Martín Redrado no niega los logros del equipo económico. Los reconoce, los pondera y después los pone en perspectiva. Y esa perspectiva, para el ex titular del Banco Central y director de Fundación Capital, no es precisamente tranquilizadora.
"Verano en lo financiero, invierno en lo productivo", resumió en una entrevista reciente. La frase captura con precisión el dilema que enfrenta la economía argentina a mitad de 2026: las variables financieras mejoran, el riesgo país bajó, el Banco Central acumula reservas, los bonos recuperaron valor. Pero la actividad real no termina de arrancar, y los motores que la impulsaron en 2024 están agotados.
El problema no es la macro: es que no hay macro de largo plazo
El diagnóstico de Redrado parte de una distinción que pocos hacen con tanta claridad: la diferencia entre un programa de transición y un régimen monetario y cambiario sostenible.
"¿Por qué no baja el riesgo país? Porque no hay un régimen monetario cambiario de largo plazo", señaló. Y agregó un dato que incomoda al oficialismo: la restricción cruzada que impide operar simultáneamente en el tipo de cambio financiero y el oficial es una señal de que el gobierno todavía no tiene definido adónde va en materia cambiaria.
Esto no es un tecnicismo. Para un empresario que quiere planificar una inversión a tres o cinco años, la pregunta central es cuál va a ser el tipo de cambio, qué va a pasar con el cepo y si el esquema actual tiene vida propia o depende de los dólares que entren del exterior. Mientras esa pregunta no tenga respuesta, la inversión se posterga.
La pared de vencimientos: el elefante en la habitación
Uno de los puntos más concretos de la entrevista fue la descripción de los compromisos financieros que vencen el año que viene: aproximadamente u$s27.000 millones entre amortizaciones de capital, pagos al FMI, vencimientos de los bonos reestructurados en 2021 y los BOPREAL.
"¿Dónde están los dólares para financiar esto?", preguntó Redrado, y la respuesta honesta es que todavía no se sabe. El gobierno emitió Bonares para cubrir parte, pero falta un tramo significativo. Y lo más preocupante: no hay un programa financiero explícito que muestre al mercado cómo se cierra ese número.
La recomendación de Redrado es anticiparse: salir a los mercados internacionales en el tercer trimestre de este año, antes de que la dinámica preelectoral de 2027 encarezca el financiamiento o lo haga directamente inaccesible. "Hay que prevenir la tensión cambiaria que históricamente aparece en períodos preelectorales", advirtió.
Los tres motores que no traccionan
Redrado utiliza un marco conceptual simple pero potente: una economía crece cuando empuja simultáneamente el consumo, la inversión y las exportaciones. El problema argentino es que ninguno de los tres está funcionando como variable de arrastre general.
El consumo está frenado por dos vías: los salarios vienen perdiendo contra la inflación durante los últimos siete u ocho meses, y el crédito —que fue el gran motor del rebote de 2024 cuando se duplicó del 6% al 12% del PBI— hoy enfrenta una morosidad elevada que pone a los bancos en modo defensivo.
La inversión está concentrada en energía y minería vía RIGI. Son sectores importantes, pero no alcanzan para mover el empleo formal en el conjunto de la economía.
Las exportaciones crecen en valor, pero el análisis fino muestra que las manufacturas de origen industrial que mejoran son básicamente oro y carbonato de litio. Cuando se los depura, las cantidades exportadas de manufactura industrial están estancadas.
El resultado es lo que Redrado llama "equilibrio parcial": hay sectores a los que les va bien, pero no hay derrame hacia el resto de la economía.
Una señal que los empresarios deberían leer
El ex titular del BCRA reveló un dato que habla de la situación real de las empresas medianas: desde marzo, su consultora recibe semanalmente solicitudes de asesoramiento para reestructurar pasivos. Empresas que tomaron deuda de corto plazo cuando las tasas eran más bajas y ahora no pueden sostener el costo financiero.
