En el deporte profesional, cada detalle cuenta. La preparación física, la alimentación, el descanso y el seguimiento médico forman parte del engranaje que sostiene el rendimiento y previene lesiones en los jugadores y atletas. Pero un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Rosario propone mirar un factor que muchas veces queda fuera de ese radar: la salud bucal.
A partir del análisis de jugadores profesionales, los investigadores encontraron una correlación entre la denominada enfermedad periodontal y la aparición de lesiones musculares, que vino a corregir el viejo mito de que eran las caries las culpables de ciertos problemas físicos de los deportistas.
“Antiguamente se pensaba que jugadores con caries en la boca eran más propensos a sufrir desgarros musculares. Hoy se supo que no es tan así, sino que se enfoca más en la enfermedad periodontal. Esta es una infección bacteriana que se genera en las encías por mala higiene bucal, apiñamiento en las piezas dentarias o retención de cierta cantidad de placa bacteriana, y que afecta a los ligamentos que sostienen al diente y al hueso. Esos microorganismos generan inflamación en las encías, produciendo una destrucción a nivel periodontal, de ligamento y óseo. Y pueden impactar en lesiones musculares”, explicó el odontólogo Damián Testoni en diálogo con Punto Medio (Radio 2).
Cómo una inflamación en la encía puede afectar al músculo
El trabajo fue realizado por un equipo integrado por el propio Damián Testoni junto a Silvana Beatriz Rosso, Conrado Borgatello, Soledad Viani, Judith Palomino, Janina Mateu Gagliardi, Ada Karina Molinas y Héctor Masía. Según descubrieron, la clave del fenómeno está en el proceso inflamatorio que se genera en la boca y que, a través del torrente sanguíneo, puede perjudicar a otros tejidos del cuerpo.
“Todos estos sistemas de inflamación que se producen en la encía, las interleuquinas o factores de necrosis tumoral, que son producto de la inflamación, van por el torrente sanguíneo y atacan directamente a las fibras musculares produciéndoles una fatiga, lo que hace que al recuperarse pierda esa capacidad de absorción de energía y quede más susceptible a la lesión. Todo ese caminito que va haciendo el proceso inflamatorio va directamente al músculo”, detalló Testoni.
Ese mecanismo biológico es el que podría explicar por qué algunos deportistas presentan una mayor propensión a sufrir lesiones o incluso a tardar más tiempo en recuperarse.
“Nosotros medimos con cuádriceps, aductores y gemelos, pero el resultado que nos arrojó fue en general. Siempre que sea un músculo sometido a una fuerza y resistencia puede sufrir una descompensación, una fatiga que se traduzca en lesión muscular. Pero además, en un deportista que viene con una lesión, puede retardar la recuperación de esa fibra muscular”, agregó.
Cómo se hizo el estudio
La investigación se desarrolló con jugadores profesionales de primera división y combinó evaluaciones odontológicas con mediciones físicas y análisis microbiológicos.
“Lo trabajamos con jugadores profesionales. Nos dieron entre 18 y 30 jugadores de primera división. Nosotros evaluamos el estado periodontal, qué tipo de restauraciones tenían, si usaban ortodoncia y si tenían caries. También les hicimos un test de saliva que nos iba a dar lactato, cortisol e interleuquinas; trabajamos con profesionales microbiólogos que analizaron las bacterias que había en esa zona, y con los preparadores físicos de los planteles que nos dieron todos los tests de fuerza y resistencia. Sumado todo esto llegamos a la conclusión de que los jugadores que tenían más lesiones en un corto período eran los que tenían más alteraciones en la boca. La correlación entre el mal estado bucal y la presencia de lesiones era clara”, señaló.
El trabajo retoma una línea de investigación que había tenido antecedentes en el deporte internacional, aunque con diferencias metodológicas. “Al principio se había estudiado en Nueva Zelanda, con jugadores de rugby. Pero a ellos les dieron una encuesta para que cada jugador llene: no era un estudio puntilloso. Acá medimos a cada jugador, cada diente, cada encía y se hizo bien específico. Y lo podés aplicar a cualquier disciplina, siempre que se trate de atletas de alto rendimiento que exijan el músculo y evitar que se fatigue”, explicó Testoni.
Una pieza que podría sumarse a los planteles
A partir de estos resultados, el estudio abre una pregunta práctica para los equipos deportivos: si la salud bucal puede influir en las lesiones musculares, tal vez deba formar parte del seguimiento habitual de los planteles.
“Incorporar un odontólogo en el plantel puede ser muy importante", señaló Testoni. Pero el seguimiento, explicó, no depende sólo del control profesional, sino también de la higiene cotidiana y de ciertas condiciones dentales que favorecen la acumulación de placa bacteriana.
“El control dependerá de la higiene de cada jugador y de las intervenciones en la boca. Si tiene varias coronas y eso hace que retenga placa bacteriana, limpiar la placa se debería hacer cada tres meses. O pacientes con ortodoncia con brackets, que retienen mucha placa bacteriana, también debería hacerse una higiene bucal cada tres meses”, indicó.
La enfermedad periodontal suele comenzar con señales que pueden pasar inadvertidas o minimizarse: “Al principio comienza como una hemorragia, sangrado de encía. Eso se llama gingivitis. Una vez que avanza, produce la enfermedad periodontal. Uno puede ver que la encía se baja, lo que se llama recesión de encía; que la pieza dentaria se empieza a mover, porque al destruir el soporte óseo y el ligamento periodontal que une el diente con el hueso puede haber un cierto grado de movilidad; mucha sensibilidad al tomar agua caliente o frío. Esos son indicadores de una enfermedad periodontal, además del control con el odontólogo”, describió Testoni.
Las causas suelen estar asociadas a la higiene o a ciertas características de la dentadura que dificultan la limpieza: "Puede ser consecuencia de mal cepillado, pero también del apiñamiento de las piezas dentarias o por acumulación de placa bacteriana. Uno recomienda buena higiene, porque si uno tiene una buena higiene no tendría por qué tener la enfermedad”, explicó.
Un campo de investigación que recién empieza
El trabajo realizado por el equipo de la UNR no siguió la evolución de los jugadores a lo largo del tiempo, pero sí logró establecer una relación entre el estado de la boca y la frecuencia de lesiones.
“Una de las cuestiones a trabajar es que los clubes implementen este sistema para poder hacer un seguimiento. A partir de una evaluación física, ver cómo rinde y cómo está con la salud bucal. En el estudio nosotros no llegamos a hacer un seguimiento prolongado, sí demostrar que los que tenían más lesiones tenían enfermedad periodontal. Estaría bueno que se pudiera seguir durante un lapso mayor”, indicó Testoni.
Más allá del deporte, el odontólogo remarcó que los procesos inflamatorios asociados a la enfermedad periodontal pueden tener consecuencias en distintos sistemas del organismo. “En ese viaje que hace la infección, puede generar otras complicaciones: quienes tengan un problema cardíaco, una malformación o problema de base también puede alterar en alguna parte física”.
La boca, en ese sentido, no es un sistema aislado. Y lo que ocurre en las encías puede terminar impactando mucho más lejos de lo que uno podría imaginar.



