculada al comercio exterior y expectativas de estabilidad cambiaria y tasas más bajas en comparación con las líneas en pesos.
Este inicio de año refleja un mercado crediticio bajo presión por las tasas de interés reales y el poder adquisitivo de los deudores, con señales de que el peso continúa perdiendo atractivo como moneda de financiamiento, mientras que los hipotecarios se mantienen como una excepción dentro del sistema.

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