La obesidad infantil ya no se entiende únicamente como una cuestión de alimentación o falta de ejercicio. Especialistas en pediatría y nutrición insisten en que se trata de una problemática compleja, influida por factores genéticos, emocionales, sociales y familiares, que debe abordarse sin culpas ni estigmas.

Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) remarcan que el foco no debe ponerse en el peso del niño o la niña, sino en promover hábitos saludables dentro de toda la familia. El objetivo es evitar que el menor crezca con una mala relación con la comida o con su propio cuerpo.

El pediatra Julio Álvarez, integrante del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, explicó que hoy se sabe que la obesidad tiene un importante componente genético y multifactorial. “La idea simplista de que todo se reduce a comer menos y moverse más ya quedó atrás”, sostuvo.

Además, alertó que muchos chicos con obesidad sufren discriminación, ansiedad o acoso escolar, situaciones que pueden derivar en trastornos de la conducta alimentaria. Por eso, los especialistas recomiendan dejar de lado términos como “gordito”, “rellenita” o frases que puedan resultar estigmatizantes.

En ese sentido, los profesionales destacan que incluso desde los consultorios médicos cambió la forma de abordar el tema. Antes era habitual señalar el exceso de peso de manera directa o culpabilizar a las familias. Ahora, el enfoque apunta a conversar con respeto, escuchar y acompañar sin juzgar.

La nutricionista Cristina Porca, vocal de la SEEDO, señaló que prohibir alimentos tampoco ayuda. Según explicó, lo importante es limitar el consumo de productos ultraprocesados o poco saludables, pero sin convertirlos en algo “prohibido”, porque eso puede generar más ansiedad o culpa alrededor de la comida.

Los especialistas coinciden en que los cambios deben involucrar a toda la familia. Preparar comidas distintas para un niño con obesidad o ponerlo “a dieta” mientras el resto come diferente puede terminar generando aislamiento y frustración. En cambio, recomiendan llenar la casa de alimentos nutritivos y naturalizar hábitos más saludables para todos.

También remarcan que la alimentación no es el único factor. Dormir bien, hacer actividad física en familia y limitar el uso de pantallas son aspectos clave. Comer frente al celular o la televisión, advierten, favorece una peor alimentación y también puede aumentar problemas emocionales como ansiedad o depresión.

Fuente: EFE.