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Aceite de krill: alternativa saludable para los que no comen pescado

El suplemento dietario considerado la mejor fuente de Omega 3 acentuó su buena fama a partir de que el Papa Francisco empezara a consumirlo. Nutricionistas admiten sus bondades, pero instan a ingerir alimentos naturales que lo contienen, en vez de comprar las cápsulas

 

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Ya nadie discute las propiedades del aceite de krill que los nutricionistas recomiendan a algunos pacientes. El krill es un pequeño crustáceo de 3 a 5 centímetros de longitud (parecido al camarón) del que se extrae un aceite que mejora la memoria, evita el deterioro cognitivo, genera vitalidad, previene enfermedades cardiovasculares y disminuye los niveles de hipertensión. Aquí, los detalles del suplemento dietario que además de contar con muy buena prensa, tiene al Papa Francisco entre sus adeptos. Según se sabe, desde 2013, el Pontífice consume una cápsula diaria, con el desayuno.

El pequeño crustáceo encierra múltiples beneficios.

“Estamos en la era del desarrollo de productos alimenticios que se encuentran dentro de la categoría de alimentos funcionales. Se consideran así a los alimentos que además de nutrirnos, tienen un aditivo, un plus. En el caso del aceite de krill, ese plus está constituído por dos ácidos grasos: el EPA (ácidoácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico)”, explica en diálogo con Rosario3.com, la directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Maimónides, Marcela Leal.

El Omega Smart Super Krill está formulado a base de aceite concentrado extraído de krill y actúa como un poderoso antioxidante que ayuda a aumentar la vitalidad natural. Su composición también puede encontrarse en algunos alimentos no procesados, por lo que los especialistas recomiendan empezar por ingerirlos, en vez de recurrir a los suplementos dietarios.

“A edades tempranas, se trata de incorporarlo a través de la alimentación habitual, es decir en forma de alimento y no de medicamento, por ejemplo por medio del consumo de pescados azules y de aguas profundas, como arenque, salmón, atún, caballa, pez ángel, gatuzo. Recomiendan ingerir una porción de 250 gramos cinco veces por semana.

Entre las fuentes de origen vegetal, la que mayor concentración de Omega3 aporta es la Salvia Hispánica, comúnmente conocida como chía.

“El problema es que la mayoría de la población (adulta e infantil) no está acostumbrada a comer pescado con la frecuencia que debería hacerlo”, señala Leal, y explica que el suplemento se desarrolló luego de realizar una investigación sobre la salud de los esquimales quienes presentaban muy pocas patologías cardiovasculares. Cuando se analizó su alimentación, se comprobó que esta población consumía grandes cantidades de pescado que tienen estos ácidos en su composición”.

El Omega 3 es un nutriente indispensable para el organismo, muy beneficioso para el corazón. Se caracteriza por ser antiinflamatorio y anticoagulante; disminuye los niveles de colesterol y triglicéridos y baja la presión sanguínea.

Pero estos ácidos grasos también pueden reducir los riesgos y síntomas de otros trastornos como diabetes, accidente cerebro vascular, artritis reumatoidea, asma, enfermedad intestinal inflamatoria, colitis ulcerativa y deterioro mental.

El aceite de krill se comercializa en Argentina bajo la marca CapsKrill. El precio de la caja de 24 cápsulas (se toma una por día) cuesta alrededor de 500 pesos y el criterio para prescribirlo se ajusta a la particular necesidad de cada paciente.

“La indicación es muy individual, en función de los factores de riesgo que tiene el paciente. Por eso, a la hora de evaluar la relación costo-beneficio, siempre decimos que es más barato comprar merluza que cápsulas de aceite de krill. Ahora, si el paciente es consciente de que no comerá pescado en la proporción necesaria, por más que se lo proponga, es mejor que incorpore el suplemento dietario, ya que las patologías que previene son muchas, y una vez instaladas, le resultarán mucho más costosas que actuar de manera preventiva”, afirma la especialista.

Un estudio publicado en el Journal of Agricultal and Food Chemistry sostiene que el aceite de krill reduce el colesterol un 30 por ciento y contribuye en tratamientos para la hepatomegalia, la esteatosis hepática y la hipercolesterolemia.

No obstante, Leal advierte que el suplemento dietario aceite de krill no reemplaza ni sustituye ninguna medicación que el paciente esté tomando bajo prescripción médica, ya que el tenor de ácidos grasos que contiene es muy pequeña. “Cuando se llega al medicamento es porque el médico lo considera necesario. Esto es sólo un suplemento”, aclara.

En relación con la combinación de este suplemento dietario con los alimentos, la nutricionista indica que “no se registran interacciones contraproducentes. “Lo beneficioso del aceite de krill es que viene en cápsulas que se liberan y absorben directamente en el intestino delgado. Eso impide que cualquier alimento tome contacto con los ácidos grasos contenidos en la cápsula y dificulte o impida su incorporación al organismo”.

 

 

 

 

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