Lo relevante es la actitud de los bancos: en lugar de ejecutar, están dando cuatro años de plazo para que las empresas se acomoden. Eso evita que la morosidad explote en los balances, pero también significa que los bancos están en modo defensivo. Más ocupados en gestionar carteras problemáticas que en prestar plata fresca. Para cualquier empresa que necesite financiamiento para crecer, la conclusión es clara: el crédito bancario no va a ser el viento a favor que fue en 2024.
Las propuestas que el gobierno no quiere escuchar
Redrado no se limitó al diagnóstico. Planteó tres ideas que tienen sentido económico aunque sean políticamente incómodas.
La primera es una reforma impositiva antes que cualquier otra cosa. El gobierno gastó capital político en la reforma laboral cuando la prioridad tendría que haber sido bajar la carga sobre el trabajo registrado: el 18% que paga cada empleado en relación de dependencia sobre su sueldo bruto. Reducir esa alícuota aumentaría el consumo y reduciría la informalidad más que cualquier otra medida.
La segunda involucra al Fondo de Garantía de Sustentabilidad, el heredero de los activos de las AFJP. Redrado propone licitar en bloque las tenencias de acciones de empresas privadas que tiene ese fondo, con derecho preferente para el accionista mayoritario de cada empresa. El producido financiaría la transición hacia impuestos más bajos. Es una propuesta que requiere ley, pero que al menos merecería debate en el Congreso.
La tercera es más disruptiva: flexibilizar la norma que impide el descalce de monedas en el sistema bancario, permitiendo que cada banco preste en dólares a quien tenga capacidad crediticia para pagar, asumiendo ese riesgo con su propio patrimonio. El propio Redrado fue quien construyó esa restricción tras la crisis de 2001 y reconoce que proponer modificarla es contradecirse. Pero argumenta que el contexto es diferente: los depósitos en dólares crecieron con los blanqueos y esa plata hoy rinde poco porque solo puede prestarse a exportadores.
El sistema bimonetario: la apuesta de largo plazo
Quizás la propuesta más ambiciosa es la que Redrado llama "Uruguay Plus": un sistema bimonetario integral donde el dólar tenga curso legal para cualquier transacción, no solo como reserva de valor. Los precios se fijarían en ambas monedas y cada persona elegiría con qué pagar.
El argumento es práctico: con el 50% de la economía en negro, esperar que la bancarización resuelva el problema de los "dólares del colchón" es ilusorio. Si esos dólares pudieran circular legalmente en la economía real, aunque sea el 5% de los u$s200.000 millones estimados, estaríamos hablando de 10.000 millones de dólares entrando al circuito sin generar inflación.
Lo que viene: el test de 2027
Redrado es cauteloso respecto al año electoral. No descarta tensión cambiaria, pero tampoco la da por inevitable. La clave, dice, es si el gobierno llega con reservas suficientes como para defender las bandas cambiarias sin depender de un prestamista de última instancia externo.
Y ahí aparece una incógnita que pocos mencionan: ¿está disponible ese respaldo? Las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre podrían dejar a la administración Trump en una posición más débil para intervenir en favor de Argentina si hubiera una corrida. El Fondo Monetario, por su parte, es históricamente reticente a usar sus recursos para defender un tipo de cambio.
"Si lo ven con pocos dólares, el mercado te va a pulsear", advirtió. La estrategia para evitarlo es una sola: acumular reservas ahora, abrir el mercado internacional en el segundo semestre y no llegar al techo de la banda por sorpresa.
El diagnóstico de Redrado no es el de alguien que quiere ver fracasar al gobierno. Es el de alguien que conoce los mecanismos y ve que el programa funciona en algunos planos pero tiene flancos abiertos que pueden volverse críticos si no se atacan con tiempo. Para los empresarios de la región, la lectura práctica es directa: el contexto financiero mejoró, pero la demanda agregada no va a recuperarse sola. Quien espere que la macro se derrame hacia su sector va a esperar más tiempo del que anticipa.

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